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11 de mayo de 2008

El cáncer del movimientismo

Como los pueblos, por más estúpidos que parezcan, no se suicidan alegremente, intuyo que lo que está sucediendo en la Argentina es un hecho de mucha mayor profundidad de la que suponemos; si comprendemos acabadamente cual es el motivo de nuestros males y actuamos con serenidad y lucidez podemos estar ante el fin de un ciclo agotado y nefasto de la vida de nuestro país.

Por eso, me parece importante tener en cuenta lo que se dice en esta entrevista del Presidente del CADAL a Héctor Leis, profesor argentino residente en el Brasil.

"Lo que hoy vemos en la Argentina , como temas que no se resuelven y se repiten cíclicamente, de alguna forma yo lo había percibido cuando volví al país, aunque no tuviera entonces la claridad que tengo hoy sobre lo que estaba pasando. La intuición que tuve era que nuestro país tiene una fuerte tendencia a vivir en el pasado, buscando lo que nos separa, en vez de lo que nos une. Las raíces de este problema son antiguas, probablemente comienzan en el siglo XIX con una guerra civil mal resuelta entre unitarios y federales. Pero las principales raíces de este problema están en el siglo XX, donde el drama se encarna en el peronismo, que es un movimiento que ha producido ciclos de diferente signo ideológico en la vida política argentina en los últimos 60 años, yendo pendularmente de la derecha para la izquierda, haciendo que cuando él no gobierna nadie gobierna y cuando él gobierna las cosas salen bien en el primer momento y después salen muy mal, siendo obligado a retirarse de una forma u otra. Y esto no es una especie de retórica, el peronismo aparece cíclicamente para salvar al país de los males que él mismo produjo en el ciclo anterior. El peronismo tiene la paradojal capacidad de salvar primero al país para después volver a hundirlo. Los ciclos en la historia argentina existen porque los problemas de fondo nunca se resuelven definitivamente, porque la política de los principales actores no apunta a crear una comunidad política e instituciones para la república. Estos ciclos expresan la dificultad de los líderes argentinos de pensar antes en las necesidades institucionales y jurídicas de la nación, que en las necesidades de su propio liderazgo. Por eso en la Argentina los problemas coyunturales y sectoriales siempre vienen acompañados por problemas de fondo que los agravan de forma impensada. De hecho, el conflicto actual con el campo sería perfectamente negociable sino fuera por los obstáculos creados por los Kirchner, con el objetivo de transformarlo en un conflicto del todo o nada. Detrás de este conflicto lo que apareció es un problema mayor: la incapacidad de pensar la Argentina como una comunidad política integrada, de pensar que cuando hay diferencias o conflictos de intereses ellos deben procesarse de tal modo que después todos puedan seguir empujando juntos el país. Pero si cada vez que aparece un problema alguien dice que hay que matar a los que están del otro lado, y el gobierno apenas ve su legitimidad en términos de la cantidad de masas que consigue movilizar en la Plaza de Mayo, en cada coyuntura se acaba poniendo en juego el destino de la nación. Eso implica un uso perverso de la política. Todavía no está olvidado el drama generado por la división de unitarios y federales, o el de peronistas y antiperonistas, ni mucho menos el de las guerrillas con las Fuerzas Armadas, y a todo eso pareciera que se quiera potenciar ahora un nuevo drama: el de piqueteros ricos contra pobres, o el de oligarcas contra las masas. Pero aquí no importa tanto los nombres que reciben los actores en conflicto, lo que importa es que la política argentina parece especializarse en crear cíclicamente enemigos irreconciliables. O sea, la política de tratar al otro como enemigo es siempre más poderosa que la de tratarlo como amigo. Los países se construyen sobre lazos de amistad e identidad entre sus miembros que van más allá de las diferencias. Los actores tienen conflictos de intereses y la gente se pelea y a veces los pueblos pueden llegar hasta una guerra civil, como fue el caso de los Estados Unidos, por ejemplo. Pero cuando concluye la violencia, la política no es dirigida a aumentar el resentimiento entre las partes, sino a curar las heridas y a pensar en el futuro. Pero esto no ocurre en la Argentina."

2 comentarios:

Cogito Argentum dijo...

amen

Max dijo...

Muy bueno. Yo agregaría otra variable de analisis que para mi completa el esquema: la incapacidad de ver las diferentes funciones sociales de los individuos como igualmente dignas. El peronismo promueve una igualdad nominal, en la cual todos tendríamos que tener el mismo sueldo, la misma autoridad y la misma función. No acepta que cualquier equipo funcional necesita miembros con distimtas funciones. Cuando lo efectivo sería considerar igualmente digno a cada jugador que desempeñe su rol especifico correctamente, el peronismo dice que mientras alguien te de ordenes o alguien gane mas que vos, alguien te está cagando. Esta relación de igualdad de todos los "compañeros" produce la ilusión de una piramide de poder plana por la que todos los "compañeros" estan a un paso y en una relación practicamente íntima con el "líder".
Esto configura un poder altamente cerrado y sólido, pero lo peor es que atenta directamente cotra cualquier estructura orgánica que requiere actores con funciones diferentes, siendo la empresa económica el ejemplo perfecto ya que obviamente necesita aportantes de capital, jerarquias de autoridad, mano de obra de diferentes calificaciones, y todo eso choca estrepitosamente con el concepto de igualdad peronista.