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7 de enero de 2009

La patraña del islamofascismo


El carácter militar o civil de una persona o lugar estriba en su finalidad. Una persona cuyo objetivo es hacer la guerra es un combatiente; una instalación cuya finalidad sea hacer la guerra es una instalación militar. A Hamás no se le puede exigir que evite las bajas entre sus civiles. Pero sí se le debe exigir que haga todo lo posible por evitarlas. Evidentemente no es así, y a nosotros no nos coge de sorpresa, aunque algunos fingen indignación. En Gaza, un médico que esconde bajo las camas de su hospital un arsenal no es un civil, es un combatiente disfrazado de civil, que es algo muy distinto y bastante más repugnante; y un maestro que utiliza las aulas con fines militares es un combatiente. Que utilice mujeres y niños –con o sin su consentimiento o conocimiento– no lo hace un civil, sino un combatiente que utiliza a los suyos militarmente involucrándolos en el conflicto y haciéndolos parte de él.

El caso de Hamás es de una aberración inhumana. Desde hace veinte años se marca como objetivo el asesinato de israelíes de toda condición, militares o civiles. No sólo no tiene interés en diferenciar entre combatientes y no combatientes, sino que siendo éstos últimos un blanco más fácil, no duda en dirigir sus ataques contra ellos. Pero lo malo no es que Hamás busque aniquilar a los civiles que considera sus enemigos. Lo malo es que busca deliberadamente borrar esta distinción entre los propios palestinos, entre aquellos que están a su cargo, lo que constituye un crimen de lesa humanidad.

Un edificio que almacena armamento, donde se preparan ataques y desde el que se lanzan cohetes y morteros contra el enemigo es una instalación militar, por mucho que un letrero en la puerta diga "escuela". Lo mismo puede decirse de viviendas, hospitales y mezquitas. Un edificio cuya finalidad es rezar es una mezquita; un edificio cuya finalidad es curar enfermos es un hospital; un edificio cuya finalidad es albergar a una familia es una vivienda. Deben ser intocables. Pero un edificio utilizado para lanzar cohetes, preparar ataques y almacenar armas es una instalación militar, aunque en la puerta cuelgue el letrero de "mezquita", "hospital" o "vivienda". Lo civil no es lo que uno dice que es civil, sino lo que es ajeno a lo militar, que es bien distinto. Un cuartel militar pintado de rosa no deja de ser un cuartel militar.

GEES.
Las mentiras del terrorismo son aceptadas y repetidas mansamente por millones de personas en el mundo; cuando los que compran esa información y la desparraman como si fuera la buena nueva son personas con veleidades intelectuales, no tengo dudas de que se trata de casos de manifiesta mala fe.

5 comentarios:

Pablito dijo...

Este canallesco recurso de los escudos humanos ya lo había practicado Saddam Hussein,
instalando baterías antiaereas en hospitales y escuelas, o sea que se podía anticipar.

Israel no advirtió anticipadamente lo suficiente a la comunidad internacional sobre esta práctica,

habida cuenta que tenía informacion sobre los sitios de lanzamiento y ahora en medio de la batalla tiene que estar explicando la razón de los efectos colaterales.
Las batallas también se libran hoy en los medios.

Raquel Reznik dijo...

Bueno, la batalla en los medios hace rato que la perdimos, así que vamos a dedicarnos a ganar la otra.

Pablito dijo...

Israel no puede conceder esa ventaja mediática a un enemigo perverso como Hamas.

Esto ha sido un descuido de la diplomacia Israelí.

La batalla de Israel contra Hamas es una parte de la batalla de occidente contra el terrorismo.

tatiana dijo...

la batalla en los medios la dejaremos perder si seguimos que tipos fascistas sigan sin ser contestados en la red.
Hoy pasé por www.jugodeladrillo.blogspot.com y no puedo creer tanta boludez. pero hay mucha gente que se deja engañar por pseudointelectuales como este

Victor dijo...

A esta altura creo que se trata de deshonestidad grave, mala leche. Es muy complicado porque de ahi no se vuelve a través de la razón.