
Hoy se pondrá en marcha uno de esos diálogos que, de ordinario, lanzan los gobiernos en problemas con el objeto de ganar tiempo y, de ser ello posible, retomar la iniciativa. En general resultan intrascendentes más allá de los aspavientos con los que son anunciados y de las expectativas desmedidas que despiertan en la gente del común.
El oficialismo de turno siempre ha apelado al expediente, sabedor de la aceptación que suscitará en las filas del arco opositor su propuesta. Porque nadie invitado a un convite de este tipo niega su presencia. Aún cuando los participantes sepan de antemano cuáles serán los resultados de sentarse a conversar vaguedades, de todas maneras, por razones de concesión política, nunca en nuestra historia reciente le han dado la espalda a un llamado así. Salvo ahora. La UCR, la Coalición Cívica y Francisco de Narváez están en duda y no son poca cosa.
Vicente Massot.
Como no tiene miedo de quedar como aguafiestas, Elisa Carrió no va.




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