
Cuando escuché hablar por primera vez de
Wikileaks pensé que era como
Wikipedia. Pero era referido a la transparencia de los gobiernos. Así lo ven algunos. Después se supo que se había infiltrado en el Gobierno norteamericano revelando detalles de la Guerra de Irak, entre otras cosas. Dejando al descubierto que si existían armas de destrucción masivas en Irak y como muchos columnistas conservadores liberales norteamericanos habían denunciado, es que las armas pasaron a Siria. Por eso no las encontraron. Lo anterior, probó que la prensa no quiso darle la razón al ex el presidente George W. Bush., ni menos el progresío.
Este problema que tiene el gobierno norteamericano nos ha permitido mostrar la hipocresía de varios actores. El primer hipócrita es el propio dueño Wikileaks, Julian Assange, quien horas antes de revelar información prohibida anuncie a los medios que
“Wikileaks denuncia ataque a su web a horas de revelar información”. Nos muestra el carácter de ese ser humano. Si uno escribe “
Wilileaks denuncia ataque” en el buscador Google aparecerá 890.000 resultados en 0,39 segundos. En cambio, si uno escribe “
Wikileaks anuncia ataque” aparecerá 1.020.000 resultados en 0,27 segundos. Ayer, martes de nuevo Wilileaks anuncia a los medios que
“Wikileaks sufre nuevo ataque informático en sus sistemas”. Pobrecito. ¿Quién querría hacerle daño a un ser humano tan desinteresado? Él, un joven idealista como los guerrilleros y terroristas izquierdistas de América Latina. El señor Julian Assange en la práctica atacó a los Estados Unidos al revelas cables diplomáticos, entre otras cosas. Afortunadamente, no se le ocurrió a Assange y a sus hackers inhabilitar los servicios básicos de esa nación, tal como lo muestra la última película de
“Duro de Matar 4.0”. Por tanto, él no puede quejarse que el Gobierno norteamericano intente entrar a su sitio por la malas. También hay que agradecer que Julián esté en nuestra época y en la Segunda Guerra Mundial, pues probablemente le estaría anunciado a los nazis el día del desembarco en Normandía.
Acto seguido, está la hipocresía de los medios, que actúan conforme a sus intereses ideológicos. El escritor
Eduardo Labarca , quien fue el encargado de falsificar las Memorias del general Prats por orden del Partido Comunista, hace una analogía con el impacto entre los
The Pinochet File publicados por el norteamericano Peter Kornbluh sobre la intervención de Nixon contra Allende. Hay que decirlo una vez más, Labarca como Mónica González nunca admitirán que la ciudadanía derrocó a Allende y no la CIA. Labarca habla de “impacto” tanto para los archivos Kornbluh como los de Wilileaks. Sin embargo, eso es relativo. Como contrapunto, cuando fueron publicados en 1999
Archivo Mitrokhin , por Vasili Mitrojin y Christopher Andrew poco o nada se dijo. El primero fue un espía que escapó al Reino Unido y el segundo es un historiador. Ese archivo probaba que en realidad la KGB tenía sus tentáculos en varias partes. Ahora bien, si uno escribe “Archivo Mitrokhin” en el buscador del Emol, encontrará dos artículos:
uno del propio periódico y el otro es una columna de ex parlamentario y
escritor Hermógenes Pérez de Arce fechada el 5 de octubre del 2005, en que denunciaba que Allende era un agente de la KGB. ¿Qué ocurrió en el país? Nada. El primer ciudadano de la República era un espía, que trabajaba para una superpotencia, que no era, precisamente, una democracia liberal. Hasta ahí llegó el impacto. Ni los medios tildados de ‘derecha’ por la izquierda, escarbaron más con reportajes, pudiendo entrevistar al propio Mayor Mitrojin. En cambio, si es de la CIA, hasta los parlamentarios comentan.
La hipocresía diplomática va continuar al revés de lo que piensan que habrá un antes y un después de las revelaciones, ya que es tan antigua como la prostitución.