
Van saliendo a la luz aspectos de la relación del PSOE con el terrorismo vasco.
Según el ABC de hoy, el diario Gara informó sobre las reuniones mantenidas por representantes del gobierno y los terroristas de ETA. Esos encuentros se habrían iniciado antes de que ETA anunciara el alto el fuego permanente el día 22 de marzo de 2006.
"El periódico de la izquierda abertzale añade que estos «encuentros oficiales se suman a las numerosas negociaciones desarrolladas entre representantes de ETA y el Gobierno español antes de que la primera decretara el alto el fuego en marzo pasado, reuniones que dieron como resultado los acuerdos en los que se ha sustentado el proceso».
"Insiste el mencionado diario vasco en que los los encuentros que han tenido lugar desde el pasado marzo dieron continuidad a los habidos ya antes del alto el fuego y que permitieron alcanzar una serie de compromisos y garantías para desarrollar el proceso». Según explica Gara «lo pactado recogía, además del reconocimiento de Euskal Herria, el compromiso del Gobierno español de respetar las decisiones de los ciudadanos vascos. Los acuerdos concernían al futuro de los ciudadanos de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra, y se establecía que los acuerdos políticos debían alcanzarse entre los partidos y agentes vascos».
Añade el rotativo abertzale que el Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero «se comprometía también a aceptar sin ninguna limitación el contenido del acuerdo político alcanzado entre las formaciones vascas, y se establecía que la legislación vigente no sería una limitación a la voluntad del pueblo vasco, sino garantía de su ejercicio. El Gobierno adquiría también el compromiso de lograr un pacto de Estado basado en esos principios».
Compromisos del Ejecutivo
Asimismo, y siempre según la versión de Gara, el Ejecutivo «se comprometía a cumplir una serie de garantías: la disminución de la presencia policial, así como la desaparición de presiones policiales; el respeto "de facto" de la actividad política de las organizaciones de la izquierda abertzale, en igualdad de condiciones al resto de formaciones y sin limitaciones de derechos; y que no hubiera detenciones por parte de los diferentes cuerpos policiales».
Como contrapartida a la negociación, «ETA se comprometía a decretar un alto el fuego permanente, y a no realizar acciones de abastecimiento de armas ni explosivos».
Como es lógico, la prensa adicta al gobierno no mecionan la noticia.
El País publica una entrevista al presidente quien con su desparpajo habitual habla de los éxitos de su gestión.
P. A estas alturas, parece superfluo preguntarle por la posibilidad de una entrevista con el presidente Bush. Usted siempre dice que las relaciones bilaterales funcionan pese a ello. Pero en política exterior, los gestos y los símbolos también son importantes.
R. He estado hace poco con el presidente [George] Bush en la cumbre de Riga, y tengo que reconocer que, en fin, lo digo en el tono más positivo posible, que estuvo extraordinariamente amable y cordial conmigo. Pero es verdad que yo tomé una decisión, que fue cumplir fielmente la voluntad mayoritaria del pueblo español: retirar las tropas de Irak. Si esa decisión -que es el origen de no haber tenido una relación ni un encuentro con el presidente Bush- es la causa, es una causa bien democrática, bien justa y que, por supuesto, no representa ningún problema. El presidente Bush ha decidido mantener esa posición, por lo que fue mi decisión. Bien, lo respeto. Pero no se han visto afectadas las relaciones entre los países. Quizá ese encuentro tiene una dificultad. Si luego hubiera una comparecencia de prensa y nos preguntaran por Irak, no sería, ni para él, ni para mí, una situación fácil. O sea, que a lo mejor es lo más apropiado que no lo tengamos.
P. Europa, América Latina y el Magreb son tradicionalmente los ejes de la política exterior española. Excepto con Marruecos, donde la relación sí ha mejorado, la presencia de España aparece desdibujada en el resto.
R. ¿Cuáles son los medios para evaluar una acción exterior? Desde mi punto de vista son los siguientes: primero, la buena relación con los vecinos, absolutamente prioritario. Es difícil tener una relación mejor que la que tenemos hoy con Francia, estupenda, con Portugal y con Marruecos. Y Marruecos es extraordinariamente importante desde el punto de vista de nuestra política exterior, por razones que todo el mundo conoce. Por tanto, primer elemento, ha mejorado la primera obligación de una buena política exterior: la vecindad. En segundo lugar, hemos mejorado notablemente la posición de España en Iberoamérica y la opinión sobre la España que representa este proyecto político, una España abierta, solidaria, de una manera evidente. Sería fácil hacer una encuesta entre los Gobiernos y las sociedades civiles; absolutamente fácil. Hoy la capacidad de relación, de ascendiente, que España tiene en Iberoamérica es enorme en el ámbito político. Tercero, una política exterior trata de abrir nuevos ámbitos a la influencia, a la relación y a la presencia, en el terreno político y económico. Porque hoy España puede. En el plano económico estamos abriendo el terreno en Asia, donde prácticamente no existíamos, con una potente iniciativa en China, India y Japón.
P. Tampoco parece que nuestro sí temprano a la Constitución europea nos haya dado un cierto ascendiente en la UE en estos momentos de maraña institucional.
R. La europea es una política exterior madura, que está prácticamente construida, y los pasos que dé la Unión Europea hacia un fortalecimiento de su unidad política van a depender de todos, no de un país, no de un liderazgo. Pero un país como España aporta estabilidad a la Unión Europea, porque fue capaz de hacer su referéndum. Junto a eso, si algo ha caracterizado una política exterior, seguramente para algunos críticos no es un elemento de valoración pero para alguien que representa un proyecto socialista sí, es una defensa activa de la paz y un incremento espectacular de la ayuda al desarrollo. Tanto es así, que Naciones Unidas, en los últimos meses después de la última aportación de 520 millones de euros de una sola vez que hemos hecho al plan para el desarrollo, siempre está poniendo a España como ejemplo a imitar por muchos países, porque hemos duplicado nuestro compromiso de la ayuda al desarrollo. Para mí, eso forma parte de una prioridad de la política exterior. Pero insisto, quizá para algunos críticos esto no tiene valor. Para mí, el que España sea dentro de poco el país que más va a avanzar en menos tiempo en el camino de ser un gran donante de la ayuda al desarrollo tiene un altísimo valor ético.
P. Sin embargo, el Gobierno ha endurecido su posición respecto a la inmigración. El cambio empezó a perfilarse en agosto pasado, y claramente cuajó en septiembre. Quizá fue casualidad, o quizá no, pero desde luego coincidió en el tiempo con un surgimiento claro de la inmigración como preocupación entre los ciudadanos en las encuestas. Varias coincidieron en septiembre en recoger eso. ¿No tuvo nada que ver un asunto con el otro?
R. Creo no haber cambiado nunca el discurso sobre la inmigración, el discurso político del Gobierno. España es un país que tiene que hacer un gran esfuerzo ante el problema de la inmigración ilegal. ¿Por qué? Porque somos frontera europea, somos el sur de Europa, tenemos una gran frontera que abre las puertas, no a España, a Europa. Y estamos a 14 millas del continente africano. Y, por tanto, nuestro esfuerzo de control de fronteras, en la lucha por la legalidad de la inmigración, va a ser un esfuerzo sostenido en el tiempo, ingente, que necesita la colaboración europea. Es verdad que cuando hemos vivido el drama de los cayucos y de los subsaharianos...
P. Precisamente este verano, con avalanchas de pateras en las costas de Canarias...
R. ...sube la preocupación por la inmigración, sube porque es tan impactante. Tan impactante y muy desgarrador verles. Y es más desgarrador hablar con ellos. Cuando visitas los centros de internamiento, te encuentras con gente que ha estudiado y que te dice con esos ojos de mirada profunda y cansada que tienen, después de lo que han sufrido: "Yo también tengo derecho a soñar una vida". Es duro. Estamos haciendo un esfuerzo, donde veníamos prácticamente de cero en África, prácticamente de cero, con todo el África subsahariana, para que no vengan inmigrantes irregulares y puedan venir, legalmente, los que va a necesitar la economía. El problema es que el crecimiento desde el 2000 a nuestros días ha sido tan fuerte en el número de inmigrantes que el impacto, la sensación, aunque los necesite la economía, aunque tengan, buena parte o en su mayoría, una voluntad de integración, genera dificultades. La sociedad española está haciendo un gran esfuerzo para acomodarse a esa nueva realidad.
R. Yo trabajo con una visión del proyecto político a largo plazo; siempre he puesto las luces largas en todas las cosas. En las cosas que han salido bien, muy bien. Como, por ejemplo, retirar las tropas de Irak o apostar por una política económica, que ha salido muy bien. O las cosas que no han salido muy bien, como el proceso de paz. Pero siempre trato de poner las luces largas. La mejor tarea política es la que anticipa cambios y retos del futuro en una sociedad muy cambiante. Pero soy muy respetuoso y, si se me permite, pudoroso, con la democracia. Es decir, cada vez que recuerdo que estamos aquí cuatro años, una legislatura, y que luego tiene que hablar el pueblo, me produce un respeto solemne. Y, por tanto, no quiero pensar, que nadie interprete que...
Éste es un país con espíritu de futuro, a diferencia de otros países occidentales con rentas per cápita altas que no tienen hoy esa actitud. Por eso estamos seguros de que vamos a superar a Alemania y a Italia en renta per cápita de aquí a dos, tres años. Les vamos a coger.
P. ¿Vamos a superar a Alemania en renta per cápita?
R. Sí. Claro que sí. Sí.
P. ¿En sólo dos o tres años?
R. Sí, sí. De aquí al 2010 les podemos superar perfectamente. Igualar y superar ligeramente. Es que el crecimiento de España está en el 4%. Creando empleo. Es que, insisto, el 60% de los puestos de trabajo que se crean en Europa se crean en España. Sólo con esa cifra uno, como presidente de Gobierno, se siente ya absolutamente reconfortado en el balance de su actuación. Cualquier país de nuestro entorno estaría deseando crecer al 4%. Ya no digo crear tres millones de empleos en una legislatura, y además tener un superávit que en este 2006 va a ser del 1,6%, unos 14.000 millones de euros...