
Después de los días de velatorio mediático, de las primeras mesas redondas en que se sacaron los ojos los que sostienen que hay olor de fin de ciclo y los que explican que muerto el Néstor la que falleció en realidad es la oposición, hoy empezó la primer semana sin el virolo difunto.
Me extrañó que fuera de lo que se comenta en los medios nadie, absolutamente nadie, me mencionó el pase a la inmortalidad del padre del modelo. Ni en alguna obra encontré un cartelito "Gracias Nestor, Fuerza Cristina", ni en una oficina que visito donde nadie se destaca por su militancia kakista seguían con guirnaldas y matracas.
Uno a esta altura tiene que preguntarse cuántos muertos venerables se banca el peronismo. Ya tenían a Evita, después sumaron al General... Ni que hablar del espacio que ocupa la nebulosa presencia de los míticos 30.000 que parece ahora que eran todos peronistas. ¿Cabe otro finadito en el panteón? (Ojo, uso panteón en el sentido original de
Panthĕon).
Después está el otro tema obvio, que la caterva oficialista parece ignorar deliberadamente, y es que kirchnerismo no es peronismo, y que el altar del segundo parece que bastante rápido va a tener menos devotos que el primero.
Me acordé entonces de Rodrigo Bueno. En el momento en que llenaba las radios, la tele, las bailantas, al tipo se le ocurrió hacerse pelota en la autopista. En esos primeros días, "nace un mito" era la frase más escuchada, y se lo ponía en los análisis como un nuevo Gardel. Pasó el tiempo, desapareció de las pantallas su madre, las teorías conspirativas sobre su muerte, se oxidó el monumento que se apuraron a levantarle donde se dió el tortazo, y hoy diez años después de que se finara es una mota más en la constelación de figuritas pasajeras que consume la sociedad posmoderna.
Me parece que hay una buena chance que el Pingüino santacruceño repita la performance del Potro cordobés. Con la diferencia que al menos "Lo mejor del amor" todavía suena en algún casamiento.