El 5 de febrero de 1953, el padrecito Stalin fue a encontrarse, espero, con su amigo Hitler y demás basuras asesinas en el Infierno. Nunca quedó muy claro si murió envenenado por la joyita de Laurenti Beria, que se veía venir que su jefe lo iba a liquidar pronto, o si sufrió realmente un ACV, pero, según un relato de su hija Svetlana, luego de que lo encontrasen caído en el suelo de su cuarto y de ser asistido por médicos, el Hombre de Hierro estaba en su cama inconsciente con varios personajes del Partido rodeándolo y mirándolo ansiosamente (imagino que esperando que no se distrajese y se muriese de una buena vez) cuando súbitamente abrió los ojos, les echó una mirada furiosa a cada uno de los asistentes y levantó un brazo apuntando hacia arriba como maldiciéndolos y reventó como el sapo que fue en vida.
Dadas las circunstancias que vive Rusia y adyacencias, no quería dejar pasar el recuerdo de este feliz acontecimiento histórico en su 61° Aniversario. Ah, me olvidaba señalar que a sus funerales asistieron miles de ciudadanos soviéticos, llorosos y emocionados por la muerte del Padrecito Stalin que había salvado a la Rodyna, y se produjeron tales amontonamientos que murieron más de 1.500 personas aplastadas. No podía irse solo, tenía que llevarse esclavos con él...
