Días atrás me comprometí a hacer un resumen del apasionante libro de Carlos Escudé “La guerra de los dioses” pero, lamentablemente, otras obligaciones me obligaron a postergarlo. Para no dejar pasar más tiempo y arriesgándome a saltear aspectos importantes, trataré de esbozar las ideas principales de la obra.
Aclaro, ante todo, que gran parte del libro consiste en un trabajo de exégesis bíblica y estudio de algunas herejías (gnósticos, cátaros, etc.) que hay que tener en cuenta para una comprensión acabada de la obra. Como éste es una brevísima descripción del libro, no entraré en esos aspectos.
En muy pocas líneas, las ideas básicas son las siguientes:
En esta primera década del siglo XXI, mientras la razón está en retroceso y no sólo por obra del terrorismo islámico, coinciden conflictivamente tres Occidentes, a saber:
a) El que adhiere literalmente a la Biblia judeocristiana, que había retrocedido por obra de la Ilustración pero ha renacido. Ejemplo de ello son los que rechazan la teoría de la evolución de Darwin y promueven el creacionismo (Yo creo que no son demasiados los que están en esta posición que es insostenible. Sí, hay muchos que defienden la teoría del “diseño inteligente” que no niega la evolución pero piensa que esta no se produce por azar sino impulsada por una inteligencia, que es Dios)
b) El Occidente secular subdividido, a su vez, en:
b.1) El tradicional o clásico que sigue basándose en la Ilustración, y
b.2) El posmoderno cuyo relativismo y defensa del multiculturalismo lo separa cada vez más del liberalismo clásico.
El conflicto entre b.1 y b.2 produce un dilema que Occidente no quiere reconocer y menos aún, superar.
Ese dilema que es importante tener muy presente, se resume en la siguiente frase que cito textualmente:
“Si todos los individuos poseemos los mismos derechos, entonces todas las culturas no son moralmente equivalente porque hay culturas que no reconocen, ni siquiera en principio, la vigencia de esos derechos univesales. Si por el contrario todas las culturas son moralmente equivalentes, entonces todos los individuos no estamos dotados de los mismos derechos humanos, porque hay culturas que adjudican a algunos hombres más derechos que a otros hombres y mujeres.”Muchos intelectuales en el “primer mundo”, apegados a la “corrección política” detestan decir que la cultura occidental es moralmente superior a las otras y, junto a una infinidad de bienpensantes, optan por cometer la incoherencia de unir las dos partes del dilema diciendo que “todas las culturas son moralmente equivalentes y todos los individuos poseen los mismos derechos universales” lo que es una evidente contradicción.
Los liberales tradicionales, hijos de la Ilustración, rechazan el relativismo multiculturalista de la misma manera que lo hacen los fundamentalistas bíblicos. Es cierto que las verdades de la Biblia y de la Ilustración son diferentes pero ambas coinciden en el hecho de provenir de un realismo filosófico que supone la existencias de verdades objetivas que son más que meras construcciones sociales.
En nuestros días, tanto el fundamentalismo cristiano como el liberalismo clásico están retrocediendo frente al multiculturalismo que, si bien dice considerarse enemigo estratégico del islamismo, en realidad, es su aliado táctico pues colabora con él en su lucha. contra Occidente.
Ese posmodernismo relativista y multiculturalista domina la prensa, las universidades y la política, forzando al verdadero liberalismo a eclipsarse, por lo menos durante un tiempo,
Partiendo de la base de que, como Escudé, defendemos el liberalismo clásico, la pregunta es ¿quien ha de ser nuestro aliado táctico en esta nueva era de la historia mundial? Hay tres opciones: 1) Aliarse con el fundamentelismo bíblico que, aunque sostiene ideas contrarias al imperativo categórico de respetar la tolorancia, es un decidido defensor de a Occidente; 2) Aliarse con los multiculturalistas que le hacen el juego al islamismo con lo que contribuiríamos a la destrucción de Occidente. 3) Permanecer sólos que nos haría además de caer en la irrelevancia, también, por omisión, contribuir a la destrucción de nuestra civilización,
Hay que tener siempre presente que el imperativo inclaudicable es la supervivencia de nuestra civilización.
El Dios del Antugüo Testamento manda a su pueblo a destruir a los enemigos. Mientras Occidente procedió de esa manera (hasta fines de la Segunda Guerra Mundial) fue invencible; desde que se alejó de ese mandato y comenzó a combatir basado en normativas humanitarias, éticamente superiores pero alejadas de la ley de Dios, la superioridad y fortaleza de Occidente está cada vez más en dudas.
El islamismo sabe hacia adonde va en su “cruzada” global, nosotros no. Ellos siguen sin discutir un supuesto mandato divino, nosotros no. Cuando el islamismo tenga armas nucleares, Occidente estará materialmente perdido. En los hechos ya ha abdicado y lo demuestra con sus diarias claudicaciones ante las extorsiones de los terroristas.
“Occidente tiene pocas opciones. Para vencer solo debe retroceder moralmente y aplicar el mandato de su Dios. Es fácil pero inaceptable. También puede ser fiel a sus principios actuales y abandonar definitivamente a Yahvé, dándole la victioria a Alá. Perderá orgulloso de su moral, como los gnósticos y cátaros, que descubriendo la iniquidad de Yahvé, optaron por declararse súbditos de in Dios que está más allá de dios, que no se interesa por el mudo de la materia. Ese Dios Altísimo se asemeja bastante a la deidad secular de los derechos humanos universales. No sirve para ganar guerras, sólo puede contribuir a perderlas.”Piensa Escudé que el dilema es grave y que atestiguarlo y protagonizarlo es un patético privilegio, sin paralelos en la historia.
Carlos Escudé es un scholar de alto nivel y su libro tiene una gran importancia para la comprensión de los problemas que acosan a Occidente en su enfrentamiento con el islamismo. Es destacable que en la Argentina se aborde el problema desde una perspectiva alejada de la corrección política y el progresismo tipo Noam Chomsky ( extraño judío americano que se odia a sí mismo, a Israel ya los EEUU) que saturan los estantes de las librerías. Los que estamos interesados en el tema debemos recurrir a la amplia bibliografía norteamericana o europea de la que acá sólo entra la parte progre y antioccidental para regocijo del ego acomplejado y resentido de una gran parte de nuestros compatriotas.
Nathan Bedford Forrest, soldado de la Guerra Civil Americana, dijo “ War means fighting, and fighting means killing”, no hay más vueltas que darle al asunto. Antes del triunfo de la corrección política y el multiculturalismo, los occidentales sabíamos que el secreto era matar al enemigo antes de que él nos matara. Así se ganaron muchas guerras, el resto es
bullshit. Por eso, comparto la inquietud manifesatda por el
Analista Aficionado en este post