5 de junio de 2008

La Presidenta Cigarra

La Cigarra y La Hormiga
Samaniego

Cantando la cigarra
pasó el verano entero
sin hacer previsiones
allá para el invierno.

Los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.

Viose desproveída
del precioso sustento,
sin moscas, sin gusanos,
sin trigo y sin centeno.

Habitaba la hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
le dijo: "Doña Hormiga,
pues que en vuestros graneros
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste cigarra
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.

No dudéis en prestarme,
que fielmente prometo
pagaros con ganancias
por el nombre que tengo."

La codiciosa hormiga
respondió con denuedo
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana:
¿Qué has hecho en el buen tiempo?"

"Yo -dijo la cigarra-,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento."

"¡Hola! ¿Con que cantabas
cuando yo andaba al remo?
¡Pues ahora que yo como,
baila, pese a tu cuerpo!"

1 comentario:

Sine Metu dijo...

Publiqué la fábula de Samaniego como comentario en esta noticia de La Nación.
Fue censurada.
No duró ni 5 minutos.