22 de noviembre de 2009

Kirchner: Capo di tutti capi

Ningún ministro lo recibirá hasta que no lo autorice la política.
Aníbal Fernández, jefe de Gabinete, lo notificó así sobre los códigos internos del poder al extenuado gobernador electo de Corrientes, Ricardo Colombi.
¿Y quién es la política?, preguntó el radical Colombi.
Néstor Kirchner, le respondió Fernández, seco y tajante.
Comenzó con ese diálogo uno de los casos más sorprendentes de travestismo político de los últimos tiempos, expresión diáfana de una manera de gobernar.
El caso Colombi devela muchos otros desenfrenos de un poder desesperado en la hora de su crepúsculo.
El método de la extorsión, en primer lugar.

Víctimas de la extorsión han sido en días recientes líderes opositores, legisladores, empresarios y medios periodísticos.
El resultado de esa extorsión masiva no fue malo para el Gobierno, pero todavía hay quienes resisten.
La política de ahora tiene también la dosis más alta de genuflexión que se haya visto en el vertical peronismo, ya sin Perón.
¿Qué hacían el jueves en Chubut cinco gobernadores al lado de Néstor Kirchner, perpetrando una venganza personal del mandamás contra el gobernador chubutense, Mario Das Neves?
¿Qué hacían como cortesanos de un monarca sin corona, derrotado e impopular? Kirchner ni siquiera es todavía presidente del justicialismo.
Colombi llegó a Aníbal Fernández después de tocar sin suerte la puerta de todos los ministros.
Nadie lo atendió.
Su provincia, Corrientes, no tiene dinero para pagar los sueldos de la administración.
La breve y práctica lección del jefe de Gabinete lo depositó al gobernador electo en la residencia de Olivos.
Salió de ahí diciendo que votaría a cualquier Kirchner (matrimonio o hijos, se supone) en las próximas presidenciales.
Luego pudo hacer, por fin, un paseo por despachos ministeriales (Julio De Vido y Amado Boudou lo recibieron en el acto); concluyó su feliz excursión frente a la propia Cristina Kirchner.


La Nación

La cadena de mando en kirchnerlandia no presenta fisuras.
No quiero ser amarga, pero me parece que ahora es un poquito tarde para terminar con eso por las buenas.
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1 comentario:

Sine Metu dijo...

El problema no es colombi. son los sueldos que ni colombi ni sus rivales (en caso de haber ganado las elecciones correspondientes) pueden pagar.
Romper el vínculo clientelista significa mandar a los clientes a laburar.
¿Qué político está dispuesto?