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26 de agosto de 2015

Tucumanazo



Nuestros mitos tienen que ver con nuestro autoritarismo.


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Sitio al Margen entrevistó al escritor tucumano José Ignacio García Hamilton, uno de los más notorios referentes del pensamiento liberal en la Argentina. La crisis social e institucional y su relación con el autoritarismo, el nacionalismo, la educación, los mitos y los héroes y la influencia de la religión en la sociedad son algunos de los temas abordados en la charla que mantuvimos con el autor de la polémica biografía sobre San Martín, Don José, y el ensayo Los orígenes de nuestra cultura autoritaria (e improductiva).

Por Gabriel Cortés y Pablo Rodríguez LeiradoMayo de 2003

La gran crisis social estructural que padece la Argentina desde varias décadas, agravada fuertemente en los últimos dos años, conjuntamente con el desprestigio de los dirigentes en general, lleva a replantearse los fundamentos culturales y la política educativa que tiene hoy en día nuestra sociedad. Para reflexionar sobre estas cuestiones Sitio al Margen entrevistó a José Ignacio García Hamilton, un intelectual que ha publicado varios libros y artículos sobre la relación entre la cultura y el autoritarismo en la Argentina.

Buena parte de su obra está integrada por biografías sobre diversas personalidades de la historia argentina y la utilización y su particular transformación en mitos nacionales, como Vida de un ausente, que es la biografía novelada de Juan Bautista Alberdi, y Cuyano alborotador, sobre Domingo Faustino Sarmiento, y Don José, acerca del principal prócer argentino, el libertador José de San Martín. También ha publicado Azúcar y estudiantes (teatro), y el ensayo Los orígenes de nuestra cultura autoritaria (e improductiva), que fue reimpreso en España como El autoritarismo hispanoamericano y la improductividad, por el que obtuvo diversos galardones y fue invitado a disertar sobre el tema en diversas universidades, principalmente de Estados Unidos.


García Hamilton recibió a los integrantes de Sitio al Margen en las oficinas de su estudio jurídico, ya que a la par de su actividad como escritor es abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales y docente de la Universidad de Buenos Aires. También se ha desempeñado como periodista (aún colabora en medios de comunicación de Argentina, Uruguay y Estados Unidos), y es directivo del diario La Gaceta de Tucumán. Habla pausadamente, con una voz clara, y resulta un amable anfitrión durante toda la entrevista. A continuación presentamos un extracto de la charla en los aspectos que consideramos de interés para nuestros lectores.

Ruptura del pensamiento histórico
Sitio al Margen: ¿Considera que en la opinión pública actual existe un cambio en la mirada hacia ciertos pro hombres de la patria, caso más concreto el del General San Martín?
José Ignacio García Hamilton: Me da la impresión que sí. Cada generación tiene miradas nuevas, tengo la sensación que lentamente entra un nuevo enfoque. Lo veo en mis alumnos de la facultad de derecho. Una mirada diferente a la dogmática y mitologizada que tuvo mi generación. Yo fui a un colegio católico y en 1950, que fue precisamente el año del aniversario del fallecimiento de San Martín, se dictó una ley que estableció el “Año del Libertador”. De esta manera nos obligaron a escribir, todos los días, la leyenda “Año del Libertador”. Todo el mundo se encontraba obligado a rendir homenaje a la memoria de San Martín, hasta los escribanos debían rotular esa leyenda en todas sus actos notariales. Era el auge de la “educación patriótica”, en ese momento también utilizada políticamente. Me da la impresión que hoy las nuevas generaciones son distintas, sobre todo después de la experiencia de la última dictadura, y tras veinte años de democracia con tantas decepciones en algunos casos.

SaM:¿Cuáles considera que son las causas de este cambio?
JIGH: Me da la impresión que una de las grandes causas fue la gran crisis que hemos padecido los últimos dos años –la declinación argentina-, todo ese discurso grandioso, legendario, que somos los mejores del mundo, que tenemos los mejores próceres, el libertador más impoluto, etc, todas esas ideas han sido confrontadas con la realidad. Creo que todo se está replanteando, hay algunos intelectuales que estamos trabajando, como en mi caso particular, tengo algunos artículos y libros desarrollados sobre esta temática.


Sobre mitos y héroes

SaM: ¿Por qué se decidió a vulnerar el mito sanmartiniano?
JIGH: Un escritor necesita pensar en voz alta y compartirlo con los demás. Es difícil entrar en los mecanismos de deseo de un escritor, somos gente que tenemos pensamientos y que nos gustan confrontarlos. Borges decía que uno no sabe porqué escribe los libros ni elige los temas, son los temas los que lo eligen a uno. En mi caso creo que tiene que ver con la cuestión del autoritarismo. Yo he nacido en una generación que tuvo mucho carga autoritaria: en la escuela, en la universidad, en las relaciones sociales y empresariales, en la familia. Entonces yo considero que los mitos tienen que ver también con nuestro autoritarismo, que regresa a la Argentina cuando los mitos históricos crean nuevos paradigmas, y la leyenda del militar que muere pobre – vinculado con San Martín y Belgrano-, tiene mucho que ver con las dictaduras militares que hemos sufrido. Sino, sin ese mito, sin ese paradigma, no se hubiesen podido dar. No es casual que cuando se crean esos arquetipos, a partir del periodo 1900 - 1930, surgen luego los golpes militares, y en consecuencia deviene la opresión y el despotismo.

SaM:¿El libro “Don José” le trajo problemas por tratar de vulnerar el mito sanmartiniano?
JIGH: Me trajo problemas en el momento, le puedo comentar que interrumpieron la presentación de mi libro en Rosario, en Mendoza realizaron un acto de repudio, en Tucumán se generó un gran debate. Medios de comunicación internacionales comentaron el caso: como la CNN, la BBC, entre otros, todos se ocuparon del tema señalando la intolerancia y la resistencia a desmitificar los próceres por parte de los argentinos. Pero también me trajo muchas satisfacciones, que se ocuparan del tema y que se generaran replanteos a esta cuestión.

SaM: Seguramente cuando presentó el libro sobre Sarmiento no tuvo tantos inconvenientes como con el de San Martín.
JIGH: Al principio, los “sarmientinos” pusieron el grito en el cielo. No se dieron cuenta que yo soy un gran admirador de él. Pensaron que yo, humanizándolo, estaba en su contra. A Sarmiento lo mistificaron en la escuela pública y los nacionalistas de derecha lo destruyeron porque afirmaron que era antinacional, antigaucho, antiargentino, que odiaba a los pobres ¡Cosa rara en una persona que llenó el país de escuelas! Esa discusión aún continúa...

SaM: Actualmente hay una reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas. Una figura que ha sido histórica y políticamente muy polémica. ¿Se la puede reivindicar de una manera tal como es la glorificación y exaltación pública?
JIGH: ¡Como uno no va a estar preocupado por el futuro si las intelectualidades de derecha y hasta algunos de izquierda, bueno, que se dicen de izquierda, glorifican y exaltan a Rosas! ¡Y el Instituto Juan Manuel de Rosas, que nació como una entidad privada fue incorporado al presupuesto nacional y pertenece a la Secretaría de Cultura de la Nación! Imagínense si en Alemania se pudiera hacer un Instituto Adolfo Hitler solventado por el Estado... Si glorificás a un tirano, si tenés como modelo a un dictador, vas a aproximarte a tu modelo, vas a ser un dictador. Si un pueblo tiene como paradigma a un dictador no es muy difícil que lo tenga en el futuro. Yo cuando veo los billetes de 20 pesos que llevan la figura de Rosas me pregunto si dentro de cien años no aparecerán billetes con la cara del General Videla... ¿Por qué no? Si son muy parecidos.

SaM: ¿Y el caso del General San Martín?
JIGH: Es distinto. Tiene otro aspecto, el de la faceta de libertador. Pero como todos los libertadores luego le agradó el poder absoluto, así lo ejerció en Mendoza, no pudo en Chile porque tenía expresas instrucciones de no tomar el poder, pero si lo ejerció en Perú a pesar de que el senado chileno la había dado muy claras instrucciones de que no tome el mando. Se autoproclamó Protector del Perú y ejerció el poder con facultades dictatoriales. Pero fue como Bolívar, O’Higgins, Iturbide, los grandes libertadores de Hispanoamérica, fueron figuras liberadoras porque rompieron el lazo colonial pero a todos ellos les agradó el poder absoluto. Iturbide se consagró emperador, Bolívar en Angostura solicitó al Congreso que dictara una constitución que lo nombrase presidente vitalicio y creara un Senado hereditario. Obviamente el presidente vitalicio iba a ser él. También hizo lo mismo en Bolivia, una constitución con presidente vitalicio y senado hereditario.

SaM:¿Un modelo similar a la Cámara de los Lores de Gran Bretaña?
JIGH: Claro, inspirado en ese modelo donde pide que sean miembros permanentes los libertadores. Igualmente hay que reconocer un gran talento en Bolívar, quien cree que aún no puede establecerse una democracia en estos pueblos. Ahora, volviendo a la pregunta anterior, San Martín tiene dos aspectos: el de liberador y el de hombre autoritario. Rosas solo tiene uno de ellos, el de hombre autoritario. Además San Martín tampoco fue un caudillo político en Argentina.

SaM: Entonces, en el caso de San Martín lo que no está en discusión es su capacidad como militar, si lo está la utilización que hizo del poder público cuando lo ejerció, pero no desmerece su figura como libertador.
JIGH: Es mostrar una realidad. Creo que el proceso de democratización aún no está consolidado, es importante estudiar el pasado.










Autoritarismo, Nacionalismo y Religión

SaM: ¿El fenómeno autoritario, posee una relación directa y significativa con el nacionalismo, que los historiógrafos actuales han denominado como “la nueva derecha” de aquellas épocas?
JIGH: Seguro que sí. Porque el modelo que hace crecer a la Argentina, y que luego establece la democracia en ella desde 1853 es el modelo de la “paz y el trabajo”, así lo define Juan Bautista Alberdi en su obra “Las Bases...”. La paz y el trabajo van a ser incluidos como paradigmas, primero en el plano de las ideas y luego en el plano de los hechos. Alberdi postula un modelo, que además de “paz y trabajo”, trae inmigrantes, lo cual significa la incorporación del hombre europeo a la escena nacional, principalmente busca al de origen anglosajón con hábitos de industria y libertades. Ese modelo es el que lleva adelante la generación del ’80 y es el que hace crecer a la República Argentina. Alberdi perteneció a la generación del ‘37, con Bartolomé Mitre y Domingo F. Sarmiento, que modifican el paradigma cultural, cuya heredera ideológica será la generación del ‘80, con Julio A. Roca y Nicolás Avellaneda como máximas figuras.

De esta visión política, social y económica, resulta que las cifras del crecimiento argentino son espectaculares, impresionan al mundo: el aumento de la población, de la economía y de la alfabetización, que pasa del 10 % al 80 % en seis décadas. Pero en 1920, a través de la escuela pública -que había sido el gran instrumento de ascenso social-, se crean nuevos paradigmas: el militar que muere pobre (San Martín) , el gaucho pobre que se hace violento (Martín Fierro), después viene la dama buena que regala lo ajeno, entre otros. Yo creo que esos nuevos paradigmas son los que posibilitan el regreso de las dictaduras y el ocaso de la democracia, y también la declinación económica, porque si se glorifica el militarismo y la pobreza se va a obtener violencia y miseria, que es lo que nos pasó a nosotros, por lo menos desde la interpretación que yo le doy a la historia.

SaM: ¿Pareciera que se ha tomado y exaltado a los próceres, principalmente a quienes participaron de la independencia, sólo en su faceta militar o a quienes tuvieron momentáneamente esa función?
JIGH: En nuestro país, durante el Siglo XIX, los próceres eran principalmente civiles, este pensamiento se mantuvo estable hasta finales de la segunda década del siglo XX, incluso en mi colegio cuando yo estaba en el secundario, a pesar de que se trataba de una institución católica, los dos cuadros en el aula eran los de Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia. Esos eran los próceres durante el siglo XIX, dos civiles, parte de una vanguardia ideológica, “liberales”, en el buen sentido de la palabra, de libertad y no liberal en lo exclusivamente económico. Esas imágenes luego fueron cambiadas por los generales San Martín (principalmente), y Manuel Belgrano. Esto tiene su florecimiento a partir de 1937 cuando se crea el Instituto Nacional Sanmartiniano, y su consagración a partir de 1950, en donde se los presenta como héroes. A casi todas las plazas se les pone de nombre San Martín, se rebautiza la Avenida Alvear como Avenida Libertador (en la Capital Federal), etc. De esta manera, el prócer por antonomasia pasa a ser San Martín. Por eso que los mitos tienen mucho que ver con la situación actual. Otro buen ejemplo de lo que estamos comentando es el caso de Manuel Belgrano que en vez de haberse rescatado su capacidad como educador, periodista y abogado se gestó un estereotipo del militar, creador de la bandera, como si su gran mérito en la vida hubiese sido solo elegir y combinar los colores de una enseña patria.

SaM: Que tal vez sean colores borbónicos y no simplemente los colores del cielo como se enseña en la escuela...
JIGH: Tal vez sean de la Orden de Carlos III o colores masónicos (como dice Enrique de Gandía). Muchos países hispanoamericanos tienen esos colores en su bandera, y no es como dice la megalomanía argentina porque somos nosotros quienes llevamos esos colores al resto de América. De todas formas, como en un equipo de fútbol, el que elige los colores no es el más importante sino el que juega bien en la cancha...

SaM: Pasando al ensayo que Ud. realizó sobre la cultura autoritaria e improductiva de los argentinos. ¿Sigue creyendo hoy en día que el factor religioso es un elemento fundamental en el desarrollo político y económico de las naciones?
JIGH: Creo que si, pero no es el único. Existe un gran escepticismo en el mundo occidental, lo que genera una especie de agnosticismo, todo lo contrario en el mundo islámico, igualmente considero que la religión tiene una gran influencia. Esto se ve en la actualidad con el conflicto de Irak, en el mundo islámico es más evidente, pero también está en occidente cuando el presidente George Bush habla de “cruzada”, o cuando el ex presidente Jimmy Carter condena la guerra pero en términos religiosos como si fuese un pastor protestante.

SaM: En su libro “Los orígenes de nuestra cultura autoritaria ( e improductiva)“ Ud. se refiere a Max Weber y su obra “La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo” para señalar la preeminencia de los protestantes sobre los católicos en la actividad económica. ¿Qué ha cambiado en países como España, Italia, Irlanda y Austria, total o mayoritariamente católicos, para que entraran en el mundo desarrollado y democrático?
JIGH: Yo creo que fundamentalmente ha cambiado la mentalidad de la gente. Ellos han ido adquiriendo como valores propios -que no digamos que pertenecen al protestantismo sino que los protestantes los han incorporado antes-, el sentido de la responsabilidad, el respeto a la individualidad, el tratar de que la norma no venga de afuera sino que surja de un proceso interno, la valoración de la riqueza y la no glorificación de la pobreza, todo eso constituye una parte de una serie de valores que se expresan primero en los países protestantes. Esto no quiere decir que exista un atavismo cultural que impida a un país católico crecer, la misma prueba es la Argentina. Por nuestro desarrollo entre 1853 y 1930, que pasamos del país más pobre de hispanoamérica y más despoblado a ser uno de lo más ricos del mundo. Eso demuestra que se puede. También están como ejemplo de esa posibilidad los casos de España a partir de la década del ‘70, e Italia luego de la posguerra. Recientemente vengo de España y noto especialmente un cambio de valores y de paradigmas muy notable con respecto a cuatro o cinco décadas atrás.

SaM: ¿Y la Iglesia Católica como ha tomado este cambio?
JIGH: La Iglesia también ha ido modificándose. Uno de los tantos ejemplos puede ser el Opus Dei, que desde el punto de vista político es muy conservador, como el caso de la estricta obediencia al Papa, pero en cuanto a otros aspectos, como por ejemplo la Escuela de Negocios que ha creado, significan una variación de la postura histórica de la iglesia.

SaM: Bueno, en España se puede hablar de un cambio “retardado”, porque ya en el siglo XX durante la Segunda República (1931-1936), se genera un periodo de mayores libertades. Pero aún podemos remontarnos a la Constitución de 1812...
JIGH: Una Constitución que fue aceptada por Fernando VII en 1819, forzado por la revolución de Riego, y al poco tiempo fue derogada. Indudablemente en el siglo XIX España tuvo más dificultades que nosotros para ingresar en una vía liberal. Es un siglo muy negativo, de muy poco progreso. Muchos países hispanoamericanos progresan más que España durante ese período, y ellos no son sólo “antiespañoles” por las guerras de la independencia (porque era la potencia colonial en ese entonces), sino porque ven que España no recibe todas las nuevas ideas, que en el siglo XVIII si había comenzado a incorporar con los Borbones. Pero Carlos IV y Fernando VII fueron monarcas muy decadentes. Las consecuencias son que España va a declinar su poder y perder las colonias. Incluso antes, Manuel Godoy, el valido de Carlos IV y amante de la reina María Luisa, le propone al rey que fragmente el imperio americano y que ponga a la cabeza de cada uno de los territorios a los infantes y que sostenga una especie de comunidad, como la que luego hizo Gran Bretaña (Commonwealth) (1). Algo parecido propone después un enviado de Simón Bolívar, Francisco Antonio de Zea, que es rechazado por Fernando VII, incluso por el breve gobierno liberal, y luego por el mismo Bolívar cuando ve que puede obtener la independencia. Esta idea estuvo allí, las consecuencias de estos dos reyes decadentes es que España quedó al margen del mundo y perdió su lugar en Europa. Portugal, en cambio, con una idea parecida consigue mantener su vinculación al Brasil. ¿Qué hubiera sido de España y estas tierras de implementarse una idea semejante? No lo sabemos, pero igualmente recordemos que la historia se hace con hechos y no con hipótesis.


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(1) Aclaramos que el proyecto del ministro Manuel Godoy para dividir el imperio español en una serie de reinos que coexistieran como una comunidad tiene una clara inspiración en aquel que ya había pergeñado su antecesor en el cargo, el Conde de Aranda, el ilustrado ministro de los reyes Carlos III y su hijo Carlos IV que ayudó a encumbrar a Godoy. El proyecto de Aranda se encuentra especificado en la carta que envío a Carlos III en 1783 en la cual pone de manifiesto sus impresiones por el reconocimiento de los Estados Unidos como una nueva nación independiente por parte del monarca y sus proyectos de evitar la caída del sistema colonial español. También, con argumentos claros y racionalmente fundamentados, auguraba que los Estados Unidos serían una potencia expansionista de proporciones planetarias.
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SaM: En el siglo XIX la Argentina mantuvo un crecimiento sostenido y encaminado hacia un sistema democrático, mientras que España presentaba un proceso inversamente proporcional al argentino. En la actualidad, con una severa crisis en nuestro país, sumado al desprestigio de la clase política y de las instituciones, ¿Ud. teme por la llegada de algún personaje que instaure una férrea autoridad como en la península en los años 20’o 30’ del siglo XX?
JIGH: En realidad no tenemos una democracia tan consolidada en la Argentina. Lo que ha pasado entre 1810 y 1816, demuestra que el proceso de crear instituciones republicanas aquí no es fácil y que aún no se encuentra afianzado, solo recuerden el golpe militar de 1930. Así como hay una cultura del autoritarismo, que tiene expresiones muy fuertes, también hay una cultura de la libertad, el republicanismo y la democracia pero que aún no se hallan consolidadas. El problema no es de personajes sino de estructuras políticas, de ideas y de creencias. Es por esto que en verdad temo por el carácter latente de este peligro, pero ojalá me equivoque...

SaM: ¿Campañas políticas como aquellas que presentan como slogan “100 % argentinos”, no constituye una marcha atrás en nuestra cultura de libertad y tolerancia?
JIGH: Yo creo que si, todo lo que tiene ver con el nacionalismo al igual que con la discriminación al extranjero, para mi es negativo. Yo soy absolutamente universalista, mi mirada sobre la historia me demuestra que los pueblos que han crecido son aquellos que han aceptado el comercio, el intercambio y la tolerancia.

El hombre siempre deseó viajar, desplazarse, conocer otras tierras y culturas, y eso lo realiza de distintas maneras, los pueblos que han crecido son los que se mezclan y se integran, no existen pueblos puros y definidos como se cree fuertemente aquí, hasta los ingleses que nos parecen totalmente “puros”, ciertamente no lo son.

Como modo de ejemplo le puedo comentar que las dos naciones que más inmigración reciben en el mundo durante el siglo XIX son la Argentina y los Estados Unidos y obviamente son de los países que más crecen, nosotros sobre todo después de la aprobación de la Constitución de 1853.

Todo lo contrario de las naciones y culturas que se aíslan, nosotros tuvimos tres siglos de colonia en los cuales España nos tuvo directamente “clausurada”, ya que no permitía el comercio ni el contacto con otros países. La Revolución de Mayo en 1810 y todas las revoluciones hispanoamericanas se hacen para eso, buscando el libre comercio, buscando entrar en la globalización de la época.

Como consecuencia directa de la revolución, la guerra de la independencia nos presenta un contrasentido. Mientras que se lleva a cabo para lograr el objetivo de liberarnos y “globalizarnos”, al mismo tiempo impide el contacto y genera un aislamiento y fragmentación que, por ejemplo, nos impide el comercio con el Alto Perú (actual Bolivia), entonces e inmediatamente sobreviene un largo periodo de declinación. Es por esto, que cuando la Argentina se incorpora al mercado mundial, ahí recién se genera el crecimiento.

SaM: Esa idea de que en la época Rosas hubo un incipiente industrialismo, ¿considera que es cierta?
JIGH: Eso es absolutamente falso, ninguna industria de tipo competitivo existía. Además la famosa ley de Aduanas de 1835 no crea ninguna resistencia al comercio y a la industria británica, como bien lo explica y demuestra John Lynch. En ese momento no había telares en Catamarca o Tucumán que pudieran competir con los de Manchester en cuanto a precios. Cuando se protege a una industria es muy difícil que algún día llegue a competir. Si luego llega a hacerlo no es por la protección sino por hay condiciones objetivas, económicas y culturales, para desarrollarse.

SaM: Nuestro país, en cierta manera, es forzado a decidirse si entra o no en la globalización, ya desde la época colonial, porque la guerra mundial entre Francia y Gran Bretaña llega aquí por doble vía, las Invasiones Inglesas (1806-1807) y la ausencia del rey en la metrópoli por la invasión napoleónica a España. A nuestro entender, el primer gran lobbista en estas tierras fue el General Beresford, comandante de la primera invasión. En esas circunstancias nos parece que el imperio británico “devuelve”, con la ayuda a la emancipación de Hispanoamérica, lo que había recibido de España y Francia cuando estos colaboraron unos pocos años antes con la independencia de los Estados Unidos. De lo expuesto: ¿Podríamos decir que la globalización nos llegó un poco sorpresivamente y aquí la quisieron aprovechar?
JIGH: Si en efecto, porque España buscaba mantenernos aislados y así lo hizo, no permitía entrar en sus colonias americanas a judíos, moros, herejes y no permitía comerciar con otros puertos que no fueran los españoles y con otros barcos que no estuvieran autorizados por la corona. ¡Incluso prohibía a veces el comercio entre los propios territorios! Siempre que un sistema intentó mantener al hombre aislado, este lo trató de romper o modificar de alguna manera.

SaM: Pero en España, con la Ilustración, en el siglo XVIII se intenta modificar sustancialmente el sistema político y social imperante. No digamos que eran democráticos y republicanos pero veamos a la gente en su contexto. Se trataba de personajes que impulsaban medidas que buscaban una apertura de la sociedad en la que vivían con una administración más racional. Su pensamiento sería retomado por los liberales del siglo XIX y sería base de posturas más revolucionarias posteriormente tanto en España como en sus ex dominios. Sucede que la Revolución Francesa interrumpió esas reformas, dado que la monarquía española (en ese entonces Carlos IV), plantea que buena parte de las ideas de los ilustrados le habían costado la cabeza al rey de Francia Luis XVI, un Borbón como ellos. Hoy en España hay una cierta reivindicación de esa generación. De esta manera: ¿Qué sucedió entonces con el nacionalismo argentino, tan profundamente hispanista? ¿Por qué solo tomó como modelo una parte del pasado de España? ¿Por qué esa mirada escatimada de la historia?
JIGH: El nacionalismo argentino, que eclosiona por los albores de 1920, repite lo que se ha hecho en España, en Inglaterra y en Francia, que era reivindicar un momento ideal del pasado. Por ejemplo, los nacionalistas en España lo encuentra en los Reyes Católicos y los Habsburgo, en Francia y Gran Bretaña lo hallan en la Edad Media (la trascendencia de la obra de Sir Walter Scott es un ejemplo).

En el nacionalismo argentino se comprueba un marcado rechazo a la modernidad, al cosmopolitismo, a las ideas renovadoras, y busca un punto en el pasado para glorificar y transformarlo en algo mítico. Cuando ese movimiento llega a la Argentina, aquí tiene una impresión concreta, hay muchos inmigrantes, y al traer estos ideas universalistas, anarquistas, socialistas, industrialistas y también gremios combativos, se genera un rechazo hacia todo lo foráneo y extranjero. Los nacionalistas buscan un momento ideal y no lo encuentran en la historia argentina, pero igualmente lo escogen a Rosas y así como en España se toma el auge imperial de los Austrias y como modelo a Felipe II con su fanatismo y su misticismo religioso, los nacionalistas convierten la figura de Rosas de un “tirano denostado” en un “hombre providencial”, “un hombre bueno”. En consecuencia, Rosas va a representar en nuestras tierras lo que Felipe II en España. Esto lo manifiestan expresamente varios autores. Así surge el revisionismo histórico que toma un nuevo paradigma, el “hombre fuerte”, y lo identifican luego con San Martín y afirman que existe entre ellos una línea de relación histórica.

Es claro que San Martín tiene una juventud revolucionaria y masónica, en Perú se hace monárquico porque se da cuenta que no es fácil establecer una democracia y piensa en una monarquía constitucional, y ya en su vejez lo defiende a Rosas, tal vez –entre otras razones-, porque nombraron a su yerno como embajador y además, seguramente, ya había modificado su pensamiento.

SaM: Con respecto al autoritarismo en nuestro país, qué opinión le merecen las investigaciones del periodista Uki Goñi sobre la entrada de los nazis en la Argentina?
JIGH: Es muy valiosa, es la demostración de cómo un investigador individual ha podido hacer mucho más que la famosa comisión investigadora que crea Menem para que investigue el tema de los nazis en la Argentina y no llegue a nada. Uki Goñi hace un trabajo estupendo que hasta se ocupó el New York Times.

SaM: También hay que tener en cuenta que en la década del ‘30 el conservadorismo se fue acercando al fascismo.
JIGH: Ahí está parte del huevo de la serpiente, aunque en realidad es antes, con la campaña de “educación patriótica”, porque se toma como modelos a Japón y a Alemania ¡miren que modelos! ¡En qué terminaron esos dos países! En 1908, los que abogan por la “educación patriótica” dicen: vean lo que se ha hecho con la educación nacionalista en Japón y Alemania. Miren que pasa con ambos tanto en la primera como en la segunda guerra mundial, adónde llegaron.

SaM: Puede ser que en estas tierras todavía se esta jugando un conflicto ideológico entre el liberalismo de origen anglosajón y el pensamiento tradicionalista de origen católico?
JIGH: Eso se da en todo el mundo, todas las sociedades han sido tradicionalmente religiosas en algún momento. El poder político surge en el mundo asociado simultáneamente a la brujería, la medicina y la religión. El brujo es el que curaba, ejercitaba cierto poder político y también el religioso. Progresivamente se pasó de un pensamiento de superstición a uno científico, y a la vez se ha ido separando lo que es el Estado. Hay países que han llegado antes a eso. Otros, como es el caso de Inglaterra, sin separarlo del todo ha logrado un sistema democrático de los primeros en el mundo moderno.

SaM: Hablando de Gran Bretaña. ¿A que causas atribuye el rebrote de nacionalismos como el escocés, el galés e incluso el inglés? ¿Podrá separarse Gran Bretaña en un futuro cercano?
JIGH: Es paradójico pero la historia que yo estudié me enseña a no hacer vaticinios, precisamente porque los fenómenos siempre son únicos, diferentes y ricos. Pero esto es un fenómeno mundial que está dentro del ser humano, el miedo a lo distinto, al cambio, el miedo a crecer, a mezclarse, es lo que hace a la gente agresiva, es lo que provoca las guerras. Es un fenómeno que se genera en todos lados, pero hay sociedades con mayores anticuerpos. El macarthysmo es un fenómeno que ocurrió en la década del ‘50 en Estados Unidos, pero un cierto espíritu de libertad en la población y un pluralismo político hizo que no llegara a los extremos de discriminación que llegó en otros países como la Alemania nazi. El mantener lazos libidinales entre los miembros de un grupo y mantener la hostilidad hacia los de afuera parece ser parte de la condición humana. Ahora bien, el nacionalismo es esa tendencia, y es un fenómeno muy parecido al religioso. En la Argentina exactamente sucede cuando se quita la religión de la escuela, se pasa a una enseñanza laica, y luego –unos años después-, se reemplaza por otro dogmatismo que es “la educación patriótica”.










La educación patriótica

SaM: Igualmente creemos que aún continúa la enseñanza y adoctrinamiento sobre los próceres perfectos. En nuestro caso, no diríamos que hemos sufrido pero si hemos soportado ese tipo de educación ya en un período democrático
JIGH: Es que eso empezó en 1908, como ya he mencionado, en la escuela y sigue incluso hoy. Pero la experiencia de las Malvinas – en los jóvenes de treinta y tantos años-, el éxodo durante las dictaduras, todo ha influido para que exista un nuevo enfoque.

SaM: ¿Cómo puede ser que un país que absorbió tantos inmigrantes se transforme luego en nacionalista? Es algo referido a la educación?
JIGH: Lo paradójico es que la educación laica, gratuita y obligatoria se establece en el momento que están llegando los inmigrantes con el objetivo de introducir el librepensamiento. Pero luego a través de ese mecanismo vuelve a entrar el dogmatismo con la “educación patriótica”. Se intenta homogeneizar a la población en base a valores unívocos, como el rechazo a lo extranjero, la exaltación de lo propio, de “lo nacional”, de los próceres, etc. Es muy interesante observar cuando se establece la educación patriótica, las instrucciones que se dan a los maestros, cuando hablen de geografía sobre los Andes digan la altura de las montañas que cruzó San Martín, etc.

Se homogeneiza siempre desde lo militar, que en alguna medida siempre es la exaltación de lo bélico, es el rechazo a lo extranjero, es lo que va a terminar indubitablemente en la guerra. No es casual que estuviésemos a punto de mantener un conflicto armado con Chile en 1978 y que padeciésemos una guerra de las Malvinas en 1982. Videla tuvo un intervalo lúcido, como decimos los abogados cuando se trata de insanos, cuando le pidió al Papa que interviniera poco antes de hacer la declaración de guerra, y lo más dramático es que el pueblo, en ese entonces, estaba de acuerdo con la guerra contra Chile, como estuvo de acuerdo con la de Malvinas.

Siguiendo con el tema de la educación patriótica, le puedo comentar que fue una consecuencia directa del temor de ciertos sectores de intelectuales debido a la gran afluencia de inmigrantes al país. Esto lo retratan escritores como Leopoldo Lugones y Ricardo Rojas. Ahí se empieza a discutir en el Consejo Nacional de Educación y gana esa discusión los que quieren hacer una campaña de “educación patriótica”. Pero había algunos que ya estaban expresando lo que le refiero ahora, que eso iba a ser negativo, que iba a ser nefasto, que era militarista. Luego del triunfo nacionalista en el debate, el presidente Dr. Figueroa Alcorta da instrucciones al Consejo Nacional de Educación para que se inicie una campaña de “educación patriótica” que continúa hasta hoy. Empieza a través de una publicación que se llamaba el Monitor Común, dedicada a los maestros, con una serie de recomendaciones de claro tinte nacionalista.

SaM: Hoy vivimos la exaltación de figuras nacionalistas como Raúl Scalabrini Ortiz ¿qué impresión tiene al respecto?
JIGH: Scalabrini Ortiz es el que crea la idea que los ferrocarriles son un instrumento de dependencia, por cierto, hoy no tenemos ferrocarriles. En ese entonces los compra el Estado y luego los abandona. Scalabrini Ortiz es un gran escritor, ensayista, pero forma parte de ese movimiento. El libro sobre los ferrocarriles es una especie de rechazo a la modernidad, considera que han sido un instrumento de atraso, cuando en realidad el gran crecimiento del país se da cuando adscribimos a un orden económico internacional, los ferrocarriles sacan las cosechas y traen aparejados otros adelantos de índole social y económica. Como ejemplo le puedo comentar que Alberdi venía desde Tucumán y tardaba en llegar al puerto de Buenos Aires dos meses. Cuando era un hombre mayor se trasladaba en ferrocarril en solo dieciseis horas. ¡Díganle a un tucumano que los ferrocarriles son un instrumento de atraso!

SaM: ¿Fue todo manejado por intelectuales de la derecha nacionalista?
JIGH: Es curioso pero no todos fueron de derecha, ya que hay liberales como es el caso de Enrique de Vedia o Ricardo Rojas. Sin embargo ahí se encontraban. El ministro de Instrucción Pública Joaquín V. González sostenía que: “... el patriotismo es una religión...” mientras que Rojas manifestaba: “en este estado de mi pensamiento, el nacionalismo es una forma de divinidad”.

Por Gabriel Cortés y Pablo Rodríguez LeiradoMayo de 2003


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