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11 de noviembre de 2015

Hasta el Trapiche siempre

El presidente iraní, de visita en Francia, quiere cenar con Hollande sin vino y con carne halal. Se imaginan la respuesta del francés.

Al final quedará en un cara a cara sin comida de por medio.



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Gus VF dijo...

Conocí un groncho argento que en París pidió ostras y para beber ¡Coca Cola! El maître elegantemente le dio a entender que no podía acceder a ese pedido, pero el chogrón, extrañado, insistió varias veces con que “Coca Cola” figuraba en el menú… “oui oui, tenemos, pero no va a poder ser, déjeme consultarlo” y al rato volvió para ofrecerle GRATIS un vino de la casa para que pudiera acompañar el plato como corresponde, a lo que en el culmen de la suprema animalidad sudaca el groncho lo rechazó ofendido y se fue.

Está visto que comer en Francia no es para fundamentalistas religiosos ni para comensales ignorantes.

Anónimo dijo...

A mi no me gusta el vino, el problema de los franceses con la coca cola es más de complejo de inferioridad con los yankes que otra cosa, me parece.
Con respecto a la nota, precisamente, las normas de protocolo y cortesía recomiendan considerar las preferencias de los agasajados, pero no impone al anfitrión, mucho menos el agasajado exija al anfitrión que debe tomar o comer. En esta le doy la derecha a Hollande.

Sergio dijo...

Hay mucha gente que no toma alcohol por diversas razones, incluso porque simplemente no les gusta, pero en todo caso este parece ser un ejemplo personal que no involucra a nadie más que al comensal.
No entiendo cual es el problema de comer ostras con coca o cindor.

Massa dijo...

¿A alguien le cabe alguna duda que Obama hubiera accedido de una a todos los requisitos del "Supremo Líder"?

El Enmascarado dijo...

Rodríguez Giavarini, el Canciller de De la Rúa, solamente comía yogurt y el Chef del Elysée se las ingenió para servirle tres platos que lucían diferentes aunque los tres eran de yogurt puro...

Los franceses se morían de risa de los gustos culinarios del culo fruncido ése.

Gus VF dijo...

Para todo es necesaria la educación, y el gusto también se educa. Sé que estoy en franca minoría pensando así, porque lo extendido en estos tiempos de relativismo progre es aquello de que “sobre gustos no hay nada escrito” relacionándolo con una supuesta libertad que se jacta de derribar saberes y herencias culturales y estéticas y que en realidad muchas veces oculta en quien la expresa una incapacidad individual de aprender. La ética y la estética en algún punto se relacionan. Los Wachiturros no merecen ser aceptados para tocar en la Ópera de París y eso me parece adecuado.

El punto que intenté destacar respecto del tema del post (con una anécdota más o menos divertida) es el rollo que tienen los franceses con su arte culinario, no equiparar el caso del musulmán y el del argento.

 
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