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8 de junio de 2013

Iurare


Es sabido que muchas de las instituciones, normas y procedimientos jurídicos, técnicas militares, arquitectura, palabras y costumbres que la sociedad moderna emplea actualmente, tuvieron su origen en la Antigua Roma. Sin duda, a los romanos les debemos muchísimo en muy variados campos, desde gestos simples como el que hacemos con los dedos para espantar la mala suerte (los famosos “cuernitos” que eran el gesto romano contra el mal de ojo), pasando por la arquitectura y la ingeniería, palabras como tata (papá, en latín coloquial) y caca (cacat, significaba mierda en latín), y hasta esa cumbre monumental que es el Derecho Romano y su terminología.

Habeas corpus, non bis in idem, affectio societatis, ad homine, res non verba, ad hoc y otros cientos de latinazgos siguen siendo parte del lenguaje jurídico, así como también de uso común entre personas medianamente instruidas como Michael Douglas, quien lo demostrara hace pocos días con un perfecto ejemplo.

 Por otra parte, el Derecho moderno sigue empleando conceptos y principios que datan de más de dos mil años y que fueron acuñados a lo largo de generaciones de juristas romanos como Solón o Cicerón para citar solamente a dos bien conocidos.

Sin embargo, algunos de esos procedimientos se han dejado de utilizar, no tanto por el avance normativo sino por otras razones. Ningún defensor recomendaría a su cliente que fuera a juicio público vestido con su peor toga, despeinado y lloriqueando acompañado por su familia también llorosa y arrancándose los pelos. Bueno, los romanos así lo hacían con el fin de provocar la compasión del público y de los jurados. Como todos ya sabían que era esto parte de una representación, nadie se conmovía demasiado, pero todos esperaban que el acusado se presentase así y, si no lo hacía, se consideraba que estaba muy mal asesorado…

Otra pintoresca costumbre caída en desuso era la de la ceremonia de juramento antes de prestar testimonio en un juicio. El Derecho romano sólo reconocía capacidad de declarar como testigo en juicio a los varones libres mayores de edad. Los esclavos únicamente podían testificar si eran previamente torturados ya que se pensaba que, de no ser torturados, dirían solamente lo que su amo les ordenara… (¡Hmmm! Habría que considerar si no deberíamos restablecer este método para emplearlo con los funcionarios políticos que prestan declaración en base a lo que le hayan ordenado sus líderes…)

Veamos un poco de etimología: la palabra “testículos” proviene del latín testículus, compuesto por testis, que significa “testigo”, al que se le añade el sufijo “culus” que se utiliza como diminutivo; por tanto un testículo es un “pequeño testigo”.

Pero, ¿Qué tiene que ver todo esto con el hecho de testificar? Obviamente, los antiguos romanos no tenían Constitución escrita y mucho menos una Biblia sobre la que jurar decir la verdad. Aunque tenían a Júpiter como dios supremo también rendían culto a numerosos otros dioses, pero no se acostumbraba jurar por uno de ellos para decir obligadamente la verdad. Era aceptable por la Mos Maiorum (la costumbre ancestral) que, si un romano prestaba juramento público en el Senado mientras mantenía oculta una piedra en la mano, ese juramento no era válido. (¿Se van dando cuenta que las avivadas y los truquitos sucios no los inventamos nosotros?)

Por ese motivo, se obligaba a los hombres a levantar la mano izquierda para jurar por sus testículos, es decir a palpárselos al mismo tiempo con la derecha para atestiguar que lo que decían era toda la verdad y nada más que la verdad. La palabra atestiguar proviene del latín “testificare”, que está compuesto por testis (testigo) y facere (hacer); podemos decir entonces que atestiguar significa literalmente “tocarse los testículos”, pues así lo hacían efectivamente los romanos.

Lamentablemente esta ceremonia de juramento ha quedado en desuso y ha sido reemplazada por las habituales juras que todos conocemos y que, a juzgar por los juramentos de la mayoría de los políticos y el resultado de sus gestiones públicas, parece más bien que, mientras levantan una mano y colocan la otra sobre la Constitución o la Biblia, esos tipos poseen una tercera mano invisible con la que nos tocan los cojones a nosotros, burlándose.

6 de enero de 2013

Roma eterna


El Foro Romano visto desde el edificio del Tabulario.

Dos cosas para destacar, las magníficas ruinas romanas y estas cámaras modernas que sacan fotos de noche sin tener que hacer ningún ajuste.

18 de julio de 2010

Ay del vencido


Un 18 de julio como hoy (pero 2400 años atrás) los galos comandados por Breno vencieron a las tropas romanas en la batalla de Alia, quedando con el camino libre para la ocupación y el saqueo de Roma.
En la ciudad, las autoridades y los restos de las seis legiones que sobrevivieron el desastre de Alia se hicieron fuertes en la colina Capitolina, donde resistieron el ataque de los galos que habían logrado superar la muralla serviana.
Los romanos negociaron con Breno la retirada, acordando el pago de mil libras de oro. En el momento del pago (según Tito Livio) los romanos descubrieron que los galos empleaban pesas mas pesadas para la balanza en que se medía el pago. Ante el reclamo, Breno habría sumado al plato de las pesas su propia espada y cinto, acompañando el gesto con la frase "Vae victis".

Como resultado de la primera invasión gala, los romanos introdujeron reformas sustantivas en la organización de sus legiones, y en la estructura defensiva de la ciudad, la cual no volvió a ser hollada por invasores en los siete siglos siguientes.

Pero el saqueo produjo la pérdida de todos los archivos y registros que se guardaban en la ciudad, haciendo que todo lo que se ha dicho o escrito de historia romana previa a este hecho esté basada en suposiciones o relatos.

Al final los galos fueron expulsados por la fuerza, por una fuerza militar al comando de Marco Furio Camilo, quien dejó otra frase que lamentablemente se recuerda menos que la de Breno: "Non aurum, sed ferro, recuperanda est patriae".

"No es el oro, sino el hierro lo que recuperará la Patria".

24 de junio de 2010

Patrimonio construído

Gracias a los posts previos de Carlos sobre las placas en las fachadas parisinas, y atándolo con la frase "viejo son mil años" que citaba Sine en un post previo sobre el patrimonio arquitectónico, me acordé de ésta foto sacada en Roma:



En la casa en cuestión se alojó Pietro Mascagni en 1890, aunque no fue el primer famoso en el edificio. Ludovico Ariosto ya había dormido ahí en 1513. Claro, el lugar vale la pena. Está justo frente a la Rotonda, y a la iglesia Santa María ad Martyres, conocida más bien por su uso previo: el panteón de Agripa

2 de junio de 2010

Vedere Roma e dopo morire (pero primero hay que pagar)

Silvio Berlusconi, dentro del plan de austeridad del Gobierno italiano para salir de la crisis fiscal, ha aprobado una nueva medida para aumentar la capacidad recaudatoria del Estado, cobrar a cada turista que visite Roma una tasa fija de 10 euros.

El Blog Salmon (España)


Recuerdo que cuando visité Francia en 2008 había que pagar una pequeña tasa de fomento al turismo que iba incluida en el precio del hospedaje. Se trataba de un importe muy pequeño.

De todos modos los impuestos son eso, impuestos, siempre logran el efecto contrario : desincentivar la actividad que pretenden promocionar.

En el caso de Roma seguramente tendrá poco impacto.