14 de febrero de 2005

Comunismo y progresismo, en el mismo estante

Hoy recibí por mail un comentario de un lector que se siente ofendido hasta los tuétanos por mi recurrente alusión al progresismo en términos despectivos. Pide incluso que me disculpe, ya que en sus palabras "tanto ha dado el progresismo para mejorar las condiciones de vida en el país, además del sacrificio de tantos militantes".

Primero, dudo que un solo "militante progresista" haya dado su vida por el país, ya que si hay algo que caracteriza al progre es su falta de compromiso, su desapego por el enfrentamiento, y adopta mas bien un comportamiento camaleónico de autoprotección que lo lleva de apoyar a Raul Ricardo, a la Meijide, a Ibarra, a De la Rua y eventualmente al Néstor sin solución de continuidad y sin ponerse colorado. Y bajo ningúna circunstancia admito que se llame "progresista" a quienes fusil en mano, bomba de por medio y apelando a la violencia indiscriminada pretendían copar el poder a sangre y fuego.

Aclarado el punto quiero afirmar que en mi escala de valores (tal vez algo primitiva o maniquea, cabe) el progresismo está en el mismo estante que el comunismo. Y uso una frase de Alina Fernández, la hija de Castro, publicada ayer en un interesante reportaje en La Nación Revista: "recuerdo que en el año ’59 la Argentina era el primer país de Latinoamérica y Cuba, el segundo. Y hay que ver dónde estamos los dos ahora… " Cuba llego a donde está a través del fiasco de la Revolución Cubana, nosotros a través de las quimeras de lo "progresista" y lo "políticamente correcto".

El caso se cierra con la reedición de un post que hice hace unos meses (en épocas que no tenía permalinks, así que no me queda otra que repetirlo) y que me significó también recibir varios mails despotricantes.

Se llamaba "Conociendo al Enemigo; Definiendo al progre" y decía así:

Hace ya unos años que a muchos políticos no se les cae de la boca la palabra "progresismo". La Alianza debía ser el espacio "progresista" por excelencia. Ibarra de presenta a si mismo como el adalid del "progresismo", ocupando el lugar que dejó vacante por fuga la Fernández Meijide, estereotipo perfecto del "progre" nacional.
Desde la llegada de Kirchner a la presidencia se sumó otro componente cuando los Bonasso, Verbitsky Eduardo Luis Duhalde y otros cadáveres insepultos de la política argentina pusieron su afán en intentar promover que lo setentista era por definición progresista, una jugada dialéctica que llegó a calar en nuestra clase media achambonada.
En vista al daño que el pensamiento progre ha causado, y por la vaguedad conceptual que este encierra hace falta hacer un análisis casi taxonómico de lo que este implica. En momentos en que casi no se sabe qué significa ser peronista, ser radical y en que muchos no se animan a definirse de otras maneras -de derecha, por ejemplo- vale la pena que al menos tengamos en claro de qué hablamos cuando hablamos de progresismo. Para ello sirven perfecamente unos párrafos extractados de uno de los textos mas claros escritos en los últimos tiempos en el país: Crítica de las Ideas políticas argentinas, de Juan José Sebrelli:
“Después del derrumbe del “socialismo real” el socialismo de cátedra retorna al anticapitalismo romántico, al socialismo utópico anterior a Marx, al romanticismo antiilustrado con su mitología irracionalista y arcaizante, su idealización de los pueblos primitivos, el rechazo ludista de la sociedad industrial y urbana...”
“un sector de la clase media semiculta de los grandes centros urbanos, agrupada bajo la denominación vagarosa de “progresismo”, o también “políticamente correctos”. Aunque no pueda desconocerse su consagración sincera a las luchas por las libertades, los derechos humanos, la equidad, tampoco deben soslayarse sus serias falencias. Sus principios vagos y contradictorios, mezcla de ingenuidad e hipocresía, de contestación y conformidad con las bogas vigentes y beata devoción por las “buenas causas”, asemejan a los progresistas de hoy a los “idiotas útiles” de los tiempos dorados del estalinismo. Son utilizados, a veces, pero desdeñados por la ultraizquierda y abominados por la ultraderecha, aun cuando todos ellos están unidos por un común nacionalismo y antinorteamericanismo furioso. Los progresistas inciden en la opinión pública, ya que muchos son profesores, escritores, periodistas, psicoanalistas, artistas, comunicadores sociales, a los que se suman ricos con sentimiento de culpa, o gente exitosa en el mundo del espectáculo, el deporte o los negocios.”
“ Rasgos característicos del progresismo son la confusión entre moral y política, entre moral y economía, el rechazo por toda forma de realismo político, la siustitución de los análisis concretos por la denuncia y la lamentación, el reemplazo de propuestas viables por la sujeción a principios abstractos, a bellos deseos imaginarios, una obstinada negación de ver la cruda realidad y una memoria histórica maniquea y distorsionada.”
“Paradójicamente ser progresista hoy es rechazar la idea de progreso como obsoleta y predicar la decadencia de Occidente y el apocalipsis del mundo mercantilizado, temas de la derecha fascistizante de otros tiempos.”
“Por su incapacidad de crear un nuevo partido... el progresismo está obligado a apoyar alternativamente a los dos partidos mayoritarios... aunque de tanto en tanto, rompe esta rutina con la aparición de algún nuevo partido de trayectoria fugaz...” “El radicalismo y el peronismo son percibidos como progresistas cuando están en la oposición y reaccionarios cuando están en el poder... El progresismo, que nada aprende, repite eternamente los mismos errores...el engaño será siempre posible mientras existan quienes quieren ser engañados y necesitan engañarse a si mismos.”


Ya está todo dicho. Punto.

3 comentarios:

Louis Cyphre dijo...

Muy buena respuesta, Rubén, de progresista a progresista y de revolucionario a revolucionario te digo que la comparto 100%.

MarcosKtulu dijo...

Entre Sebreli y vos destruyeron al progresismo por 23892493 vez. Esta fue muy elegante cabe destacar, pero sin pelos en la lengua. Contra esta gente no hay que guardarse nada así como tampoco hay que darles más importancia de la que merecen. Después de todo son mediáticos al hartazgo y ese es su juego.

BlogBis dijo...

Cristian, el texto es tan, tan, tan... que no merece estar en este sitio. Te lo mando por mail.