8 de diciembre de 2007

Banco del Sur

Como el Estado es del pueblo, o sea de nadie, los fondos que éste toma de la sociedad son utilizados sin mayor reparo en proyectos de dudosa necesidad o utilidad. Más aún cuando no existe ningún tipo de contrapeso a las acciones del Ejecutivo, cuyo resultado es que el campo de acción de éste se vea totalmente aumentado al infinito para hacer y deshacer.

Ahora resulta que los dineros públicos serán utilizados para formar el denominado Banco del Sur, del cual dicen los fundadores se encargará de financiar proyectos de desarrollo en sectores clave de la economía, orientados a mejorar la competitividad y el desarrollo científico y tecnológico, agregando valor y priorizando el uso de materias primas de los países miembros.

Esto ya había sido acordado en aquella visita de Kirchner a Chávez en febrero pasado, pero hasta ahora solo había quedado en puras palabras. Aunque intenten disfrazar al banco como una nueva entidad que financie inversión productiva, no es más que un típico acto caprichoso de decirle al FMI: miren, nos hacemos nuestro propio banco solamente para joderlos. Es más, qué mejor que leer a los propagandistas chavistas sobre este nuevo banco
, del cual dicen persigue como objetivo central ser autónomo de las políticas económicas neoliberales del FMI y BM, pues busca disminuir el depósito del ahorro interno de las economías de la región suramericana en los bancos del Norte. Asimismo es un paso previo a la formación de la moneda común del Sur como respuesta a los efectos nocivos de las crisis del dólar.

Es muy probable que este nuevo engendro acabe como toda institución latinoamericana donde se mezclan tipos como Chavez o Kirchner. Al banco le terminarán encontrando financiamientos a los amigos del poder que luego nadie pagará, o se financiarán obras por el triple de su verdadero costo al estilo Skanska. Todo gracias a las estúpida idea de querer hacernos los enojados y creer que hay que inventar cosas a cada rato en vez pensar el futuro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Juan Carlos, ¿porqué te callaste frente a Videla?


Se sabe: el Prólogo que Sartre escribió para el libro de Fanon es infinito. Lo es sin duda para los que asumimos que la Historia no deja de remitirse a él, de convocarlo. Sucede algo y nos encontramos diciendo: "Esto ya lo decía Sartre en el Prólogo a los condenados de la tierra". Si tocamos el tema del sujeto: Sartre lo saca de Europa y lo pone entre negros, en Argelia. Era, Europa, el sujeto, ahora es el objeto. El sujeto es la descolonización. Si polemizamos sobre la violencia, ahí, otra vez, está el texto de Sartre, violento de cabo a rabo; violento en su expresividad lingüística y conceptual. Violento en su desbordada genialidad. Violento en su desmesura, en el constante acto de excederse a sí mismo. Violento en sus postulaciones concretas. Se conocen:
Por José Pablo Feinmann

"Hay que matar". O también: cuando el colonizado mata al colono nace un hombre libre y queda un hombre muerto. No esperábamos –sin embargo– lo que acaba de suceder. De aquí nuestro asombro, nuestra perpleja pero precisa verificación de la siempre renovada actualidad de ese Prólogo. Acaba de llevarlo a primer plano el rey Juan Carlos de Borbón.

No vamos a extendernos sobre la importancia del lenguaje en los últimos cincuenta años de la filosofía. Para Wittgenstein el mundo y el lenguaje son coextensivos. Sólo es relevante aquello que se encuadra en la lógica de las palabras. Escribe: "Los hechos en el espacio lógico son el mundo" (Tractatus Logico-philosophicus, 1.13). Y luego: "A los objetos sólo puedo nombrarlos. Los signos hacen las veces de ellos (...) Una proposición sólo puede decir cómo es una cosa, no lo que es" (3.221). Toda proposición que intente decir qué es una cosa es una proposición metafísica. No puedo decir qué es una cosa. No hay cosas, hay signos. De aquí la célebre fórmula final del Tractatus: "De lo que no se puede hablar hay que callar". Heidegger –desde una posición diferenciada pero no menos firme en la aseveración de la primacía del lenguaje– hablará del lenguaje como morada del Ser. Lacan dirá que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Sólo estoy señalando algunos célebres ejemplos. Miles, miles de páginas se han escrito partiendo de estos postulados. A este giro de la filosofía se le ha puesto un nombre: giro lingüístico. Cuando Michel Foucault propone, en Las palabras y las cosas, la "muerte del hombre" es para reemplazarlo por la trama histórica posestructuralista, cuya vertiente más señaladamente semiológica (la que hunde sus raíces en Ferdinand de Saussure) lo reemplaza, sin más, por el lenguaje. Si el "lenguaje", en estas corrientes de la filosofía, tiene la potencia de ponerse en el lugar del "hombre" de la modernidad, mucha habrá de ser su centralidad, su importancia, y acaso su posesión. De aquí que Sartre empiece su Prólogo diciendo: "No hace mucho tiempo, la Tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado". ¿Qué es el Verbo? Digamos dos o tres sinónimos: palabra, voz, lengua. El Verbo (no en vano Sartre elige esta palabra) es el célebre logos de los griegos. Sería interminable extendernos sobre el concepto. Sólo bastará señalar que logos es palabra o concepto o discurso o razón. En latín, verbo es verbum. Quienes fueron jovencitos estudiantes de filosofía durante los tempranos años sesenta recordarán –como yo recuerdo– que había ahí, en la calle Viamonte, dos librerías: Verbum y Galatea. Verbum era un nombre formidable para una librería que mostraba en su vidriera libros de Platón, Descartes, Kant o Husserl. O la Diana de Montemayor. O el Persiles de Cervantes. En mi Diccionario de griego no bien llega uno a la palabra logos (que significa, ante todo, "palabra") lo atrapa el vértigo: hay tres columnas a partir de ahí y las complejidades no parecen terminar. No en vano el Verbo era propiedad de los europeos. El Verbo en tanto razón, en tanto palabra. Hablar es disponer del Verbo. El escándalo es que a partir de la descolonización los colonizados se han apropiado del Verbo. Ya no lo toman prestado. Lo usan, y lo usan contra los colonizadores. Son capaces de decir cosas terribles. Por ejemplo: "Entre colonizador y colonizado sólo hay lugar para el trabajo forzoso, para la intimidación, para la presión, para la policía, para el tributo, para el robo, para la violación, para la cultura impuesta, para el desprecio, para la desconfianza, para la morgue" (Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo, Akal, 2006, p. 20). Es Aimé Césaire el que acaba de usar el verbo. Césaire, poeta y dramaturgo negro, que nació, como Fanon, en Martinica. Qué cosas tan incómodas ha dicho. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve a usar contra el colonizador el Verbo que éste le ha prestado? Si se han hecho hombres por nosotros, si se han integrado a la Historia porque cierta vez los invadimos, les dimos un Dios, matamos a los inútiles y los rebeldes, les quitamos sus riquezas y les dimos la Razón, el Progreso, la Civilización. ¿Por qué usan contra nosotros una palabra que nosotros les dimos? ¿Por qué no se callan?

Un rey, durante estos días, perdió los estribos durante una Cumbre Iberoamericana que se realizó en Chile. Tenía ante sí a un presidente latinoamericano, oscurito para colmo, con rasgos de indígena y que hace un uso brillante del Verbo. El rey, se sabe, es el anacrónico Juan Carlos de España. El presidente latinoamericano es el polémico Hugo Chávez. Aquí no voy a referirme a ninguno de los dos. Del rey ya he dicho que es un anacronismo. Todo monarca, sea inglés, sea holandés o sea español, es un anacronismo escandaloso en el siglo XXI. De Chávez hablaremos en otra oportunidad. Pero hay que decir que en cuanto al Verbo, en cuanto a la palabra, Chávez lo maneja infinitamente mejor que el rey. Quien sólo fue capaz de una rabieta inadecuada, de una ira de monarca en tierra de salvajes: "¿Por qué no te callas?", célebremente ya le dijo a Chávez. Toda la historia del colonialismo late en esa frase. Basta de usar el Verbo, tú, hijo de indígenas, descendiente de esclavos. Es un rey europeo el que te lo ordena. Un descendiente de colonizadores, de osados aventureros que os han descubierto para la Historia, de una civilización que ha puesto el Verbo en tu bocaza insolente. Chávez es un orador brillante. Podemos creerle o no. Pero el monarca que pretendió hacerlo callar sólo es un ente arqueológico, aturdido, un rescoldo de tiempos ásperos y viejos que sólo sabe dar órdenes a quienes considera naturalmente (y por tradición) inferiores a él. Qué sorpresa, sin embargo, majestad. Ahí, frente a usted, un indígena levantisco usa el Verbo en su contra, él, a quienes ustedes se lo entregaron como gracia de Dios, lo usa mejor que ustedes y los saca de las casillas, los arroja a la indignidad de los malos modales, lo transforma, a usted, majestad, en un rey que pierde los estribos ante un vasallo que le moja la oreja, qué deshonor, qué vergüenza ante la historia, ante su linaje, debiera usted, acaso, pensarlo bien y luego, elegantemente, abdicar.

En su última contratapa, la revista Barcelona exhibe una foto del rey Juan Carlos de Borbón, de su esposa, Sofía, y, junto a ellos, hay un genocida, el general Jorge Rafael Videla. El rey español y su mujer lo visitaron, lo respaldaron con su presencia y no le dijeron que se callara. Tal vez porque Videla hablaba poco, tal vez por otros motivos. Como fuere, le entregaron el prestigio de una monarquía europea, fortaleciéndolo. Los que hacen Barcelona publican la foto y una frase: ¿Por qué te callaste? La frase está dirigida al rey Juan Carlos Si ahora ordená callar a Chávez, ¿por qué él se calló ante Videla?

Anónimo dijo...

Lo hizo callar por maleducado, no inventés versos bananeros.

Claude dijo...

Primero me gustaría decir que el Banco del Sur me parece una berretada total, y luego quisiera citar algo para el primer comentarista:

Las relaciones con España

Como se verá en el caso de Francia, en las relaciones con España ocupó un lugar relevante el tema de la violación de los derechos humanos por parte del régimen militar argentino. Si bien durante la gestión de Adolfo Suárez (1976-1981) no se registró la adopción de medidas concretas de promoción de la democracia, cabe hacer mención de los permanentes reclamos en relación con los derechos de las personas efectuados ante las autoridades del Proceso militar. Incluso, durante la visita de los reyes españoles a la Argentina en noviembre de 1978, el rey Juan Carlos I expresó:

(...) estamos convencidos que el orden político y la paz social no pueden tener otros fundamentos que la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes y el respeto por la ley. Porque el orden puede y debe ser construido y defendido con procedimientos basados en los fines humanos del poder.

El discurso real fue interpretado por los distintos medios de prensa españoles como una preocupación por responder a los reclamos de los familiares de desaparecidos españoles en la Argentina, mientras que la mayoría de los medios argentinos, en sintonía con la óptica del gobierno de Videla, no ocultaron su disgusto ante la apreciación “errónea y prejuiciosa” de la realidad argentina por parte de los españoles. Otro ejemplo de esta política española de preocupación por la situación de los derechos humanos en la Argentina fue la audiencia que los reyes concedieron al ex senador radical Hipólito Solari Yrigoyen en 1980. Asimismo, cabe subrayar también la importancia de España como país receptor de exiliados argentinos disidentes del régimen militar. Así, durante la gestión de Suárez se crearon mesas de partidos democráticos que, junto con el Parlamento europeo, fueron utilizados como instancias de contacto con los exiliados tanto argentinos como de otros países de la región.

Visto aquí.