28 de noviembre de 2013

El asado

Seguro que muchos no lo pueden ver al autor ni en figuritas, pero esta reflexión me gusta:

El asado es la pereza hecha comida –y la pereza, a veces, produce grandes obras. Sobre todo cuando, como en el caso del asado, está asociada a la riqueza, el despilfarro: si no hubiera habido tanta vaca suelta –tanta riqueza sin patrón– en la pampa argentina a nadie se le habría ocurrido desperdiciar su carne como la desperdicia cada asado.

Sigue aquí.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Uy! see, porque debe haber hecho tantos asados este aparato...
Y de dónde saca que es un 'desperdicio'? Será él el que tira todo después de haberse lastrado algunos codeguines?
Pinta de comilón tiene... En el buen sentido, eh? ;)

Nicolás dijo...

Anónimo, gracias por regalarnos con tamaña reflexión, su aporte al pensamiento y la reflexión será por siempre atesorado en nuestras mentes.
Esto no es sarcasmo, no, claro que no.

Gus VF dijo...

Me gustó la nota, no tanto por lo que explícitamente expresa sino por los sentidos que genera y abre.

Sí, da un poco de ganas de preguntarle al autor ¿pero vos alguna vez hiciste un asado? (uno siempre sospecha que estos izquierdosos se desconectan fácilmente de la realidad). Porque la cosa no es tan primitiva y sencilla como parece, también hay un 'saber hacer' allí. El Gato Dumas siempre repetía que lo máximo en el arte culinario está en la cocción y no en la mezcla, la mejor mezcla se arruina si está mal cocida, por eso él se definía a sí mismo como ‘cocinero’ y no como ‘chef’.

Es cierto que hay como un rito atávico alrededor del asado. Pero hay que tener en cuenta que, como los ‘yahoos’ en el cuento ‘El informe de Brodie’ de Borges, los argentinos no somos primitivos sino degenerados. Detrás de cada asadito quizás esté el deseo inconsciente de asar a un niño gorila o peronista según el caso. Hay mucho de salvaje refinado, vago y perverso, nadando en un mar de sangre y tripa gorda. Pero aún así, basta ver a un norteamericano sancochando deformes trozos de carne en una barbacoa para darse cuenta que lo nuestro tiene otro ‘arte’.

Beto dijo...

Caparros es inteligente pero como buen zurdo patina mal, como en este caso.

"Si no hubiera habido tanta vaca suelta –tanta riqueza sin patrón–"

Como todo nabo socialista Caparros piensa que las vacas (o la riqueza) crecen solas y solo hay que tomarlas. Eso es pereza.

Si llegamos a tener los niveles de consumo mas altos del mundo fue porque hubo gente que se mato prodciendo ganado no solo para satisfacer la demanda mundial sino para abastecer generosamente el consumo local. El asado no solo es sinonimo de riqueza sino tambien de trabajo.

Lo que nunca se va a preguntar Caparros es por que se destruyo la produccion y por que nos obligan a comer basura para suplir lo que alguna vez supimos tener.

Caparros podria pasar por el Uruguay y preguntarse si tambien los charruas son perezosos, porque hoy nos superan en consumo de carne per capita (que casualidad, justo cuando tambien aumento su produccion).

Anónimo dijo...

Podría haber leído algo de historia de la ganadería antes de escribir semejante boludez.
El asado era el peor corte, por eso se lo daban a los peones, y los animales que se faenaban para los saladeros o para cuero antes de 1880 eran bien criollos (magros y duros), la carne que estamos acostumbrados a comer ahora surge con la introducción de las razas británicas, principalmente el Angus en 1879. Bueno la historia desde 1880 a 1930 uds. la saben.

Unknown dijo...

Anónimo 6:33: coincido totalmente con su comentario. Hasta que llegó de Inglaterra el toro Tarquino y se alambraron bien los campos, no comenzó la etapa en serio de la ganadería vacuna argentina.

Lo que malinterpreta Caparrós, y conociéndole el pedigree me imagino que lo hace intencionadamente, es que muchas veces ocurría que cuando un gaucho, que iba de paso hacia otros pagos, yendo por el campo sin alambrar se encontraba con una vaca bagüala, solía matarla para comerse el lomo y dejaba el resto tirado.

A veces también cortaban la lengua o un pedazo de lo que hoy diríamos bife de chorizo porque, como Ud. bien señala, en las estancias la peonada siempre ligaba los peores cortes, incluyendo el asado, y no veían lomo ni para el 25 de Mayo.

Gus VF dijo...

Coincido con Beto, Anónimo 6:33 y don Enmas. “El asado es un acto de arrebato” dice también el muy nabo, un concepto que tiene tanto que ver con el robo, único modo que tiene de entender la obtención de riqueza. Se ve que en su perra vida se cruzó con un ganadero ni husmeó ni un poquito para ver de qué se trata toda la cadena posterior de elaboración, investigación, distribución y comercialización. Claro, para un intelectualito progre como él, el ganadero es un aborrecible oligarca y los de la industria cárnica unos intratables subhumanos que nada entienden de Foucault, o sea seres inferiores que se dedican a cuestiones pueriles. Sufre del prototípico agujero mental producto de tener como base intelectual a Marx y a un “la vaca NOS DÁ la carne” aprendido en la primaria. Pese a todo, y armado con mi batería de críticas por conocer de dónde viene, suelo leerlo con cierto agrado a MC.

De esa historia argentina del siglo XIX que señala Anónimo me gusta siempre rescatar la vida de Pedro Luro, casi el “inventor” de la ganadería vacuna tal como la conocimos en nuestro país. Hace más de una década pasé unas largas vacaciones en Mardel y cansado ver en la playa tantas carnes argentinas (que siempre hay de las buenas pero también están las de las focas, y no me estoy refiriendo precisamente a los animalitos que retozan en la escollera sur), me fui a la Biblioteca Municipal y me hice fotocopiar un incunable que encuentro ahora en una foto aquí:

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9e/VillaMitre2.jpg

Muy interesante y trascendente la epopeya de este vasco, por lo general desconocida. El libro se llama ‘Pedro Luro, un pionero de la pampa’ por Roberto Osvaldo Cova. Habría que googlear ahora para ver si el libro anda colgado por ahí. Yo perdí las fotocopias al poco tiempo a manos de un escritor amigo que se interesó demasiado en ellas. Fue una prueba más de que la riqueza se hace robando, aunque en este caso se produjo una mejor y justa distribución de los bienes, ya que sé que les dio mucha más utilidad que la que podría haberles dado yo, y eso me alegra.

Y para ver el arte de cocinar con esos fuegos tan argentinos, permítanme recomendarles los programas de Francis Mallmann en el canal Gourmet, son estupendos. Mucho más que un simple programa de cocina, me animo a decir que es uno de los mejores programas de TV argentinos en muchísimo tiempo. Sobre todo la serie que están repitiendo por estos días, que se llama “Vientos del Sur”.