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28 de octubre de 2014

La culpa de todo.

La Refinería 113 años después del asesinato de Cosme

La primer muerte en la Argentina, a raíz de la represión policial de una protesta obrera, ocurrió en  Rosario en 1901. Era en tiempos de anarquistas, y el asunto fue a las puertas de la entonces Refinería Argentina de Azúcar (de los Tornquist), en lo que ahora es la entrada del barrio cool Puerto Norte.
El finado se llamaba Cosme Budislavich, era austríaco, y pedía mejoras en las condiciones de trabajo. 

Menos de un año después se sancionó la Ley Cané (propuesta por el mismo Miguel Cané de Juvenilia) que permitía que el Poder Ejecutivo echara sin juicio previo a los extranjeros  que "comprometieran la seguridad nacional o el órden público". 

Un siglo atrás el mal venía del imperio austrohúngaro, de Rusia, y de Alemania. Ahora los malos son bolivianos, colombianos y paraguayos. Como el Estado no sabe que hacer con la amenaza que le aparece, prefiere echar a los que interpreta como peligrosos. 

Yo mas que a un sicario colombiano (que debería ir a una bella cárcel argentina, de merecerlo) echaría a algún lenguaraz uruguayo que hizo fortuna vendiendo sus servicios a los colonizadores del Estado.  

3

carancho dijo...

Brillante, Don BB.
¿Será muy de facho que antes de expulsar al uruguayo le corten la lengua? Digo, para evitar reincidencias...

Anónimo dijo...

Coincido con su apreciación. Como le cuesta a los argentinos entender y hacer las cosas como se debe. Debería permitirse el libre ingreso al País cualquier ciudadanos del mundo -que no esté huyendo de la justicia de otro país o tenga deudas pendientes-. En caso de cometer un delito en el país, deberá ser juzgado y condenado por su delito. En caso de reincidencia y luego de cumplida el total de la pena por reincidencia, debería deportárselo a su país de origen y negarle el ingreso nuevamente. Esto es lo que yo creo que debería hacerse con los extranjeros. Además, deberían cumplir estrictamente con todas las obligaciones de cualquier argentino y gozar de los mismos derechos; ni más ni menos. Les cuento, que hasta hace muy poco (y no sé si aún está vigente), un paraguayito indocumentado tenía derecho a una vacante en la escuela pública, mientras que un argentinito sin DNI, no podía acceder hasta no tener su documento. Díganme si estoy equivocado - JUAN

Anónimo dijo...

hablando de lenguaraces
"Yo vi el analítico: es abogada"

 
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