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7 de octubre de 2014

Nota de Claudio Chiaruttini en Urgente 24

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). La posibilidad de que Cristina Fernández no pueda completar su mandato fue puesta en la mesa de análisis por la propia Presidente de la Nación. Es un tema que no se puede ignorar dado que, hablar del ataque como defensa, el complot como estrategia (con posibilidad de magnicidio, incluida), la “camporización” del Gobierno como acción y el “despegue” del peronismo como efecto, no son más que tributarios del escenario que planteó la Presidente de la Nación esta semana.

El más simple manual de estrategia sostiene que identificar y denunciar un posible escenario lo evita o lo posterga y, al mismo tiempo, construye otro escenario y deja un registro para la historia. Y eso es lo que hizo la Presidente de la Nación: con su denuncia, intenta exacerbar la debilidad del Gobierno, al tiempo que se dota de herramientas que potencia su poder; señala culpables para “desnudarlos” ante la sociedad, se esfuerza por ganar tiempo y, al mismo tiempo, busca recuperar masa política perdida, alinear a la tropa, darle un sentido a la lucha y crear una épica para que, en el futuro, si algo le pasa, Cristina Fernández pueda expresar: “se los dije”.

En su decadencia, Cristina Fernández toma comportamientos de Raúl Ricardo Alfonsín y de Carlos Saúl Menem, ella actúa para no terminar como Fernando de la Rúa o Eduardo Duhalde. Así, como hizo Raúl Ricardo Alfonsín con “la Coordinadora”, la Presidente de la Nación se aísla cada día más y se encierra en “La Cámpora” para manejar los resortes del poder, pese a que sabe que no están preparados para esta tarea. Tal como hizo Carlos Saúl Menem, la Mandataria usa la victimización y la posibilidad de extender su presencia en el Gobierno para poder llegar al último día de su gestión con el máximo de cuota de poder posible.

¿Cuáles son los miedos de Cristina Fernández? Ella no quiere terminar como Fernando de la Rúa, abandonando su mandato antes de fecha, pero tal como le sucedió al radical, ella ignora los efectos de los errores que está cometiendo en la economía y entregó su suerte a otro Superministro de Economía (en el fondo, Axel Kicillof es como el Domingo Felipe Cavallo de 2001, poderoso, pero equivocado en sus diagnósticos y acciones). En cuanto a su temor a no repetir el fracaso de Eduardo Duhalde, ella no quiere caer por culpa de la conflictividad social, pese a que las acciones de Gobierno llevan a un escenario de ese tipo, y no quiere que el kirchnerismo corra la misma suerte que el duhaldismo: que se diluyó a fuerza de billeterazos y saltos por conveniencia.

Desde que ella asumió que el proyecto re-reeleccionista fue sepultado en las urnas en 2011, Cristina Fernández viene develando y diseñando un escenario de caos, debilidad y complots diversos. Por un lado, para tapar sus errores de gestión, pero sobre todo, para justificar las acciones que tomará de aquí en más: ya no será la seducción de la billetera la fuente de la fidelidad sino que será el inmenso poder policial del gobierno y la “lluvia de carpetazos” los que mantendrán “controlados” (para no decir sometidos) a todos los factores de poder que hay en la sociedad argentina. De allí el “ajusticiamiento” público de Juan Carlos Fábrega. Fue un leading case de lo que se viene.

Para los sindicatos de diseñó la judicialización de la protesta social, para industriales y empresarios la Nueva Ley de Abastecimientos, para los holdouts la Ley de Pagos Soberanos, para el campo se viene un remedo de una nueva Junta Nacional de Granos, para controlar a la City se intervino el Banco Central, para asfixiar al mercado cambiario está la UIF y la AFIP, para el peronismo está el Presupuesto 2015, discrecional como pocos en la historia argentina.

Pero tener las herramientas que le permitan avanzar en acciones policiales no implica poder alcanzar los objetivos deseados cuando se diseñó la norma. Ya quedó demostrado con la Ley de Medio y el Grupo Clarín. Pese al inmenso esfuerzo y recursos que usó el Gobierno contra el multimedios, el holding presentó su propio plan de encuadramiento, conveniente para los intereses de los socios del multimedios y lejos de los deseo del Gobierno.

Que Cristina Fernández avance sobre los factores de poder de la Argentina no implica que los pueda someter. Si por definición estamos en un fin de ciclo, cuya esencia es la debilidad creciente de la Presidente de la Nación, abrir muchos frente al mismo tiempo puede acelerar un desenlace no deseado por la sociedad (hoy, entre 70% y 80% de los encuestados quieren que la “abogada exitosa” termine su mandato y rechazan cualquier tipo de final anticipado, incluso la renuncia).

Pocos “amigos” le quedan a Cristina Fernández en la Unión Industrial Argentina y en la Cámara Argentina de la Construcción, 2 de las centrales patronales más cercanas al Gobierno; la CAME fue“re-seducida” hace pocos días, la indecorosa expulsión de Juan Carlos Fábrega hizo que la Presidente de la Nación perdiera, también, las pocas fidelidades que había en el mercado bancario y financiero; las 2 CGT han comenzado diálogos para reunificarse, a los gobernadores se los mantiene atrapados con refinanciaciones de deuda cada 3 meses, los intendentes están que braman contra la recién creada Secretaría de Acceso al Hábitat, que busca perforar su poder en las villas del conurbano. ¿Qué posibilidades hay de que el Gobierno pueda controlar en forma permanente tantos frente abiertos?

Pero la construcción discursiva de la Presidente de la Nación tiene un problema: salvo a los ultrafieles, ya no convence. Cristina Fernández denunció que podrían llegar a matarla y nadie, ni en el Gobierno, tomaron en serio sus palabras; lo mismo cuando señaló como posibles culpables a los “fondos buitres”, a los “grupos concentrados” locales y al Gobierno de los Estados Unidos. El “no toquen a Cristina”, causan gracia.

Hay que conocer las diferenciar: las amenazas de Cristina Fernández hay que tenerlas en cuenta, dado que el poder de daño del Gobierno aún es inmenso; pero las denuncias de la Presidente de la Nación comienzan a aburrir hasta puertas adentro del kirchnerismo.

Es cierto que Daniel Scioli dice que “el verdadero cambio es no cambiar”, que el Gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, sostuvo que "el golpe de Estado viene de la mano de los fondos buitre"o que el legislador porteño Jorge Taiana afirme que "si trabajamos juntos, unidos y solidarios no nos van a derrotar". Es una sobreactuación esperable en este momento, pero todos expresan algo en forma inconsciente: ha comenzado la fuga del peronismo kirchnerista hacia el massismo, el macrismo y, en menor medida, hacia el sciolismo. Es el peronismo, que ha comenzado su proceso de traición de un liderazgo para adoptar otro liderazgo al cual someterse.

Y Cristina Fernádez lo sabe, por eso Axel Kicillof fue bendecido como nuevo “Superministro de Economía”, pero la falta de capacidad que ha mostrado el economista neomarxista no implica que poder sea sinónimo de efectividad. Hasta ahora, la lista de errores cometidos por el funcionario es inmensa y pasan desde la destrucción de las industrias inmobiliaria y automotriz a las pésimas negociaciones con Repsol y el Club de París, de haber caído en default y no conseguir préstamos contingentes de Brasil y Rusia a no haber contenido la inflación, entre otras iniquidades.

En 10 meses y medio como ministro de Economía, Axel Kicillof no puede mostrar ningún éxito.Desde que juró en lugar de Hernán Lorenzino, la inflación se espiralizó, aumentó el déficit fiscal, se redujo el superávit comercial, comenzó a caer el PBI, el desempleo es mayor, lo mismo que la pobreza y la indigencia; fracasaron las negociaciones con los holdouts, perdimos batallas judiciales en la Suprema Corte de los Estados Unidos, en la Cámara de Apelaciones de New York y en el Juzgado de Thomas Griesa, entramos en conflicto con el Bank of New York Melon, fuimos expulsado de los mercados marginales del mundo y cinco calificadoras de riesgo del planeta nos tienen en default.

Que Axel Kicillof haya colonizado el Banco Central y tenga el control de la Comisión Nacional de Valores no implica que desaparezcan las trabas para que un buen programa económico entre en funcionamiento a pleno; sino que ya no hay más culpables a los que pueda señalar el Superministro de Economía por sus errores, por sus fracasos, por sus falancias.

Axel Kicillof ya no tiene excusas para no alcanzar sus objetivos. Tal como Cristina Fernández, ya no puede seguir señalando a otros por el resultado de las políticas que aplica. Ahora quedó “en carne viva” el “modelo de industrialización nacional, con redistribución de la riqueza”. Por eso, los operadores económicos esperan que la crisis sea mayor.

Axel Kicillof, como Cristina Fernández, creen que a más intervención del Estado, mejores resultados se obtienen. Por eso analizan meter mano en los encajes bancarios, crear un Cedin con garantía de la reserva de hidrocarburos no convencionales Vaca Muerta, y una nueva Junta Nacional de Granos. Hace meses que el ajuste lo realiza el sector privado mientras el Gobierno no hace el mínimo ahorro fiscal. Por eso, ahora, van sobre la rentabilidad del campo, los bancos y las empresas. También miran a los que ahorran, son un blanco fácil. Y el 2001 nos dejó una lección: cuando se va sobre los bolsillos de la gente, la crisis política se hace crisis social, el caso gana la calle y el poder cambia de dueño.

Tal como ocurrió apenas juró como presidente de la Nación Néstor Kirchner, el enemigo elegido del momento son los bancos. En su discurso en la Casa Rosada, Cristina Fernández los acusó de alentar la fuga de divisas, de trabajar con información privilegiada del Banco Central y de tener acuerdos con el personal de carrera de la entidad para mantener “cajoneados” 80.000 expedientes con infracciones.

Por eso Cristina Fernández dejó que Axel Kicillof tome el control del Banco Central y de la Comisión de Valores y que haya colocado a un reglamentarista obediente como Alejandro Vanoli en la silla de Juan Carlos Fábrega; se viene una “negociación” con las entidades financieras:sanciones, intervención, reducción compulsiva de la rentabilidad y “carpetazos” u obediencia absoluta, fin del blue y freno a la fuga de divisas.

El “virtual” feriado cambiario del jueves 02/10 y viernes 03/10 dejaron en claro que la dolarización de carteras y la fuga de divisas no sólo se mantienen, sino que crecen. Cristina Fernández avanza hacia una inmensa pulseada contra el mercado como no se ha visto desde las postrimerías del Gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín. Y ya se puede especular sobre el posible final.

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carancho dijo...

A todo el desquicio económico súmenle el calor, los cortes de luz y los saqueos de fin de año y tenemos un combo divino.

Sebregondi dijo...

Dardo Gasperre, cuando habla de economía es divino, cuando se pone a sermonear abruma.
La respuesta implícita que Dardo le da a su cuándo es el peronismo, las preguntas están hechas para responder "1945".
El "mito de los orígenes" de los argentinos. Es decir, cuándo demonios comenzamos a ser un país de mierda, cuándo realmente fue que lo buenos y excelentes que éramos dejó de ser para convertirnos en esta bosta que somos ahora, cúando diablos we get fucked up. El peronismo, los milicos, los ´90, los '30,la elite oligárquica del ´80. Elijan la que guste, total van a estar errados...
¿Porque realmente en algún momento fuimos buenos y excelente?¿El peronismo salió de la nada, fue un azar?¿No estaba inmerso en nuestro destino? Porque yo recuerdo que hubo un proto-peronismo llamado Yrigoyen que fue una especie de caudillo siglodiesiochesco aunque moderno, y a su vez hubo alguien que se llamó Rosas, que tenía un apego en las masas similar a un prócer llamado Saavedra.
Nunca nos jodimos, estuvimos jodidos desde el inicio, esos planes sociales, ese clientelismmo que ven, esos punteros territoriales, esos empresarios prebendarios, esos jueces corruptos, estuvieron ahí desde el inicio. Welcome to Latinoamerica my boys.

Anónimo dijo...

@Sebregondi

Excelente análisis. Creo que hay mucho de verdad en lo que dijo. Gracias. Saludos.

 
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