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22 de julio de 2015

Sin memoria, sin historia

En estos días anduve buscando un texto (relativamente conocido) de historia europea del siglo XIX, lo que me llevó a revolver anaqueles en un buen número de librerias locales. Hacía bastante que no me tomaba tiempo en semejante trabajo exploratorio, que obviamente no dio resultado positivo. Las estanterías que exhiben el cartel "Historia" están ocupadas en un 70 u 80% por textos que se ocupan de Argentina, de los cuales la gran mayoría dificilmente pueda encuadrarse como verdaderos textos de historia, y donde la mayoría está enfocado en algún tema de los últimos 40 o 50 años, con una reciente proliferación de textos sobre los últimos 12.
Mucha basura de Pigna, pasquines de O'Donell, y montones de títulos de autores nac&pop, de esos que no merecen ni leerles las solapas, entre la que muy de vez en cuando aparece un autor decente nacional o extranjero. 

No extraña en consecuencia que el desconocimiento de Historia (local, nacional, americana, mundial) sea tan grande. Y que la Historia haya podido ser manejada como herramienta política en términos orwellianos. Falsedades monumentales  y versos infumablesse venden como verdades. Y ojo que esto no es propiedad exclusiva de los amantes del Relato infame que nos inunda. Los liberales argentinos también se aferran a relatos pintado a la acuarela, lejos de la realidad comprobable y documentada. 

También en estos días, tuve oportunidad de revivir mi recurrente diatriba contra la Historia Oficial del Liberalismo Argentino, que se pinta a si mismo libre de máculas, impulsora de un crecimiento ejemplar, en el ambito de un país idílico, con desarrollo homogéneo y firmemente sustentado por políticos que vendrían a ser la versión doméstica de los Founding Fathers, pero sin los males terrenales que arrastraban aquellos. Todos los vicios, todos los defectos, y todas las fallas de la Argentina actual en esta versión se orignan en un punto del siglo XX bastante difuso, y que según diversas versiones está en 1916, en 1930, en 1943 o 1945, todos puntos en los que -insisto, según la visión del puritanismo liberal- los liberales están exentos de culpas. En este relato Mitre es un Noble Tribuno, Roca es poco menos que el Supremo Argentino, Pellegrini el excelso Piloto de Tormentas, etc, etc. Torcer la Constitución? Un invento de los militares del 30. Presentar al partido propio como una extensión de la Patria? Sólo desde Yrigoyen. Desvencijar el sistema monetario? Sólo en tiempos del dirigismo. Exacerbar el culto a la personalidad? Un vicio de los populistas. Lástima que hay tantas, tantas pruebas de que al menos desde 1861 venimos repitiendo los mismos vicios, tirios y troyanos. Pero en un país de memoria corta, y desapegado al pasado nos especializamos en repetir una y otra vez las mismas estupideces. 

(Véase un bello ejemplo. Billete del Banco de San Luis, emitido con respaldo de la Nación y con curso forzoso. Emitido en 1888 lleva la efigie de Roca. Para la misma época también hubo alguno de otra provincia con la caripela del propio presidente Juárez Celman)



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Anónimo dijo...

Que difícil es un país donde todos mienten

Anónimo dijo...

Te estás convirtiendo para sumarte al marxismo? Te estuviste dando con Feinmann y canal Encuentro? O ambas cosas, porque a esta aa esta altura a Mauri sólo le falta prometer que vaa dejar todo igual con los medios K.
Francisco.

Gus VF dijo...

Hace poco comenté que en Argentina resulta bastante sencillo identificar la ideología de alguien preguntándole en qué fecha, a su juicio, comenzó la decadencia del país. Yo tengo las mías porque las intuyo como las que han marcado un punto de no retorno dentro un proyecto de país, pero quizás la respuesta más adecuada, en una visión más amplia, es que en realidad no importan las fechas porque la decadencia responde a problemas culturales que se transmiten generacionalmente, y señalándolas no hacemos más que nombrar mojones de un mismo proceso.

No soy afecto a especulaciones históricas, ni voy a ser original con esto, pero ¿qué hubiera pasado si las invasiones inglesas las ganaban los ingleses? Muy otra hubiera sido la historia de estas tierras y del resto de Sudamérica. Personalmente no tengo dudas que hubiera sido mucho mejor para el desarrollo del mundo y la vida en sociedad. ¿Por qué? porque, dentro de la evolución humana, la idiosincrasia sajona es la que ha sabido mejor mantener en pie los principios de la civilización, aún con sus eventuales avances y retrocesos. Es la que ha creado lo mejor del mundo en que vivimos (progres multiculturalistas y/o cerrados nacionalistas del mundo, ¡crucifíquenme!).

Casi milagrosamente a mediados del s.XIX una elite de locos lindos encabezados por Alberdi y Sarmiento decidieron contradecir sus propias idiosincrasias latinas y tomar como modelo y aspiración ser como Inglaterra y EE.UU. Un desafío descomunal: torcer pautas socioculturales, con el agregado de tener que lidiar en ese momento con la barbarie indígena y el lumpen mestizaje criollo. El experimento aún así alcanzó excelentes resultados, verificables aún hoy -más allá de las idealizaciones de los puritanos liberales que refiere BB- en las infraestructuras heredadas, excepcionales en su momento en la región. Pero esa noble aspiración, en su base social, nunca quizás haya superado de ser una mera impostación. La civilización es frágil, y si no se la sostiene con esfuerzo, todo se derrumba de un día para el otro. Algo así leí de Ortega y Gasset y nunca lo olvidé. Rechazado el trasplante inglés, continuado el injerto español, nunca pudimos sostener en el tiempo ser Canadá, Australia o Nueva Zelanda.

 
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