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17 de octubre de 2016

Mostrando una cara de la moneda







    Para un nuevo 11 de septiembre, la Izquierda comenzó a sacar a los muertos de su lado, pues los del otro lado no cuentan. “Hay animales más iguales que otros”, diría Orwell. Eso quedo demostrado con el inserto de las víctimas del terrorismo del Mir y del FPMR en el diario La Tercera y del escándalo que se armo en las redes sociales. ¡Y qué decir de los periodistas de La Tercera apoyando la censura! ¡Lo último! Había más libertad de prensa en el Gobierno Militar que en democracia. Como dirían en un viejo programa de televisión: “Aunque usted no lo crea”.

   En efecto, el actual embajador en los Estados Unidos, el demócrata cristiano, Juan Gabriel Valdés, cuyo único mérito es ser “hijo de” del ex canciller de Eduardo Frei Montalva, Gabriel Valdés Subercaseaux conocido como El Conde dijo en una entrevista al diario El Clarín, que el crimen de Orlando Letelier marco su vida: “Fue una mañana horrible, que dividió mi vida en un antes y un después, y me mostró los niveles del mal a los que podía llegar una dictadura”. No puede ser políticamente inteligente si voto por Bachelet para su segundo período y, además, es su representante.    
 
   Leyendo el blog de Hermógenes Pérez de Arce confirme mi sospecha del viaje de Bachelet a los Estados Unidos. Ella no fue para la sesión anual de las Naciones Unidos, sino que fue a sacar el muerto.Además, porque el Departamento de Estado iba entregar más archivos sobre el crimen, excluyendo naturalmente a la CIA. Y este se refiere al ex canciller de la Unidad Popular, Orlando Letelier. El político que despreciaba las políticas ‘neoliberales’ de los "Chicago Boys" se exilió en los Estados Unidos, y no en un país comunista. Letelier escribió en la revista comunista norteamericana The Nation las siguientes palabras sobre la política económica de Pinochet : “Aquellos que imponen la ‘libertad económica’ sin límite alguno también debieran ser estimados responsables si los requisitos y resultados de tal política son la represión masiva, el hambre, el desempleo y la permanencia de un brutal estado policíaco”. Le daba lo mismo las JAP, el desabastecimiento provocado por el propio gobierno de la UP. Para tratar imponer un régimen comunista como se hizo en Chile y lo vemos en Venezuela, el Gobierno tiene que controlar la comida.

   En la entrevista que le hacen al representante chileno en Washington nos revela que él trabajaba para Orlando Letelier: “Yo trabajaba con el ex canciller Orlando Letelier en Washington en el Institute For Policy Studies y colaboraba con él en lo que en esa época llamábamos la “solidaridad con Chile”. Es decir, con los contactos con parlamentarios, personalidades del Departamento de Estado, senadores y organismos internacionales, difundiendo la violación a los derechos humanos en Chile y las brutalidades que cometía el régimen de Augusto Pinochet”. ¿En la Unidad Popular no se violaron los derechos humanos? Como dije en un post lejano, desde el mismo 11 de septiembre la Izquierda orquestada por la ex Unión Soviética comenzó hablar violación de los derechos humanos del régimen militar. Esa expresión se refiere a los terroristas muertos. Inventando n cantidad de muertos.

  El Institute For Policy Studies que tenía lazos con la izquierda internacional y “con el filosoviético Transnacional Institute”. Juan Gabriel Valdés con un doctorado en Ciencias Políticas en una universidad inglesa jamás se enteró que trabajaba para los soviéticos.

   Por la entrevista deducimos que los progresistas demócratas cristianos y ex UP eran americanistas: “Fue el primer acto terrorista cometido por un Estado extranjero en Washington. Pinochet hizo durante su vida muchas manifestaciones de anti americanismo”. Orlando Letelier era anti americano.    Según Juan Gabriel Valdés, el general Augusto Pinochet no podía soportar que un político como Orlando Letelier con “una ideología y visión democrática, con fuertes contactos con el establishment norteamericano, empresas, el gobierno y el parlamento”. Lo primero, ¿Qué hacia entonces trabajando para un gobierno marxista leninista que quería imponer una dictadura comunista? Lo segundo. Lo que dice Valdés de Letelier es falso. Más bien, el ex ministro de Salvador Allende era una agente que hacía de nexo entre KGB y Cuba, según Mario Spataro. Era un agente castrista por los documentos encontrados en su maletín. El gobierno cubano le pagaba 1000 dólares al mes. El autor Pinochet: Las “incómodas” verdades cita a varias fuentes que ilustra que Letelier era un agente comunista, en primer lugar. En segundo lugar, que varias agencias de espionaje tenía en interés en que muriese con el propósito de desacreditar a la Junta: la CIA, la KGB y la DGI cubana.

   Según la revista norteamericana Defense & Foreign Affaire, basándose en una fuente reservada soviética: “Letelier en este punto le era más útil al Kremlin muerto que vivo”. Sabía demasiado entre la conexión entre Cuba, la KGB y Allende. Según los rusos de la Guerra Fría, “no fue asesinado por los servicios secretos chilenos sino en el ámbito de una maniobra destinada a desacreditar a Chile”, pues en ese momento el ministro de Pinochet, Jorge Cauas fue a Washington renegociar los préstamos y la ayuda al país. Es absurdo que lo haya hecho el Gobierno Militar.

   Según la agencia de prensa Concerned Methodists el Institute For Policy Studies tenía como objetivo: “desacreditar a Estados Unidos de todos los modos posibles, de hacer propaganda del desarme unilateral de Occidente, de unirse a la causa soviética y de ofrecer soporte al terrorismo. Era una organización multimillonaria, en fin, cuya actividad puede definirse, resumiendo, como de subversión e infiltración secreta”.

   Asimismo, para el embajador existe pruebas de que Pinochet ordeno matar a Letelier: “Entendemos que aún existen algunos que prueban de manera fehaciente la participación de Pinochet en el asesinato de Letelier”. No existen pruebas.

   Finalmente, concluye la entrevista con las siguientes palabras: “Los queremos ver porque Estados Unidos y Chile están unidos en la tragedia del golpe militar. No hay ningún otro país en el mundo que uno pueda decir que tuvo una injerencia igual en nuestra tragedia en Chile que Estados Unidos”. Hubiese preferido una dictadura comunista y un millón de muertos.

   Una cosa es que Kissinger, el secretario de Estado ha haya dicho a Pinochet: “Confía en nosotros, estamos con usted. Nosotros tenemos una gran admiración por lo que usted está haciendo”. Y otra cosa, totalmente distinta es atribuirle el derrocamiento de Allende a Kissinger.

   Llega ser una comedia de equivocaciones las relaciones entre los Estados Unidos y la UP. Pues, mientras Allende alegaba un supuesto embargo económico, recibía al mismo tiempo del gobierno norteamericano cereales. Una ayuda parecida a la recibió Corea del Norte durante la administración de Bill Clinton.

    Justamente, volví a retomar el libro Desde las Cenizas del periodista norteamericano James Whelan. Me quedan todavía cuatrocientas y tantas páginas. Voy en el capítulo del 11 de septiembre. Según cuenta Whelan, el Jefe de la CIA, Raymond A. Warren tenía órdenes de mantenerse cerca de la conspiración que la mayoría pensaba que estaba andando, sin embargo, ni tan cerca como verse envuelto. El señor de la CIA recibió dos cables. En el primero se señalaba una probable movida de la oposición contra Allende y que “la CIA fuese culpada como instigadora de cualquier golpe”. A lo que le respondió la oficina en Santiago de asumir la responsabilidad de prever el golpe “haciendo sonar el gong”, con lo cual tendría las manos libres para infiltrarse en todas las conspiraciones. Luego recibieron un segundo cable: “…apartándose abruptamente de lo que era la costumbre en la CIA…esta vez, mantener limpio el expediente de la CIA (es) más importante que predecir el golpe”. El jefe del área Latinoamericana de la División de Servicios Clandestinos de la CIA, el señor David Atlee Phillips le pregunto a su predecesor si la CIA estaba ayudando a los transportistas. Su predecesor le contesto que no lo estaban ayudando con el fin de “mantener las manos limpias”. La embajada norteamericana se relacionaba más con los demócratas cristianos.

  Con todo, los conspiradores militares no confiaban en los DC, a excepción de Carmona. El Departamento de Estado sólo mantenía a la oposición viva. La decisión de sacar a Allende vino de los propios chilenos. La CIA no intervino en el Acuerdo de la Cámara de Diputados. Además, los norteamericanos no sabían nada de “El Ladrillo”.

   La Izquierda chilena le gusta culpar a la CIA del fracaso del gobierno de Salvador Allende con el único fin de hacer creer que la Unidad Popular, esto es, una minoría que ocupaba el tercio del electorado era respaldada por la mayoría de los chilenos. Algo parecido que vemos en el segundo gobierno de Bachelet, que es más minoría que la UP.

   Por la razón anterior, les gusta desempolvar los archivos desclasificados de la CIA. Para eso tiene al periodista norteamericano Peter Kornbluh , autor del libro The Pinochet File. Según él, "Está intentando encubrir lo que Nixon sabía sobre el complot golpista en Chile y desde cuándo lo sabía, y también esconde los propios contactos y conexiones de la CIA con los planificadores del golpe". Pero esta afirmación no se condice con lo he citado más arriba.

   Según el periodista italiano, Mario Spataro, señor Kornbluh fue colaborador de Letelier y entro a trabajar Institute For Policy Studies “gracias a sus credenciales de comunista fiel.”

    A la Izquierda no les interesan los Archivos Mitrokhin ni los del bloque comunista, donde aparece Allende como pagado por la KGB. Cuando conozcamos todos los archivos de la KGB, la CIA, DGI cubana y la STASI de la ex RDA sabremos más de sobre un período de la historia de Chile. A diferencia del escritor Roberto Ampuero que se molestó porque a Allende lo vincularan con la KGB, pues había que desconfiar de los servicios secretos per se. Simplemente, como en todas las cosas, hay que saber separar la cizaña del trigo y la verdad de la mentira. Por tanto, si una agencia de espionaje dice la verdad sobre un asunto, no hay por qué rechazarla a priori.

   Contar medias verdades significa que están mintiendo. Por tanto, no están diciendo la verdad. La verdad es una.

   A Orlando Letelier lo mato la CIA, o bien, la KGB o la DGI con el permiso de la CIA. 
   La CIA no intervino en la decisión de sacar a Allende, porque él violó la Ley y la Constitución.
 
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