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24 de marzo de 2007

Flota de papel (o el realismo mágico latinoamericano en acción)


Así como ayer comenté la escena épica de Eduardo Avaroa resistiendo la invasión chilena, hoy no puedo dejar de comentar algo más respecto a las secuelas de la Guerra del Pacífico, que creo que para Bolivia constituye un trauma histórico que marca desde hace un siglo su incapacidad para revertir las frustraciones y la lleva a un espiral descendente que terminará a la corta o a la larga por consagrarla un nuevo estado fallido en el mapa latinoamericano.

Desde el final de esa guerra Bolivia justifica en buena medida sus fracasos en la falta de acceso al mar. Como si la misma circunstancia hubiera impedido el progreso en otros países mediterráneos como Suiza, Austria, o la República Checa.

Tal vez lo que ayudó a estos países es asumir lo que en realidad son y no vivir en la autocompasión. Ninguno de ellos tiene Armada, en cambio los bolivianos mantienen una surreal Fuerza Naval, con almirantes y desfiles donde pasean sus barquitos de papel (literalmente.)

23 de marzo de 2007

El ingeniero Abaroa

Hace hoy 128 años se produjo cerca de Calama, hoy chilena, el primer enfrentamiento de la Guerra del Pacífico, cuando una columna del Ejército de Chile se enfrentó a un contingente de civiles bolivianos.
Hoy que está de moda el relato de la Batalla de las Termópilas, y que parece tan difícil encontrar en nuestros tiempos posmodernos compromiso con causas o ideales perdidos, vale la pena recordar ese pequeño combate, una escaramuza apenas, por las personalidades de los dos jefes que se enfrentaron. Por un lado, el Coronel Villagrán, por el otro el Ingeniero Eduardo Abaroa.
La diminuta formación improvisada por los bolivianos, armada con carabinas y escopetas, se interpuso al paso de la colunma chilena en el vado de Topáter. Villagrán intentó evitar una masacre invitando a negociar al ingeniero, explicandole que no tenía la menor chance ante la superioridad numérica de sus fuerzas. Abaroa reconoció su inferioridad pero le dijo al militar que en la historia universal había sobrados casos, enque la suerte favorece a los más débiles.
Villagrán anticipando el resultado de un enfrentamiento le pidió que desechara cualquier resistencia, y le preguntó si el gobierno boliviano le había dado órdenes para mantener su posición.
Abaroa le contestó que no precisaba instrucciones del gobierno para defender a su patria.
Al día siguiente, cuando las fuerzas chilenas regresaron al vado, la guarnición de Abaroa abrió fuego, que Villagrán ordenó no contestar. Cuando sus fuerzas habían sumado varios heridos, el coronel le pidió al boliviano que se rindiera.
Rendirse? Que se rinda su abuela, carajo!
El fuego de artillería que siguió resolvió el encuentro en minutos.

Lo mejor de la historia, es que la conocemos gracias al relato minucioso y pormenorizado que dejó el militar chileno, quien se ocupó de hacerla conocer al gobierno boliviano, y ordenó que se sepultara al Ingeniero Abaroa con honores militares, envuento en una bandera de Chile, a falta de enseña boliviana.