11 de mayo de 2014

Primera Guerra Mundial: mazas, catapultas y ballestas

Maza hecha con carcasa de granada de mano

Maza con clavos y alambre de púas

Soldados austríacos con sus improvisadas mazas

Franceses con una Ballesta 

Catapulta lanza granadas

Francés con ballesta
El estancamiento del frente de combate en Flandes y en Francia hizo que ambos bandos establecieran líneas de trincheras que, con el paso de los meses, se hicieron cada vez más extensas en profundidad, de tal manera que la primera línea estaba bastante cerca del enemigo y, a veces, en algunos puntos salientes a no más de entre 50 y 100 metros.

La siguiente línea de trincheras propia solía estar a unos 150 o 200 metros de la primera línea,, en ocasiones a mayor distancia, y las líneas de trinchera se extendían varios kilómetros hacia las zonas de retaguardia.

Dada la proximidad del enemigo, los soldados se veían muchas veces enfrentados a golpes de mano nocturnos que no daban tiempo a emplear los fusiles y debían combatir a distancias muy cortas cuerpo a cuerpo. Las bayonetas eran útiles, pero solían engancharse en el cuerpo acuchillado dejando indefenso a su dueño. Por eso los soldados improvisaron un arma medieval de probada eficacia: la maza de combate.

Como muestran las fotos, no eran armas provistas sino que los soldados usaban su ingenio y los elementos a su alcance para construirlas.

Las catapultas lanzagranadas surgieron también de la necesidad de los soldados del frente de contar con algo que les permitiera llegar lejos con granadas, a falta de morteros o de lanzagranadas suministrados por los arsenales militares. Un soldado bien entrenado y fuerte, estando de pie, podía lanzar una granada de mano de la época a unos 80 o 90 metros de distancia antes de que la granada explotase por quemarse totalmente el fulminante químico. En cambio, con una catapulta esta distancia podía casi duplicarse.

En cuanto a las ballestas de las fotos, les confieso que me desconciertan un poco porque, por el ancho del cuerpo, parecerían estar diseñadas para lanzar flechas al mejor estilo de las balistas romanas o del pesado Escorpión romano que lanzaba una bruta flecha que podía atravesar a varios enemigos. Parece más un arma concebida para perturbar la normal actividad de la línea enemiga más que para lograr eficacia provocando bajas. Supongo que si eras un alemán y te comías un flechazo semejante, tus camaradas se iban a molestar bastante...  

7 comentarios:

BlogBis dijo...

Estimado Enmas!
Hace ya como 30 años pude conocer el estudio del que por entonces era uno de los más destacados médicos legistas locales, cuyo padre había sido médico en el frente durante la PGM. en las filas del Ejército Italiano.
Lo notable es que este hombre se había traído una importante colección de mazas, cadenas, cuchillos de asalto, granadas, y otros "souvenirs" que el hijo mantenía cuidadosamente exhibidos en vitrinas en su estudio.
No se dónde habrán ido a parar todas esas reliquias

El Enmascarado dijo...

BB, ¡qué suerte que las pudiste ver! Realmente sería una lástima que se hubieran perdido esos souvenirs históricos. Además los coleccionistas militares argentinos se matan por conseguir esas piezas auténticas que, ciertamente, no abundan por nuestros pagos.

Las fotos que puse deben ser una pequeña muestra de las cosas que deben haber creado los pobres tipos para tratar de sobrevivir.

Esa guerra no fue "políticamente correcta", como las que algunos quieren ver ahora buscando maneras "humanitarias" de hacer pupa al contrario, sino la de toda la vida: matar o morir.

BlogBis dijo...

Por otra parte, un amigo conserva en su casa, prolijamente enmarcada y exhibida en el living la plaquita de latón con la leyenda "Soldat de la Grande Guerre", que usó su abuelo en el desfile de la Victoria, el 14 de julio de 1919.
Es notable como todavía -tan lejos- sobreviven rastros de aquella guerra.

El Enmascarado dijo...

Cuando era joven iba a comer, con alguna frecuencia, en la zona de Constitución al club francés de Les Anciennes Combattants, fundado, creo, después de la Primera Guerra y donde se reunían los veteranos de esa guerra.

Cuando yo iba ya quedaban pocos pero las historias que contaban ellos o sus hijos, cuando uno se hacía habitué y medio amigo, eran muy interesantes aunque algunas eran estremecedoras.

El lugar tenía un ambiente muy especial con una decoración con banderas, mapas, fotos, etc., de la Gran Guerra. Creo que ahora es solamente un buen restaurante de comida francesa...

Nicolás dijo...

La guerra nunca cambia.

El Enmascarado dijo...

Nicolás: podría estar de acuerdo con tu comentario en el sentido de que las guerras tienen una inmensa cuota de horror, miseria y muerte, pero te garantizo que las guerras del siglo XX superaron todas las magnitudes antes vistas en materia de muertes, miserias y sufrimientos, especialmente para los civiles.

El nivel de víctimas y de destrucción producida por el concepto de Guerra Total no tiene parangón en la historia humana.

Un solo dato, en la batalla de Waterloo murieron 50.000 soldados en total entre franceses, holandeses, británicos y prusianos. Solamente en el bombardeo de Hamburgo murieron 40.000 y fue uno más de los bombardeos que sufrió Alemania.

La batalla de Stalingrado arrojó más de 750.000 muertos, heridos y desaparecidos y la cifra de civiles rusos muertos nunca fue difundida por la URSS.

Sine Metu dijo...

No tan diferentes a la Agincourt que se ve en la película de Kenneth Brannagh y que ocurrió 500 años antes.
Solo 100 años después tenemos drones, video en tiempo real, y toda la parafernalia tecnológica habida y por haber.