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26 de febrero de 2013

La fiesta del Chivo


Como anda flojo de números para garantizar el quórum en Diputados cuando se trate la bochornosa apertura de gambas ante Irán, el Chivo Rossi optó por una nueva picardía: mandar a que dos kakas que habían renunciado a sus bancas de diputados para asumir como ministros provinciales (una en Tucumán y el otro en Chubut) pasaran a "renunciar temporalmente" a sus ministerios y se reintegraran a la Cámara para dar el presente y votar a favor del "memorándum de entendimiento".

¿La excusa? Como la Cámara no aprobó todavía las renuncias que ambos kakas habían presentado, técnicamente siguen siendo diputados y por tanto están habilitados para calentar sus culos en la Cámara, sesionar y votar, siempre y cuando renuncien a sus carteras ministeriales. Pero sólo por un ratito, porque acá se puede renunciar "de a mentiritas" y después volver como si nada a los cargos.

Si con semejante farsa todavía no le cierran las cuentas, siempre se le puede pedir a Ella que concurra a la sesión a emitir cual médium el voto de Él, que podrá haber sufrido un modesto caso de muerte mientras ejercía como diputado, pero técnicamente no dejó la banca ya que está insoportablemente vivo en la memoria de la militancia militante y del pueblo popular de la patria patriótica...

Al menos el Sultán de Anillaco tenía el suficiente sentido de la vergüenza como para tratar que sus "diputruchos" pasaran desapercibidos. A esta runfla de lombrosianos criminales ni siquiera les queda eso.

9 de septiembre de 2010

"Salidera" viene de "salida"

Qué cosa maravillosa, qué inteligencia colectiva la de nuestros representantes en el Congreso de la Nación. Aunque parezca mentira, en esta oportunidad debo darle la razón al Bigote Mayor, el inefable Aníbal Fernández, que dice que el proyecto es un mamarracho. (Lo curioso es que también lo votaron "sus" legisladores, pero caramba, no vamos a ponernos exquisitos con eso de la coherencia).

El proyecto, en términos sencillos, obliga a los bancos a rediseñar sus sucursales para que nadie pueda ver qué está haciendo el cliente, para que no se pueda distinguir  si el tipo fue a pedir cambio de cincuenta pesos o a retirar el dinero suficiente para comprar uno o dos países. Estupendo. Pero a la salida del banco, nada cambia. Es cierto, puede que sea un poco más difícil marcar a un candidato al asalto, pero sigue siendo posible. O también los cacos pueden empezar a agarrar gente al voleo. Como entonces van a depender de las probabilidades y la Ley de los grandes Números, la mejor forma de aumentar los éxitos es aumentar los intentos. Pero puede ser que yo esté equivocado, la mayoría de los ladrones no estudian Probabilidad y Estadística.

Ahora bien, si lo que queremos evitar sucede cuando un cliente sale del banco con grandes cantidades de dinero en efectivo, a mí se me ocurre que la mejor manera de evitarlo es reducir la ocurrencia del evento a su mínima expresión. En lenguaje más amigable, tratar de que la gente no tenga que transportar grandes cantidades de efectivo.
¿Cómo? Las herramientas están ahí, siempre estuvieron, son las transferencias electrónicas, y los cheques de caja. ¿Por qué no se utilizan? ¡Porque son carísimos! 

Señores diputados, señores senadores (cuando les llegue su turno), si en realidad quieren combatir esta forma de delito,  no tiene sentido que se ocupen de cómo están diseñados los bancos por dentro. Los bancos ya están preparados para que no los asalten a ellos. De lo que hay que ocuparse es de que la gente no deba sacar efectivo a la calle. ¿Se entiende? 
Si las transferencias y los cheques de caja fueran razonablemente baratos, prácticamente nadie (salvo quienes no pudieran justificar el origen de su dinero, pero eso es otro tema) retiraría efectivo de los bancos en grandes cantidades, y el problema dejaría de existir porque la modalidad delictiva ya no sería rentable. 

Pero repito, puedo estar equivocado, ustedes son diputados y seguramente saben un montón de cosas que yo no sé.

19 de marzo de 2009

DÉJAME DORMIR, MAMÁ


Escrito por Fray Junípero (1713-1784) Religioso franciscano español con visión de largo plazo.
DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.

Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.


Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.

Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.


Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.

Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.


Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.

¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!


Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.

Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.


Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.

Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.


Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.

Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.


Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?

Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.


Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.

Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!


Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés
que produce el Parlamento!


Gracias, Eduardo