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22 de octubre de 2009

Viva el impuestazo tecnológico aunque yo perezca.



Ayer cuando iba a la oficina escuché por la radio a una inimputable (creo que era senadora, pero para el caso es indiferente) diciendo que no había ninguna razón por la cual los productos tecnológicos alcanzados por la nueva ley que están a punto de sancionar tuvieran que aumentar de precio.
"Ya me parecía -pensé- que no podía ser que en una época con un consumo deprimido fueran a hacer cosas que lo frenaran aún más, esto es cosa de los medios neoliberales destituyentes, menos mal que ahora se acabó el mito de la libertad de prensa". Es que yo pienso idioteces cuando estoy en ayunas.
Y después desayuné y volví a la normalidad y me puse a hacer cuentitas.
La simpática ley grava con un 17% de impuestos internos y un 10,5% de IVA adicional a todos los productos alcanzados. Esto es, un 27,5% en total. Si se considera que un televisor de pantalla LCD se vende en estas latitudes unas 3 veces más caro que en USA, uno podría pensar que los muchachos de las casas de electrodomésticos, deducidos seguro, flete, derechos de importación y otras cosas raras como "tasa de estadística" tienen un margen de digamos, un 60% (estoy siendo muy conservador, probablemente sea más cercano al 100%). Así las cosas ellos podrían absorber un 27,5% y todavía tener ganancia. Sin embargo, nunca en la historia se ha visto en Argentina que un comerciante no traslade sus mayores costos al consumidor. Además, con las importaciones casi cerradas, los LCD de buena calidad van a ser escasos y por más que se empeñen en negarlas, las leyes de mercado funcionan.
Entonces pensemos que lo más probable es que estos productos aumenten sus precios entre un 30 % y un 40 %  (por decir algo, puede que sea aún más).
Del otro lado tenemos los gloriosos LCD nacionales y populares, fabricados en ese territorio de avanzada, en nuestro polo tecnológico de Tierra del Fuego, que se ensamblan con partes importadas y en general semi obsoletas (los paneles LCD de los televisores que se arman en Tierra del Fuego se dejaron de usar hace un año), pero eso sí, tendrán un manual de instrucciones, algunas calcomanías y etiquetas, la lista de services autorizados y la caja de cartón enteramente producidas en el país. (con insumos importados, en su mayor parte).
Ahora bien, estos productos "nacionales" estarán beneficiados con una reducción del IVA. Uno podría pensar, entonces, que no sólo deberían ser más baratos que sus equivalentes importados, sino que luego de la puesta en marcha de la ley, deberían ser incluso más baratos que ahora. Es decir, si uno se resignara a un producto de calidad inferior, al menos lo pagaría a buen precio.
Pero, el mercado funciona.
Si el producto de la competencia costara un 40% más, ¿qué incentivo tendrían los fabricantes nac & pop para abaratar el suyo? ¿Qué incentivo tendrían, incluso, para mantener los precios actuales? ¿Por qué razón no hacer una corrección hacia arriba de, digamos un 20%? Con importaciones escasas, las alternativas del consumidor serán : producto importado a precio ultrajante, producto nacional a precio doloroso, o contrabando.
En conclusión, nos esperan muchos años de tecnología de segunda, a precios de primera.
Porque no veo a nadie con los cojones ni la inclinación intelectual necesaria para corregir esto en el futuro inmediato, pagando el costo de ser el responsable de "destruir puestos de trabajo".

21 de octubre de 2009

Experta caradura

Veo de rebote una nota a la psicóloga Eva Giberti, donde dice que hay violencia juvenil, porque los padres no transmiten valores esenciales, se ocupan de ir al gimnasio en vez de atender a sus hijos, y bla, bla, bla...
Lo debe saber de primerísima mano, siendo que su hijo fue el que en 1973 hizo de entregador en el ataque al Comando de Sanidad del Ejército, donde no tiró con ramos de rosas precisamente.

Para saber quién es el hijo de ésta señora, y qué hizo siendo un jóven idealista véase esta nota, donde no apuntan precisamente a vapulearlo.

2 de diciembre de 2008

Con lo nuestro


¿Alguien se acuerda el boom que fue en 1983 el libro Vivir con lo Nuestro, de Aldo Ferrer? Era la época previa al retorno a la democracia, era de nacionalismo malviniano reflejado en medidas tan efectivas como cambiarle el nombre a la Torre de los Ingleses, a la Playa de los Ingleses, y a todo lo que oliera a la pérfida albión. Rugía el rock nacional, y se venía el Tercer Movimiento Histórico. Que tiempos, eh...

Pero esta Argentina circular le da a todos una segunda (o tercera) chance. Así que post default del 2002 Aldo refritó su éxito de dos décadas atrás y publico Vivir con lo nuestro, esta vez con el subtítulo "nosostros y la globalización". La cosa llegó al punto que al Néstor se le pegó la frase, y andaba predicando las bondades de desconectarse del mundo y construir la Ínsula Kirchneriana. Ahora, seis años después, empieza a reflejarse en la prensa que la Muralla China del Costo Argentino resultó una sanata.

Pero mientras tanto, don Aldo, lleva un par de años sentadito en el directorio de Enarsa, "nuestra" empresa de energía demostrando que lo que sí sabe es vivir de lo nuestro.