23 de marzo de 2014

"Los norteamericanos juegan al Monopoly, los rusos juegan al ajedrez"

A continuación, va un artículo de David P. Goldman escrito en 2008 y que el mismo autor resucitó a propósito de la actual crisis de Crimea. Es un poco largo pero vale la pena, y aunque hay que cambiar algunos nombres (Ucrania en vez de Georgia, Crimea en vez de Osetia y Abjasia, Obama en vez de Bush, y así sucesivamente), la situación descrita en 2008 es prácticamente idéntica a la de 2014. Y la teoría propuesta puede ser más o menos convincente (y hay un párrafo que destaco en negrita al respecto), pero amerita tenerla presente porque parece cerrar con lo que se puede observar:

Acá va la traducción fatto in casa:

Los norteamericanos juegan al Monopoly, los rusos al ajedrez
Por David P. Goldman (Spengler)

19 de agosto de 2008

En la noche del 22 de noviembre de 2004, el por entonces presidente ruso y actual premier Vladimir Putin miraba el noticiero en su dacha cercana a Moscú. Quienes acompañaban a Putin esa noche dieron testimonio de su ira e incredulidad ante la revolución "naranja" que se desarrollaba en Ucrania. "Me mintieron", decía Putin con amargura sobre los Estados Unidos. "Jamás volveré a confiar en ellos". Los rusos todavía no pueden comprender por qué Occidente desperdició una potencial alianza estratégica y prefirió a Ucrania. Subestiman la estupidez de Occidente.

Los norteamericanos de línea dura son los primeros en decir que se sienten estúpidos en comparación con Putin. Victor Davis Hanson escribió el 12 de agosto acerca de la "pura astucia diabólica" de Moscú en Georgia, mientras que el coronel Ralph Peters, columnista y comentarista televisivo, se maravilló el 14 de agosto al decir, "Los rusos son bárbaros empapados en alcohol, pero de vez en cuando vomitan un genio... el imperio de los zares no había producido un genio tan escalofriante desde Stalin". Los superlativos traen a la memoria una vieja observación acerca de por qué los argumentos de los comics norteamericanos necesitan supervillanos astutos y superhéroes estúpidos para equilibrar el campo de juego. Evidentemente la misma situación se aplica a las superpotencias.

El hecho es que todos los políticos rusos son astutos. Todos los estúpidos están muertos. Por contraste, en su complacencia los Estados Unidos promueven a los lerdos. Un problema de comunicación letal emerge de esta asimetría. Los rusos no pueden creer que los norteamericanos sean tan estúpidos como parecen, y llegan a la conclusión de que Washington quiere destruirlos. Esto es lo que el público ruso informado cree, a juzgar por los posts de la semana pasada en diversos foros de Internet, incluyendo el de quien esto escribe.


Estas percepciones son peligrosas porque no nacen de la propaganda, sino de una diferencia respecto a un punto de vista existencial. Rusia lucha por su supervivencia, contra una declinación catastrófica de su población y la probabilidad de una mayoría musulmana para mediados de siglo. El recurso más escaso de la Federación Rusa es el humano. No puede ignorar a los 22 millones de rusos varados más allá de sus fronteras tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, ni tampoco a pequeñas pero leales etnias como los osetios. A los ojos rusos, el envolvimiento estratégico prefigura la desintegración étnica de Rusia, que era una entidad política y cultural, no un estado étnico, desde sus orígenes.

Los rusos saben (como lo sabe cualquier lector de diarios) que el presidente georgiano Mikheil Saakashvili no es un demócrata modelo, sino un sujeto desagradable que empleó la policía antidisturbios contra manifestantes y que cerró los medios opositores cuando le convenía; para resumir, es un político al estilo de Putin. El interés norteamericano en Georgia, creen los rusos, tiene tanto que ver con la promoción de la democracia como lo tuvo su apoyo a los gangsters a quienes les entregaron la provincia serbia de Kosovo en febrero.

Una vez más, los rusos juzgan mal la estupidez norteamericana. El ex presidente Ronald Reagan solía decir que si hay una pila de estiércol, eso significa que en algún lugar hay un pony. Sus epígonos tienen problemas para distinguir entre el pony y la pila de estiércol. El reflejo ideológico de la promoción de la democracia domina la administración de George W. Bush a punto tal que algunos de sus principales referentes se tapan la nariz y pretenden que Kosovo, Ucrania y Georgia son democracias genuinas.

Piénsenlo así: Rusia juega al ajedrez mientras que los norteamericanos juegan al Monopoly. Lo que los norteamericanos conciben como "juegos de guerra" es exactamente lo que ocurre en el tablero del pasatiempo de los hermanos Parker. Para ganar en el juego de mesa Monopoly, hay que colocar tantos hoteles como sea posible en los casilleros del tablero. Cambien los hoteles por bases militares, y obtendrán la suma del pensamiento estratégico norteamericano.

La idea de Estados Unidos de ganar un juego estratégico es acumular la mayor cantidad de fichas en el tablero: bases en Uzbekistán y Kirguizistán, un oleoducto en Georgia, un gobierno "musulmán moderado" con una gran base de la OTAN en Kosovo, instalaciones misilísticas en Polonia y la República Checa, y así sucesivamente. Pero esto no es una estrategia; es sólo el resultado de un juego.

Los jugadores de ajedrez piensan en términos de interacción de piezas: todo lo que está en la periferia se combina para controlar el centro del tablero y preparar un eventual ataque contra el rey del contrincante. Los rusos simplemente no pueden absorber el hecho de que los Estados Unidos no tienen intenciones estratégicas: simplemente suman el valor de las piezas individuales en el tablero. Es así de estúpido. Pero hay otra diferencia: los norteamericanos juegan al ajedrez por carrera y por ventajas percibidas. Rusia está jugando por su vida, como el cruzado de Ingmar Bergman en "El Séptimo Sello".

Los tontos saben que los astutos son más astutos que ellos, pero no saben por qué. El nekulturny coronel Ralph Peters, un ex analista norteamericano de inteligencia militar, está impresionado por el éxito táctico de las armas rusas en Georgia, pero no puede comprender el resultado final al que contribuyen estas tácticas. Escribe: "La nueva realidad es que una Rusia nuclear, rica en efectivo y bendecida con energía no se preocupa demasiado sobre si su futuro a largo plazo es tétrico, dados los problemas con las minorías musulmanas, las pobres expectativas de vida y una población en caída. Sin embargo, en el aquí y ahora, tiene una ventana de oportunidad para reclamar prestigio y debilitar a sus adversarios".

Lo que ocurre es exactamente lo contrario: como un buen jugador de ajedrez, Putin tiene el resultado final en mente mientras lucha por el control del tablero en las primeras etapas del juego. La demografía está en el corazón del cálculo de Putin, y los rusos son el principal interés que tiene la Federación Rusa en su así llamado "exterior cercano". El deseo de unos pocos cientos de miles de abjasios y osetios del sur de permanecer en la Federación Rusa en vez de en Georgia puede parecer trivial, pero Moscú está sentando un precedente que se aplicará a decenas de millones de ciudadanos prospectivos de la Federación; de manera más controvertida, en Ucrania.

Antes de ocuparnos de la demografía del exterior cercano, son pertinentes unas pocas observaciones acerca del predicamento demográfico de Rusia. Las Naciones Unidas publican proyecciones de población para Rusia hasta 2050, y yo las he extendido hasta 2100. Si los demógrafos de la ONU están en lo cierto, la población adulta de Rusia caerá de los 90 millones de hoy a tan sólo 20 millones para fin de siglo. Rusia es el único país donde los abortos superan a los nacimientos vivos, lo cual es un indicador devastador de la desesperación nacional.

Bajo Putin, el gobierno ruso inició un ambicioso programa natalista para alentar a las mujeres rusas a tener hijos. Como lo advirtió en su discurso de 2006 sobre el estado de la nación, "ustedes saben que la población de nuestro país está cayendo a un promedio de 700.000 personas por año. Hemos destacado este tema en varias ocasiones pero en su mayor parte hemos hecho poco para ocuparnos al respecto ... Primero, necesitamos bajar la tasa de mortalidad. Segundo, necesitamos una política migratoria efectiva. Y tercero, necesitamos incrementar la tasa de natalidad".

La tasa de natalidad de Rusia ha crecido ligeramente durante los últimos años, quizás en respuesta al natalismo de Putin, pero los demógrafos observan que el número de mujeres rusas en edad fértil está a punto de caer al precipicio. Sin importar cuánto mejore la tasa de natalidad, la abrupta caída en el número de madres prospectivas deprimirá el número de nacimientos. Los pronósticos de la ONU muestran que el número de rusos entre 20 y 29 años caerá de los 25 millones de hoy a tan sólo 10 millones para 2040.

En otras palabras, Rusia ha pasado el punto de no retorno en términos de fertilidad. Aunque unas cuatro quintas partes de la población de la Federación Rusa caen dentro de la etnia rusa, la fertilidad es mucho mayor entre las minorías musulmanas de Asia Central. Algunos demógrafos predicen una mayoría musulmana en Rusia para 2040, y para mediados de siglo como muy tarde.

Parte de la respuesta de Rusia consiste en alentar la migración de rusos que quedaron fuera de las fronteras de la federación tras el colapso del comunismo en 1991. Aproximadamente 6 millones y medio de rusos de la ex Unión Soviética trabajan actualmente en Rusia como extranjeros indocumentados, y una nueva ley regularizará su situación. Sin embargo, sólo 200.000 "compatriotas" rusos que viven en el exterior han solicitado la inmigración a la federación de acuerdo con una nueva ley diseñada para atraer de regreso a los rusos.

Esto deja a los 9 millones y medio de ciudadanos de Belarus, una reliquia de la era soviética que persiste en una unión semiformal con la Federación Rusa, al igual que los rusos de Ucrania oriental y de Kazajistán. Más de 15 millones de rusos étnicos residen en esos tres países, y representan un recurso estratégico crítico. En su sitio "Ventana a Eurasia", Paul Goble reportaba el 16 de agosto:

Moscú se retiró tras encontrar fuerte oposición de otros países, pero las prácticas semilegales para obtener la ciudadanía rusa que comenzaron en las antiguas repúblicas soviéticas a principios de los noventa continúan sin pausa. Hay mucha evidencia de que hay uno o dos millones de personas que viven en el territorio de la antigua Unión Soviética que tienen doble ciudadanía de hecho y que son renuentes a reportarlo a las autoridades. Rusia ha hecho poco para detener el proceso. Más aún, a partir de 1997, ha alentado la doble ciudadanía de hecho.

Rusia tiene un interés existencial en absorber a Belarus y a Ucrania oriental. A nadie le importa Belarus. Nunca ha tenido una existencia nacional independiente o una cultura nacional; el primer libro de gramática del idioma bielorruso fue impreso recién en 1918, y apenas un tercio de la población de Belarus habla el idioma en sus hogares. Jamás ha tenido un territorio con diez millones de habitantes un argumento más tonto en favor de su independencia. Dado ese resumen, parece natural preguntarse por qué alguien tendría que preocuparse por Ucrania. La cuestión es controvertida; por el momento, propondré que la partición es el destino de Ucrania.

Sin embargo, aún con la migración y con la anexión de antiguos territorios rusos que se perdieron en la fractura de la URSS, Rusia no ganará su juego final contra la caída demográfica y el crecimiento relativo de las poblaciones musulmanas. La clave para la supervivencia rusa es la rusificación, esto es, la imposición de la cultura rusa y de la ley rusa en las etnias ubicadas en la periferia de la federación. Esto puede sonar duro, pero esa ha sido la naturaleza rusa desde sus orígenes.

Rusia no es una etnia sino un imperio, el resultado de cientos de años de rusificación. Que la rusificación ha sido brutal es una forma elegante de decirlo, pero es lo que creó a Rusia a partir del menjunje étnico de la cuenca del Volga. Uno de los mejores relatos del carácter ruso viene de Eugene Rosenstock-Huessey (primo y ocasional colaborador de Franz Rosenzweig) en su libro de 1938 "Out of Revolution". El territorio ruso se triplicó entre los siglos XVI y XVIII, observa, y el agente de su expansión fue un tipo social peculiarmente ruso. El campesino ruso, observaba Rosenstock-Huessey, “no era un propietario estable al estilo occidental sino más bien un nómade, un vendedor ambulante, un artesano y un soldado. Su capacidad para la expansión era tremenda.”

En 1581 la Rusia asiática se abrió. La expansión rusa, que se prolongó incluso hasta el siglo XVIII a lugares tan remotos como el río Ruso en el norte de California, no fue en absoluto algo únicamente zarista. El "moujik", el campesino ruso, por no ser un "Bauer" o un "farmer" o un "labourer" sino un "moujik", recorre y se queda, listo para eventualmente migrar una vez más año tras año.

Rusia jamás fue un estado multiétnico, sino lo que yo llamaría un estado "supraétnico", esto es, un estado cuyo principio nacional trasciende la etnicidad. Un lector ha llamado mi atención a un relato del más ruso de los escritores, Fyodor Dostoyevsky, acerca de sus antecedentes ruso-lituano-ucranianos:

"Supongo que uno de mis ancestros lituanos, habiendo emigrado a la Ucrania, cambió su religión para poder casarse con una ucraniana ortodoxa y se convirtió en sacerdote. Cuando su esposa falleció, probablemente entró en un monasterio y luego ascendió hasta convertirse en arzobispo. Esto podría explicar cómo el arzobispo Stepan pudo haber fundado nuestra familia ortodoxa a pesar de haber sido un monje. Es algo sorprendente ver a los Dostoyevsky, que habían sido guerreros en Lituania, convertirse en sacerdotes en Ucrania. Pero esto está en línea con las costumbres lituanas. Puedo citar al erudito lituano W. St Vidunas al respecto: 'antiguamente muchos lituanos pudientes tenían un único deseo: ver a uno o varios de sus hijos entrar a la carrera eclesiástica'.”

El pasado mestizo de Dostoyevsky era típicamente ruso, al igual que el origen georgiano de Josef Stalin.

Rusia intervino en Georgia para sostener el principio de que cualquiera que tenga un pasaporte ruso, sea osetio, abjasio, bielorruso o ucraniano, es un ruso. La supervivencia de Rusia no depende tanto de su tasa de natalidad, o de inmigración, o incluso de las posibilidades de anexión, sino de la supervivencia del principio según el que Rusia se construyó en primer lugar. Es por esto que Putin no podía abandonar a los puñados de tenedores de pasaporte ruso en el Cáucaso. Que la historia rusa haya sido trágica y su principio de construcción nacional haya sido brutal y en ocasiones inhumano, es una cuestión diferente. Rusia es lo suficientemente importante como para que su tragedia sea nuestra tragedia, a menos que se la impida.

El lugar en donde hay que impedir la tragedia es Ucrania. Rusia no permitirá que Ucrania vaya a la deriva hacia Occidente. El que un país que jamás tuvo una existencia nacional independiente antes del colapso del comunismo deba convertirse en el ejemplo de la autodeterminación nacional es otra cuestión. Occidente tiene dos opciones: o marca una línea en el suelo en torno a Ucrania, o la intercambia con los rusos por algo más importante.

Mi propuesta es simple: la ayuda de Rusia para contener la proliferación nuclear y el terrorismo en Medio Oriente es de importancia infinitamente mayor para Occidente que la dudosa autodeterminación de Ucrania. Occidente haría bien en pretender que la revolución "naranja" de 2004 y 2005 jamás existió, y asegurarse la asistencia rusa en la cuestión nuclear iraní al igual que la seguridad energética a cambio de una comprensión tolerante de los requerimientos existenciales de Rusia en el exterior cercano. Cualquiera que piense que esto suena cínico debería pasar una semana en Kiev.

Rusia tiene más que temer de un Irán con armas nucleares que los Estados Unidos, porque un estado musulmán agresivo en sus fronteras podría arruinar su intento de rusificar Asia Central. Los intereses estratégicos rusos no chocan con los de los Estados Unidos, China o India en esta cuestión. Hay un cierto grado de rivalidad en torno a los recursos estratégicos, pero la rivalidad comercial no tiene que transformarse en una enemistad estratégica.

Si Washington escoge demonizar a Rusia, lo más probable es que Rusia se convierta en una fuente de frustraciones para los intereses estratégicos norteamericanos en general, y que use el problema iraní para retorcer la cola de los Estados Unidos. Esto es un riesgo serio, ya que la proliferación nuclear es el único medio para que los regímenes forajidos representen una amenaza seria a las grandes potencias. Rusia confronta cuestiones que no son de conveniencia sino de existencia, y hará lo que sea para ganar espacio para maniobrar si Occidente busca "castigarla" por sus acciones en Georgia.

Una ironía de la presente crisis es que los neoconservadores de Washington, al exigir una postura más dura hacia Rusia, pueden haber perjudicado los intereses de seguridad de Israel de forma más profunda que cualquiera de los críticos de Israel en la política norteamericana. Por regla general los neoconservadores no son judíos, pero muchos de ellos son judíos con gran preocupación por la seguridad de Israel, como este escritor. Si los Estados Unidos convierten a Rusia en un adversario estratégico, la probabilidad de la supervivencia de Israel caerá abruptamente.

12 comentarios:

El Enmascarado dijo...

Mayor, muchas gracias por postear este sumamente interesante artículo.

No conocía la magnitud del problema demográfico que padece Rusia y el análisis que hace el autor en base a este dato es sumamente preocupante respecto al futuro y brinda otra explicación adicional a la acción de Putin en Ucrania y, me temo, a una semejante, muy posible a corto plazo, en Moldavia.

Da para pensar bastante esta nota incluso acerca del futuro de Argentina.

Gracias de nuevo.

Leandro dijo...

Una gran ventana hacia uno de los aspectos mas ignorados del conflicto.

Creo que el demográfico, el económico (estrecha per no únocamente relacionado al anterior) y el "honor" (en lo relacionado a la posición rusa en el teatro internacional tanto como al propio mito ruso como "defensor de la fe", casa y madre de todo "ruso cultural" en el mundo) representan la tríada de razones por las cuales Georgia y Ucrania fueron números puestos en estos años, y por lo que Bielorrusia, algunos de los -stan (con Kyrgizstan y Uzbekistan a la cabeza) y en algún momento quiza hasta Moldavia (en la zona de Transnistria) no deberían dormir tranquilos.

Y a no despreciar que de la acción rusa y la no-reacción americana y europea están tomando nota Irán, China, Siria y hasta Serbia, cada una en su teatro. Y sospecho que también deben estar nerviosos los japoneses, coreanos e indios en Asia, israelíes, jordanos y árabes del golfo, etc.

En relaciones internacionales tanto el hacer como el no hacer es leído de determinada manera por todos los demás actores.

Leandro dijo...

Ahí me primereó Don Enmascarado con Moldavia, si bien está también en el artículo.

Tengo un amigo nacido en Chisinau que vive hace muchos años en Argentina. Además de parecer un oso pardo albino (o la cruza de un leñador y un roble), y de ser profundamente anticomunista, cuando le preguntan "de dónde sos", responde invariablemente que es ruso, nacido en Moldavia.

El Enmascarado dijo...

Don Leandro, discúlpeme pero no lo primerié AHORA con lo de Moldavia porque, si mal no recuerdo, en uno de mis post sobre Crimea la había mencionado como candidata para otra reivindicación de Putin sobre sus "compatriotas" rusos. Y luego del artículo del Mayor Payne me confirmo en la idea de que esto no terminará acá.

De todos modos, entre nosotros no importa quién primeree a quién, ¿No?

Abrazo.

Mayor Payne dijo...

Sr. Enmascarado: muchísimas gracias a Ud. por su comentario.

El tema de la natalidad rusa es fascinante y escalofriante a la vez, porque no resulta natural la idea de que un país literalmente se extinga de esa manera.

Tengo entendido que la situación demográfica de Rusia empieza a repuntar un poco y que ha mejorado desde que se escribió el artículo; el año pasado la tasa de fertilidad alcanzó el 1,72 hijos por mujer (levantándose del abismo de 1,16 en 1999), y además 2013 fue el primer año desde la caída de la URSS en el que la población rusa creció de manera natural (esto es, más nacimientos que muertes en lugar de crecer a base de inmigración).

Todavía hay que ver de qué manera Rusia remonta el descenso previsto en el número de mujeres fértiles, pero calculo que ya Vladimir nos sorprenderá con alguna otra acción en ese sentido.

He visto por estos días algunas menciones al riesgo que le espera a Moldavia y coincido en que la hipótesis de Transnistria no es para descartar, pero hay que tener en cuenta que entre Rusia y los separatistas transnistrios se levanta la totalidad de Ucrania, así que a menos que Putin tenga entre sus filas a un Guderian capaz de cortar camino en Ucrania de la misma manera que lo hicieron los alemanes por las Ardenas, lo veo un poco complicado.

Distinto es el caso de los países bálticos: Lituania, Letonia y Estonia tienen minorías rusas y rusoparlantes bastante abundantes y jugosas, y dudo que Putin las deje afuera de sus planes, aunque como en este caso estamos hablando de miembros de la OTAN... ahí la cosa está más peliaguda.

Gracias de nuevo y saludos!

Leandro dijo...

Siendo Ud el primero, no es deshonra ser segundo, mi estimado. Ahora bien, siendo que Transnistria es una daga apuntando al corazón de la zona eslava balcánica (un polvorín apenas húmedo) entiendo que sería subir la apuesta demasiado. Las demás zonas de mayoría "rusa" se me aparecen como alternativas de menor costo. Y con mayor población, potencial económico y visibilidad (para respetar mi tríada) que la mitad de un país que no creo que el europeo medio pueda ubicar en el mapa.

Un cordial saludo.

Mayor Payne dijo...

Leandro: En un todo de acuerdo con lo que plantea.

A su tríada hay que sumarle como otro factor de peso la histórica sensación de inseguridad de Rusia respecto de sus vecinos y el temor histórico a ser invadidos. El Imperio Ruso debió soportar la invasión napoleónica, la (única, y esperemos en Dios que no pase a ser la primera) Guerra de Crimea y el frente oriental de la Primera Guerra Mundial, mientras que la Rusia revolucionaria tuvo la intervención aliada en favor de los blancos y la Unión Soviética soportó veinte millones de muertos a manos de la Alemania nazi. ¿Acaso Putin, o cualquier otro ruso que se precie de tal, tendría fe en que nadie piense hacer lo mismo alguna vez con la Federación Rusa? Para nosotros puede resultar irracional, pero cinco episodios de esa magnitud en doscientos años no pasan sin dejar huellas en el alma de un país y la percepción que tiene del mundo.

Y eso que ni siquiera entramos a considerar la inquietud que despierta en Rusia el fundamentalismo islámico, y ni qué hablar de saber que del otro lado de su frontera oriental hay cierto país con más de mil millones de habitantes que tiene hambre de recursos y de espacio vital...

Respecto de las futuras víctimas, no creo que Belarus/Bielorrusia tenga mucho que temer por estos días. Prácticamente es un protectorado ruso y a Putin le conviene tener al matón de Lukashenko como un virtual virrey que se ocupe de los asuntos bielorrusos en vez de tener que manejarlos directamente él. Además existe, aunque esté en coma profundo, una "Unión de Estados" entre Moscú y Minsk, con lo que en la práctica ya existe una pseudo-unificación.

Otro factor que no hay que descartar es el exclave ruso de Kaliningrado (la ex Königsberg), es decir, de la mitad de Prusia Oriental que la URSS se apropió tras la guerra y que quedó aislada del resto de Rusia después de 1991, que cumple para la Flota del Báltico de la Armada Rusa la misma función que Sebastopol tiene para la Flota del Mar Negro... y que actualmente está como jamón del medio en un sandwich cuyas tapas son Lituania y Polonia, ambos miembros de la OTAN y de la Unión Europea. Qué ironía del destino es que otra vez (una parte de) Prusia Oriental pertenezca a otro país del cual está separado por el territorio de otros Estados... la última vez, salió tan pero tan bien...

De los "stanes" no me preocuparía mucho; no creo que Putin tenga ganas de embarcarse en una aventura contra pueblos musulmanes. Afganistán dejó también bastantes secuelas, y no creo que quiera además ponerse en contra a sus propios musulmanes...

Le agrego algo más a su apreciación sobre cómo se ve el episodio y la nula reacción norteamericana y europea en otros países: recuerde que a Ucrania la llevaron a deshacerse de su arsenal nuclear heredado de la URSS a cambio de garantías británicas y norteamericanas de su integridad territorial. Hay muchas capitales en el mundo en las que el episodio de Crimea está llevando a reevaluar el (casi nulo) valor de las garantías norteamericanas. Y no me sorprendería que haya cabezas pensantes en lugares como Tokio, Seúl y Riyadh que estén sopesando cuidadosamente por estos días la posibilidad de dotarse de algunas nukes propias...

Saludos!

Leandro dijo...

Mayor: lo que Ud. plantea sobre Tokio, Seul y Riyadh es exactamente lo que yo temo sobre Teherán, Islamabad o Pekín. La primera por carecer de un deterrent en absoluto, las otras dos por no tener una tríada de alcance regional/global suficiente. Hoy por hoy, ser una potencia atómica para un país mediano no significa la libertad de atacar sin costos; antes bien, es una póliza de vida del régimen (y sus ocupantes).

En lo que hace al temor histórico ruso de ser invadidos, hay que considerar a todo el territorio ex- URSS como la buffer zone del sentir ruso. Es decir, todas (TODAS) las repúblicas ex soviéticas funcionaban como los peones del ajedrez ruso en la defensa de la mother Russia. Por qué habrían de regalarlos?

En lo concerniente a Lukashenko, como dijo Menem, "un papa no vuelve a ser cardenal". No creo que esté tranquilo con la idea de pasar de ser señor feudal a gobernador delegado. De las repúblicas bálticas me preocupo menos, ya que sí son parte formal de la OTAN ex-ante. Su integridad no es deleznable para la Alianza, a riesgo de perder todo riesgo de representatividad de sus garantías.

Por lo demás, el rol de uzbekos y kirgizos en Afganistán (y sus vuelos propios en lo que hace a negociar con el talibán diversos términos de convivencia mientras los EEUU aún los considera combatientes enemigos) me anima a creer que el tener su propia agenda puede ponerlos en la mira. Y no debe olvidarse que los kazajos controlan el mayor potencial de tierras raras y uranio de la zona.

El Enmascarado dijo...

Mayor Payne: esta vez me primereó Ud. al mencionar a Kaliningrado antes. Iba a usarlo como ejemplo de que, si bien es cierto que está Ucrania en el medio, la Trasnistria podría declararse rusa aunque esté separada del territorio ruso.

A riesgo de parecer terco, y sin que deje de compartir en buena medida lo señalado por Leandro y por Ud., creo que en Moldavia hace rato que vienen soplando aires de Fronda entre los rusoparlantes de origen no rumano. Y Moscú es el ventilador gigante que produce esos aires...

Hay que seguir con mucha atención todo lo que está pasando con Rusia.

Confieso que tengo una profunda ansiedad y preocupación por cómo seguirá esta partida y, al mismo tiempo, siento renacer el espíritu de excitación juvenil que me llevó a interesarme por las relaciones internacionales como medio de trabajo y de estudio.
The Big Game it's beginning again!

O mejor dicho, nunca dejó de jugarse, pero había algunos participantes que creían que uno de los principales jugadores había quedado fuera del juego...

Mayor Payne dijo...

Leandro: de nuevo, totalmente de acuerdo. No había considerado como factor lo que menciona sobre el juego independiente de Uzbekistán y Kirguizistán y sobre los recursos de Kazajistán, y son claramente factores a tener en cuenta. Respecto de lo demás, el mundo entero está pensando que es hora de "juguemos en el bosque mientras el lobo no está", o mejor dicho, mientras el lobo está económicamente anemico, políticamente en una nube de pedos y militarmente desganado.

Sr. Enmascarado, comparto sus emociones al respecto. Para serle honesto, estaba un tanto podrido de las "nuevas amenazas", y como amante de los fierros ya tenía ganas de algún buen desafío "simétrico" en lugar de tanto deambular por el desierto para cazar enturbantados. Y particularmente me cansaban los utopistas que decían que el juego se había terminado y que no se daban cuenta de que la estabilidad post-Guerra Fría no era el nuevo orden natural de las cosas sino una situación precaria que exigía mantenimiento cuidadoso...

Saludos!

El Enmascarado dijo...

Mayor, ¡Jajaja! Coincido con que ya aburría ver imágenes en verde de grupo de tipos ligándose una ráfaga o un misilazo en el turbante. Para colmo, cada dos por tres un Drone, y su "inteligente operador a distancia" confundía un casamiento afgano con un grupo talibán y se los cargaba a todos los pobres tipos...

Hablando de utopistas y de triunfalismo prematuro, Francis Fukuyama con su visión del Fin de la Historia y del triunfo de la democracia como sistema que se extendería por el mundo con la Globalización, no debe saber cómo corno explicar este resurgir de Rusia.

Cuesta hacerle entender a algunos que la mayoría de los pueblos del Asia y de África no tienen ni la menor idea de qué es un gobierno democrático ni tampoco les interesa mucho. Prefieren seguir sus viejos y conocidos sistemas tradicionales propios de cada uno.

El actual Gran Juego es fascinante porque tiene actores nuevos y porque ahora volvió un jugador que ocupó un lugar central en él durante 300 años.

Pero el enorme desafío de las relaciones internacionales es cómo evitar que los fierros se utilicen y eso es lo que me encanta. Porque no hay que olvidar que los peones del Gran Juego son millones de seres humanos y su vida...

Abrazo.

Mayor Payne dijo...

Sr. Enmascarado: sin más que agregar excepto mi coincidencia plena con todo lo dicho... y si no me explayo más es porque Ud. lo explicó de manera corta (o sea "lo bueno, si breve, dos veces bueno") y efectiva.

Saludos!