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24 de noviembre de 2016

Y la revolución comunista sigue su curso








¿Alguien pensó que con la alta abstención de las elecciones municipales de este año el Gobierno de Michelle Bachelet iba a dar un giro de 180º, como el conservador heterodoxo Daniel Mansuy pensó en el tiempo de llamado ‘realismo sin renuncia’ teniendo en mente los gobiernos socialistas francés de François Mitterrand, el cual tuvo que cambiar en su segundo tiempo? Su última línea lo dice todo: “No es seguro que mañana podamos decir lo mismo de Michelle Bachelet”. Además, Bachelet jamás se ha identificado ya sea la socialdemocracia alemana, ya sea el laborismo inglés, ya sea el socialismo francés o con el socialismo español, cuando el PSOE abandono el leninismo. Su mundo es el comunismo, ya sea la cárcel de la ex RDA, ya sea la isla cárcel de Cuba manejada por los hermanos Castro.

   Según el sitio el Pulso , en septiembre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista habían establecido un acuerdo base en el documento “Hacia un nuevo pacto de convivencia”. En ella los abogados establecen: “Nos hemos preguntado lo siguiente: ¿Pueden dos partidos, como la Democracia Cristiana y el Partido Comunista -partidos con matrices ideológicas disímiles - contribuir objetiva y responsablemente al propósito de que el proceso constituyente prospere en beneficio de nuestro país? En nuestra opinión, no se trata de una posibilidad sino más bien de un deber”.

   De un universo electoral de 18 millones, el Partido Comunista en la elección municipal apenas obtuvo 250.000 votos. Lo que es nada misma. Sin embargo, desafortunadamente para el país ese el partido que lleva la batuta, marca el norte y la dirección del gobierno. Un minoría insignificante.

   El mencionado documento lo firmaron los abogados Jorge Correa Sutil, María Pía Silva y Javier Couso por parte de la Democracia Cristiana. El último abogado, si es mi memoria no falla estuvo trabajando en el CEP y formó parte de la Comisión Valech. Por parte del Partido Comunista firmaron los abogados Jaime Gajardo, Carlos Arrue, Patricio Palme y Bárbara Sepúlveda.

  Las conclusión de los abogados de la Democracia Cristiana y el Partido Comunista es que el Estado tenga mayor injerencia en la economía, al contrario de lo que sostiene la Constitución de 1980: “pueden convenir en una visión común en torno al rol del Estado que incluye su función activa en la economía, dado que tenemos una visión crítica de la forma en que la Constitución de 1980 entiende su tarea subsidiaria”. La Nueva Mayoría no son capaces de mejorar la salud y la educación pública, así y todo, estos iluminados quieren meterse en la economía. Dudo que el paro público que hubo en noviembre los haya hecho repensar sus planteamientos. La empresa estatal Codelco está en quiebra. Eso tampoco les importa. Pronto el país va quebrar.

  Tienen varias cosas en común esos dos partidos. Ambos son estatistas y burócratas. Ambos creen en la tontera de que la propiedad privada ha de tener una función social o estar supeditada al bien común. Ambos son comunistas.

   Según la Nueva Constitución que desean los socialista burgueses y los marxistas, el eje del nuevo texto son los derechos humanos en todos los ámbitos: “apreciación común sobre la centralidad de los derechos humanos y podemos coincidir en que los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, serán parte sustancial de la futura construcción legal”. Teniendo en alta consideración la dignidad humana y las libertades y sobre todo “sobre los avances alcanzados por la humanidad en materia de DDHH”.

  Queda claro como el agua que la Democracia Cristiana no considera los crímenes y atentados del grupo terrorista del FPMR, brazo armado del Partido Comunista como una violación a los derechos humanos, en que perdieron las vidas tanto civiles como militares. Por tanto, no hay que tomarse en serio cuando hablan de ‘las violaciones sistemáticas a los derechos humanos’ bajo el Gobierno Militar.

   Si en realidad le importa la dignidad humana, entonces los militares ancianos en el gulag de Punta Peuco estarían libres, pues es un atentado a los derechos humanos no aplicar la igualdad ante la ley y no darle los mismos beneficios que recibieron los terroristas. Eso me recuerda, que cuando Bachelet fue a la ONU en septiembre hablo de los derechos humanos para referirse a Venezuela, sin nombrar el país, como si en democracia y en su propio país a los militares se les niega la ley. Se supone que en democracia no se violan los derechos humanos.

  Para el director de la Fundación Horizontal y miembro del Partido Evópoli, el neoderechista, Hernán Larraín Matte, y que además, formó parte del Consejo de Observadores del Proceso Constituyente afirmó, cuando éste hubo acabado: “No podemos decir que Chile habló”. Obvio, si nadie le intereso. Si el temario estaba predeterminado de antemano. Así que no se podía proponer cualquiera cosa. Con todo, al terminar el Proceso Constituyente la mayoría de los participaron proponían ideas más en sintonía con la Nueva Mayoría, esto es, que los derechos sociales estuviesen garantizados en la nueva Constitución. Esos derechos que tanto les gustan a los progresistas burgueses y marxistas son privilegios que se financian a costa de los demás.

  En los 15 mil Encuentros Locales auto convocado solo participaron 83 mil personas de un universo de 14.121.316 electores, lo que representa apenas el 0,58% del electoral. Hay que tener en cuenta que en los cabildos podían partcipar hasta los menos de edad, desde los 14 años.

   Luego de la lluvia de ideas que fue el proceso constituyente, la revista Que Pasa cuenta que La Moneda encargó un grupo de profesionales de distintas áreas humanidades y ciencias sociales de la Universidad de Diego Portales recoger en forma sistemática, esto es, en frases claras y distintas las propuestas de los cabildos. En otras palabras codificar. En los Encuentros Locales (ELAS) se registraron 256 mil ideas. Dicho sea de paso, los profesionales trabajan en el sótano de la mencionada universidad.
   ¿Cómo filtran tantas ideas? A través de una metodología. Conforme a ésta, según cuenta Que Pasa: “Su sueldo es por frase sistematizada, por ello el ritmo de trabajo es intenso, casi sin detenciones y en algunas ocasiones alcanzando el día y la noche. Trescientas opiniones, en promedio, son las que codifican por día, en un diseño metodológico que se creó para cumplir con el inexorable mandato presidencial: que cada opinión de los participantes fuera recogida de forma fidedigna”. Trabajólicos.  Si bien el trabajo de los profesionales terminó en octubre, el Gobierno no está apuro, pues no quiere desprolijidad.

   La persona a cargo del equipo de 100 personas es, pues, el filósofo Claudio Fuentes, director del Centro de Estudios de Argumentación y Razonamiento de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales. El propósito de la metodología es que no haya ambigüedad o interpretación en las frases: “tenga una estructura gramatical estándar para que pueda ser procesada de forma irrestrictamente descriptiva, con el fin de que no exista ningún juicio interpretativo”.

  Asimismo, Que Pasa nos cuenta que la Secretaría General de la Presidencia buscó un método fiable, ya que no había una experiencia internacional o nacional para procesar las opiniones de las personas que participaron en los cabildos. El Gobierno no quería una muestra al estilo de las encuestas, sino “la fidelidad de lo expresado por los ciudadanos que participaron del proceso y, además, porque abarcaba el universo de esas opiniones”. El informe final que le entregaran al presidente de la República estará divido en cuatro ejes: derechos, deberes, instituciones y valores.

   Según revela Que Pasa, el Gobierno en un acto en la plaza de la Constitución va mostrar las bases ciudadanas con una exposición sobre la participación del nuevo texto: “El proceso seguirá su curso normal, asegura la misma fuente”. Como si nada.

   Ahora bien, ¿no encuentran que se oponen abiertamente el acuerdo de la Democracia Cristiana con el Partido Comunista sobre la Constitución y el proceso constituyente? El primero es elitista y el segundo son las opiniones de las personas que participaron en los cabildos. Y entre los dos, está el equipo de profesionales que tiene que ordenar las frases.

   La Revolución sigue su curso. Los cambios de ministros que ha habido no significan nada. Al Partido Comunista no le gustaba el demócrata cristiano, Jorge Burgos. El partido de Camila Vallejo se identifica con el ex ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, quien ocupa el cargo de Secretario General de la Presidencia. Por tanto, pertenece al círculo hierro de Bachelet. Una prueba de ello, son las recientes declaraciones del diputado de la retroexcavadora y primer vicepresidente del Partido por la Democracia (PPD), Jaime Quintana , quien dijo: "Eyzaguirre representa las reformas". Antes había dicho que la oposición había criticado el equipo político: "Aquí hay quienes han criticado fuertemente al equipo político, pero, en el fondo, lo que quisieran es retrasar o derechamente frenar las reformas". Como si nada.

   Lo anterior me lleva a una frase recurrente del jurista constitucional de Bachelet, Fernando Atria en su libro La Constitución tramposa, es que tenemos un modo de vida impuesto conforme al rayado de cancha de la Constitución de 1980.  En esta última a igual que en la Constitución norteamericana cada persona persigue son fines, mientras no viole la libertad, la vida y la propiedad de las otras personas: “Cuando mira al pasado, la pregunta es por el modo de vida, la forma de existencia política que hemos asumido viviendo bajo una decisión que en origen pudo haber sido heterónoma, impuesta”.

   Después compara la Constitución actual con las cadenas: “Es claro que esto entraña un riesgo de falsa conciencia, de que nos ocurra como al tío Tom y nos enamoremos de nuestras propias cadenas convenciéndonos de que no son cadenas”. Supongo que la libertad de enseñanza es una cadena como también la libertad de emprender y el resguardo de la propiedad privada. Más adelante dice: “Instituciones heterónomamente impuestas pueden someter al pueblo por la fuerza por diecisiete años, primero, y después si el trauma es suficientemente grande, por veinte años o más”.El negocio de la Izquierda es parasitar de lo que llaman trauma, aun cuando tres cuartas partes de la población apoyo el 11 de septiembre chileno.

  Según Atria, la crisis de legitimidad del actual ordenamiento económico y constitucional se puso de manifiesto con las manifestaciones estudiantiles que comenzaron el 2011, en el gobierno de Piñera: “que el pueblo chileno ya no acepta que los términos fundamentales de la vida en común sean los que quiso Pinochet o sus partidario…”.

   Sin embargo, en estos dos años y tanto del segundo gobierno de Bachelet, la Nueva Mayoría ha querido alterar el modo de vida que le gustan a los chilenos. Ella no escucha.

  Espero que en la próxima elección presidencial, la abstención llegue a un 80%, de ese modo la constitución chavista de Bachelet carecerá de legitimidad.

24 de abril de 2014

El cuento del tío de la Izquierda chilena



Para algunos les sorprende que políticos de la ex Concertación se haya izquierdizado tanto como barrer lo que hicieron cuando fueron gobierno, como el actual ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre. La coalición que gobernó durante veinte años estuvo conformada por la Democracia Cristiana y la ex Unidad Popular. En materia de derechos humanos seguían al Partido Comunista, que estaba excluido de esa alianza. La DC chilena a diferencia de la Democracia Cristiana alemana es un partido de Izquierda. La DC chilena tenía un programa similar a la Unidad Popular, sólo que era estatista, según ellos. Eran estatistas más no totalitarios. Sin embargo, de nada sirve la distinción entre totalitario y estatista, cuando éstos últimos eliminaron el artículo que resguardada la propiedad privada. Alguien me puede decir, ¿cómo distinguir o separar la línea entre el estatismo y totalitarismo, cuando no hay ningún dique o contrapeso al poder? El primer límite al poder es el respeto a la propiedad privada. Y es donde nacen las demás libertades.

Nicolás Eyzaguirre, Eugenio Tironi, Ricardo Lagos y otros más nunca cambiaron.

Hay que recordar que el Partido Comunista se demoró más de treinta años en tener a los demócratas cristianos como aliados.  La agenda de la Nueva Mayoría la maneja el PC, lo que digan los DC vale un rábano.  Eso quedo demostrado en la fallida designación de una sub secretaria de Educación por tener vínculos con el lucro. Así, lo vemos por ejemplo, en la pugna de los dos sectores al interior de la coalición. Mientras la Izquierda radical propone hacer la política imponiendo, recordando el lema ‘Avanzar sin transar’ de la Unidad Popular, los DC quieren dar la impresión que desean escuchar las propuestas de la derecha, siempre y cuando acepten de las reformas o el programa de Bachelet. Sí o sí. La última declaración  que leí al estilo de la UP vino del diputado comunista, terrorista confeso del FPMR y vocero de la Nueva Pillería, Guillermo Teilleir, quien dijo: “Estamos dispuestos a dialogar, pero no para volver a la política de los consensos”. Obvio, si hay esto último se acaba la Revolución chavista que lidera Bachelet. Ahora no emplean la palabra ‘revolución’, sino que usan otras expresiones como el “nuevo ciclo que vive Chile”. El oficialismo saco apenas un 26% de los votos, pues la mayoría no quiso votar hablan de que “la ciudadanía ha votado por un programa de gobierno, ha votado por el cambio, ha votado por transformaciones importantes en Chile”. Esas palabras son del ministro de Interior, Rodrigo Peñailillo. Y otras del matón de la retroexcavadora y diputado del PPD, Jaime Quintana: "en 7 días hemos visto un gobierno que ha cambiado el clima del país".

El fallecido columnista y economista, Álvaro Bardón se moriría de la risa al escuchar las palabras de Peñailillo o Quintana. Parafraseándolo, estaríamos en una  Revolución Cultural al estilo que hubo en la China de Mao. Cada vez que sale electo un gobierno de Izquierda hay una Revolución, no así cuando llega un  gobierno de Derecha. Eso lo podemos ver claramente, cuando Margaret Thatcher  llegó al poder, y cuando lo hizo Bachelet. Solamente hay que leer a las feministas de Izquierda. Y si Matthei hubiese llegado antes de la ayudista del FPMR, no sería una Revolución.

La Nueva Mayoría está conformada por los demócratas cristianos (los malos), pues los buenos están en la oposición, la ex Unidad Popular con su dos partidos, el Partido por la Democracia y el Partido Socialista, y el Partido Comunista.

La Izquierda chilena les hizo creer, desde los noventa,  a sus compatriotas que ellos no eran los mismo de la Unidad Popular. Habían cambiado aparentemente. Respetaba la democracia liberal y el modelo económico instaurado por los militares, después del debacle del gobierno de Allende y los cuarenta años de socialismo que habían dejado el país en la ruina.

Por una parte, la Izquierda reemplazó a Lenin, a Louis Althusser, a Marcuse  por Bobbio, John Stuart Mill, Anthony Giddens y el filósofo norteamericano, John Rawls. Hasta el mismo Karl Marx lo desecharon. Lenin fue, asimismo, reemplazado por el pensador Antonio Gramsci. Y, naturalmente, el filósofo Gianni Vattimo. La Revolución violenta fue reemplazada por la Revolución Cultural, sin que el otro lado se diese cuenta. Y parece que nuestros representantes todavía no lo reparan.

La Izquierda chilena no tiene nada que ver con el laborismo británico, al laborismo de Estado de Israel o con el Partido Demócrata norteamericano. Si la Izquierda chilena quisiera parecerse a los partidos mencionados, tendría que renegar del gobierno de Salvador Allende, quien fue marxista leninista, y no socialdemócrata ni liberal. Y eso no lo han hecho. Al contrario, a medida que pasan los años, se sienten orgullosos y lo justifican como especie de excepción durante de la Guerra Fría. ‘Por excepción’ quiere decir que no estaban por el bloque comunista y por el Mundo libre, lo cual es falso. Cuando eran la Concertación nunca pidieron perdón por los atropellos sistemáticos a los derechos humanos cometidas por la Unidad Popular. Además, la Nueva Mayoría desea que revivamos ese nefasto gobierno.

Se imaginan al laborismo británico eliminando la Carta Magna y el Habeas Corpus, que impidió que el rey Juan sin Tierra expropiase de la tierra de los nobles porque se le daba la real gana. O se imaginan al Partido Demócrata eliminado los Bill of Rights. La Nueva Mayoría desea hacer barrer todos los límites. En ese sentido, el oficialismo se parece al monarca Juan Sin Tierra que cobra impuesto por cualquiera cosa, por una parte, y por otra, porque estaba interesado por incrementar su poder.

En realidad, nunca hubo renovación. Cambiaron de estrategia, mientras copaban las universidades, el poder judicial y la prensa, los cuales fueron, precisamente, los sectores que se opusieron a la Unidad Popular.

Para entender la historia política de los últimos cuarenta años, hay verlo con el principio aritmética de la conmutatividad: a + b = b + a. Mejor dicho con el principio de la identidad A= B = C.

A = La Unidad Popular y los DC que los apoyaban. El PC estaba en la UP.
B =  La Concertación La Unidad Popular mas los DC. El PC estaba fuera de la Concertación. Votaba por ella para que no saliera la Derecha.
C= La Nueva Mayoría: Democracia Cristiana, Socialistas y el Partido Comunista.

Alguien escribió que la Nueva Mayoría no era la Concertación. A decir verdad, lo eran. Eran los mismo más no se sacaban las máscaras. Estaba haciendo un personaje que baja los aranceles, firma tratados de libre comercio, se ufanan de que los feliciten en el extranjero, mientras internamente, se siente autoflagelantes, porque no les gusta administrar el modelo económico que heredaron de los miliares. Ver las columnas de Hermógenes Pérez de Arce de los noventa recopiladas en el libro “Contra la Corriente”. Hasta hace poco se vanagloriaban de que por primera vez los chilenos tenían tantas oportunidades y que por primera vez el país creara tanta riqueza.

Por eso sostengo que la Izquierda le hizo al país el cuento del tío. La expresión ‘el cuento del tío’, según Wikipedia, es el nombre que se le da en Argentina, Chile y Bolivia a estafa. Así lo resume: “aprovecharse de la inocencia y codicia de la víctima y una gran capacidad del estafador de actuar y contar un historia creíble”.

La Izquierda no cree en la democracia liberal y en el capitalismo. Para lo primero acabar con los altos quorum que protegen los derechos humanos de primera generación: la libertad, la vida y la propiedad. Para lo segundo, ocupar la retroexcavadora como consecuencia de reformar la Constitución que protege los derechos mencionados.

La Izquierda siempre ha tenido un objetivo y un programa, además de la perseverancia. Y eso lo hemos visto en las recientes reformas al voto a los chilenos residentes en el  extranjero y al sistema electoral.



La Nueva Mayoría que es una minoría de acuerdo al número de votantes, pues ni siquiera saco el 50% + 1, quiere el poder total.