Siguiendo con la línea de traducciones fatto in casa de artículos sobre la situación en Ucrania, acá va la traducción de
otro artículo de David P. Goldman, de quien ya citamos
una nota suya, al respecto:
Putin no es un genio; nosotros somos completos idiotas
Por David P. Goldman (Spengler)
Vladimir Putin le permitió alegremente a las autoridades de Kiev dispararles a a algunos manifestantes prorrusos mientras mantenía en el hielo a sus fuerzas militares del otro lado de la frontera. Predije (y mantengo mi postura) que Rusia no tomaría más territorio en Ucrania Oriental, al menos no por el momento, en cualquier caso. Rusia se quedará donde está y verá cómo Ucrania implota, al igual que implotó Egipto en los dos años que siguieron al derrocamiento de Hosni Mubarak. Antes del golpe de Maidan, Putin estaba preparado para olvidarse de quince mil millones de dólares en pagos atrasados a Gazprom y aportar dieciocho mil millones más. Ahora quiere treinta y cinco mil millones en pagos atrasados de gas, que se suman a los quince mil millones de dólares al año de déficit que tiene actualmente Ucrania. El FMI quiere recortes masivos en subsidios, lo que hará del gobierno de Kiev un objeto de odio sin ponerle coto al problema. Los contribuyentes occidentales no van a poner cincuenta mil millones de dólares para Ucrania, ni siquiera una mínima fracción de esa suma.
Yankee Doodle fue a Maidan, se puso una pluma en su sombrero y la llamó "democracia". Nuestra política exterior se parece a los cultistas de los OVNIs que están tan convencidos de que hay extraterrestres invadiendo la Tierra que ven alienígenas en cada reflejo de gases de pantano. En este caso no se trata de alienígenas, sino de aspirantes a republicanos. Primero la Plaza Tahrir, y luego Maidan, fueron pruebas gloriosas del Destino Manifiesto de la democracia occidental.
Una búsqueda en Google de los términos "Putin" y "genio" arroja como resultado diez millones de hits. Si oigo a algún otro comentarista haciendo un panegírico del gran intelecto de Putin, vomitaré mi almuerzo. Putin no es tan inteligente; el problema es que somos completos idiotas. Cuando Ucrania implotó, nuestros líderes (desde Victoria Nuland en el Departamento de Estado hasta los neoconservadores) asumieron de hecho que revertiríamos la polaridad de Ucrania hacia Occidente y que humillaríamos a Rusia con la pérdida de Crimea. Putin dejó en evidencia nuestro farol, y no teníamos opciones militares viables.
Putin no necesita enviar al Ejército Rojo a Ucrania. Todos los oficiales ucranianos de grado superior a mayor hicieron sus carreras en el Ejército Rojo. Los comandantes ucranianos no van a luchar contra los rusos. Ellos son los rusos. Ayer vimos a los paracaidistas ucranianos entregarles sus vehículos blindados a los separatistas rusos. Tal vez John McCain pueda enviarles más armas para que se las entreguen a Moscú.
Los norteamericanos juegan al Monopoly, los rusos al ajedrez: pusimos nuestra ficha en el casillero de Park Place de manera justa y eso nos dio el derecho a instalar un hotel. No importa que Ucrania sea un caso perdido con un ingreso per cápita equivalente a la décima parte del de la Comunidad Europea, cuyos mejores jóvenes (junto con algunos de los peores) han dejado el país, con una economía en ruinas y una población declinante. Putin no está jugando según las reglas impresas en la tapa del juego de mesa. ¡Es otro Hitler! ¿Dónde está nuestro Churchill? Es una remake de Dr. Strangelove hecha por Monty Python. Unos pocos provocadores con bandera rusa reparten volantes exigiendo que los judíos de Ucrania oriental se registren ante las autoridades, y todos los medios al igual que la administración Obama se hiperventilan, hasta que todo el asunto queda revelado como un fraude.
La amenaza, como escribió el gran teórico del ajedrez Aron Nimzowitsch, es más poderosa que la ejecución. Putin dejará que Occidente se haga cargo del desastre ucraniano hasta que gangrene, y entonces elegirá y se quedará con lo que quiera. Nos hincharemos y bufaremos y protestaremos contra Putin, el nuevo Hitler, mientras la economía ucraniana se desintegra. El aforismo de Bismarck se aplica: die ganze Ukraine ist nicht die gesunden Knochen eines einzigen pommerschen Grenadiers wert. (*)
(*) "Ucrania entera no vale ni los huesos de un solo granadero de Pomerania".