
21 de noviembre de 2011
21 de septiembre de 2010
Complicados
Domingo a la madrugada, esta persona tiene que salir corriendo para el tambo, hay un problema con una maquina y dos de los cuatro tipos que les tocaba el turno no aparecieron a laburar (porque se quedaron durmiendo). Puteadas de todos colores.
La cosa es que hablando sobre el tema veo que la gente de Provincia de Buenos Aires es complicada. Los tipos del tambo como agropecuarios son privilegiados en lo que a sueldo se refiere, ganan 2.500 mangos por mes para arriba. Cuando el equipo lo provee y maneja un tipo de afuera, ese gana arriba de 30 lucas por mes en un tambo grande.
Y aún así, es imposible establecer relaciones laborales de largo plazo. Los tipos laburan uno de los dos turnos de 6 horas (a cualquier hora, eso si), por un sueldo muy por encima de cualquier otra persona sin un titulo de nada en la misma zona y aún así no duran mucho, no les importa conservar el trabajo, viven yirando. Uno de los que faltó tiene un hijo recien nacido. Todos vestidos igual que el dueño del tambo, con celulares mejores, pero les chupa un huevo el laburo. Vaya uno a saber.
Yo conozco más el laburo de campo del Norte, y la gente es muy distinta. Tienen otras mañas, pero evidentemente Provincia de Buenos Aires es muy complicado. Principalmente, me da la impresión de que tienen muy fuerte esa cosa de que laburar para alguien y obedecer una orden es ser un sumiso inmundo. Y cuando hace falta gente, se pueden dar el lujo de rotar de uno a otro laburo, pero la relación es bastante desgastante para todos.
27 de junio de 2010
Diez puntos para un servicio nacional
A partir del debate que surgió la semana pasada sobre la posible validez de la colimba, estuve pensando un poco y quería caer con una idea al respecto.
(Ahora pueden decir: "y dale con Pernía...")
Hagamos un ejercicio de ciencia ficción, en el que el Estado argentino no se dedicara con saña a la sodomización violenta de sus habitantes, que las instituciones públicas estuvieran en condiciones aptas de cumplir sus tareas y que existieran los medios materiales y humanos para implementar esta idea sin caer en los habituales excesos, desperdicios, incompetencias y escándalos.
En el caso mencionado, que hemos de admitir que sería casi imposible de ver en la vida real, ¿sería posible o deseable establecer un sistema de servicio nacional que tuviera las siguientes características?
1. Se establecería un servicio nacional de carácter obligatorio para ambos sexos, de un año de duración, a cumplir a partir de los 18 años, que se podría prestar a través de diversas modalidades, entre ellas un servicio militar en las Fuerzas Armadas, un servicio de defensa civil y protección en caso de emergencias, un servicio social a ser prestado en hospitales, orfanatos y geriátricos, y un servicio de asistencia escolar en el nivel primario.
2. Si bien el servicio nacional sería de carácter obligatorio, quedaría a elección de los jóvenes la manera en la que dicho servicio puede ser prestado, en la medida en que se cumplan los cupos fijados para cada actividad. Se establecerían cupos del 20% como máximo para cada una de las modalidades del servicio nacional (asumiendo que nos mantuviéramos en las cuatro mencionadas antes); el 20% restante se distribuiría de manera variable y ajustada a los requerimientos existentes. En caso de haber más solicitudes que vacantes disponibles para una modalidad del servicio, se podrían asignar las solicitudes excedentes a otras cuyos cupos no estuvieran cubiertos.
3. La selección para el servicio y la recepción de solicitudes serían llevadas a cabo por los gobiernos provinciales y de la ciudad de Buenos Aires, que estarían encargadas (bajo supervisión federal) de la aplicación de los cupos a los jóvenes de su distrito, de forma tal de asegurar que cada modalidad del servicio nacional tuviera participación de jóvenes de todo el país.
4. El proceso de incorporación incluiría un examen médico completo y exámenes académicos (Lengua, Matemática y Ciencias Sociales, en principio) para todos los que prestarían el servicio, de modo tal de poder tener una visión adecuada de la situación sanitaria y educativa de la juventud argentina. Cada modalidad del servicio exigiría de sus postulantes resultados determinados en todos estos exámenes.
5. La única instrucción permitida sería de carácter técnico específico de las tareas a realizar, quedando prohibida la instrucción política o ideológica de cualquier clase y forma. Alternativamente, para los incorporados que presentaran falencias educativas, se permitiría la enseñanza compensatoria y niveladora necesaria mediante cursos acelerados a ser dictados en escuelas normales del área en donde se preste el servicio.
6. La prestación del servicio en todas sus formas sería debidamente compensada en materia salarial, de prestaciones médicas, de viáticos y de residencia en caso de traslado a otro punto del país.
7. Regiría para los que lleven a cabo el servicio militar los mismos derechos, deberes, obligaciones y privilegios que actualmente tiene el personal voluntario de las Fuerzas Armadas. En la escala jerárquica militar quedarían ubicados por debajo del actual personal voluntario. Ciertas unidades, como por ejemplo los paracaidistas, comandos, fuerzas especiales e infantes de Marina, se compondrían exclusivamente de personal voluntario que eligiera continuar en el servicio después de finalizado su plazo.
8. En el caso de los que presten el servicio militar, tendrían reservado un cupo del 35% de las vacantes de ingreso a las escuelas de oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas, a ser distribuido de acuerdo a las evaluaciones de desempeño que se lleven a cabo.
9. Para los otros servicios, se implementarían facilidades para que quienes lo cumplan de manera completa puedan acceder a la universidad o a la educación técnica, si así fuera la intención de los que cumplen el servicio.
10. Los que finalizaran el servicio quedarían como parte de una "reserva" que puede ser activada en caso de guerra, catástrofe o emergencia. En el caso de los reservistas militares, se constituirían unidades de carácter regional con cuadros provistos por personal en actividad y/o retirado de las Fuerzas Armadas regulares en las que quedarían encuadrados para las prácticas (dos semanas al año) y para una eventual llamada al servicio.
Como en el post anterior, esto va aunque más no sea para reafirmar los argumentos en contrario.
23 de junio de 2010
¿Puede tener utilidad la colimba?
A raíz del episodio con el general McChrystal y los exabruptos que le costaron el puesto, de lo que di cuenta en mi post anterior, el autor de este artículo se pregunta si no está surgiendo en Estados Unidos una brecha entre civiles y militares que puede terminar en una "guerra cultural" en el futuro próximo.
Dicha brecha, argumenta el autor, se potencia por el sistema de servicio voluntario en las fuerzas armadas norteamericanas, que daría como resultado una creciente separación, desconocimiento y a la larga mutuo desprecio entre los civiles, que ven a los militares como bestias ignorantes que no sirven para nada mejor, y los militares, que consideran a los dirigentes civiles como ignorantes que toman decisiones sin tener experiencia propia sobre las realidades de la guerra y del servicio militar.
¿La solución propuesta por el autor? Reimplantar la "draft": es decir, resucitar la colimba norteamericana. Y puesto a pensar, no es tan mala idea como parece, incluso para la Argentina. Esta idea merece más desarrollo del que puedo hacer yo en este post, que ya bastante largo es y bastante abusará de su paciencia.
Quizás no debiera hablar de reintroducir la colimba. Tengo 26 años; tenía 10 cuando mataron a Carrasco y suspendieron la colimba. No viví el servicio militar, aunque de chico tenía la idea de ser oficial de la Armada. Además, me identifico como liberal, y por tanto no creo que el Estado deba tener en principio la autoridad para requerir a los ciudadanos la prestación de servicios no consentidos.
Digo todo esto para que quede claro que en principio, desde el vamos, no creo en el servicio obligatorio, y que la intromisión estatal en la vida y decisiones privadas no debe consentirse a menos que se trate de un caso verdaderamente extraordinario. No digo que esta situación lo sea, pero puede llegar a serlo en un futuro, y no estaría mal que alguna vez nos anticipemos al problema.
Hay buenas razones para oponerse a la colimba. La guerra moderna requiere más habilidad y capacidad que números. Poner a un chico de 18 a hacer carrera march durante un año ya no da como resultado un soldado listo para el combate. Malvinas lo demostró de manera patente y clara.
Pero hay una realidad concreta y peligrosa, y es que la brecha entre civiles y militares existe, tanto en Estados Unidos como en la Argentina. Y como enseña la historia argentina, dejar que esa brecha se expanda es peligroso.
Me ha tocado ver a gente muy inteligente y decente, sea en mis ambientes de trabajo o de estudio, que se tragaba por completo todos los estereotipos sobre los militares, hasta que tuvo oportunidad de conocerlos o verlos más de cerca. Es que tener Fuerzas Armadas encapsuladas, con oficiales que salen de las mismas familias y suboficiales y voluntarios que salen de la misma extracción social, es la receta para terminar con una casta separada. Más cuando desde el lado civil se insiste en presentar a los militares como un mundo completamente separado, que viene bárbaro para convertirlo en chivo expiatorio de todo lo que anda mal en este país.
La colimba fracasó en la Argentina en su misión principal: la de preparar ciudadanos aptos para el combate. Yo no la reimplantaría antes de tener instituciones militares bien firmes y capaces de hacerse cargo de la tarea, y aún así habría que rediseñarlo para evitar los desperdicios, los abusos y las groseras incompetencias que históricamente tuvo la colimba argentina. Una solución puede ser que sólo los que se ofrezcan voluntarios terminen en puestos de combate, y el resto se ocupen de llenar los cargos administrativos que actualmente chupan una cantidad importante de voluntarios y profesionales.
Tal vez la solución pase por un servicio nacional, en el que los chicos y chicas de dieciocho años cumplan uno o dos años de servicio, ya sea militar, social, de asistencia o de otra índole, postulándose a la alternativa que más les interese, pero cumpliendo el servicio, con posibilidades de hacer carrera (con un número limitado de vacantes) al finalizar el plazo inicial.
Viendo el estado actual de la juventud argentina, mal no les haría laburar un par de años, salir de la burbuja y aprender alguna habilidad práctica. Quizás alguno de esos chicos que al principio hace berrinche por tener que dejar la joda por un año o dos termine descubriendo que la opción que odiaba es buena para él. Y que aquellos a los que despreciaba por "represores" según el lavado cerebral escolar y mediático, o que el tipo de la otra provincia de quien aprendió a reirse, en realidad son tipos como él, ni más ni menos.
De paso, formaríamos gente que es capaz de colaborar de manera constructiva haciendo uso de las habilidades adquiridas en caso de emergencia, tanto natural como bélica.
Y viendo el estado actual de las relaciones cívico-militares, definitivamente no le haría mal a la Argentina acercar a civiles y a militares y hacer entender que, a fin de cuentas, todos tenemos responsabilidades hacia el país. Tal vez nos evitemos problemas y dolores de cabeza más adelante.
Aunque más no sea para plantear argumentos que reafirmen la convicción de lo contrario, vale la pena hacerse la pregunta.
15 de mayo de 2008
