Desde hace seis años y por razones laborales, más o menos por esta época del año viajo a Las Vegas por una semana. Sí, es un trabajo duro, pero alguien tiene que hacerlo.
Todos los años estaba acostumbrado a encontrar un hotel nuevo. Y me refiero a un hotel estilo Las Vegas, con dos mil habitaciones para empezar a charlar.
Esta vez vi avances muy importantes en el City Center (un conjunto de edificios de oficinas, condominios y cómo no, hoteles y casinos en medio del Strip , la avenida principal, que está en construcción desde hace tres años ), y encontré un centro comercial muy bonito que no conocía, pero me dio la impresión de que el impresionante empuje que suele exhibir esta ciudad estaba un poco atenuado.
También noté un poquito de suciedad en las calles, un poquito de infraestructura descuidada (escaleras mecánicas fuera de servicio, mobiliario urbano vandalizado), cosas que son habituales en cualquier ciudad del mundo, pero no en Sin City.
Hablando con un taxista estadounidense, (que no es tan fácil de encontrar como pudiera pensarse, la mayoría son inmigrantes, Nigeria, Etiopía y Filipinas fueron las las nacionalidades que más me tocaron), él tenía la misma impresión de sutil decadencia, aunque no se quejaba (un taxista puede ganar entre 4000 y 6000 dólares al mes), y lo atribuía sobre todo a la crisis cuyos efectos llegaron demorados. Eso sí, despotricó un buen rato en contra de Obama.
Otro día les cuento algunas curiosidades sobre el sistema de taxis de Las Vegas.
Sacando las tarifas de hospedaje, que son enloquecedoramente variables según el día, la semana, las convenciones que haya en ese momento, las carreras de Nascar, y un sinfín de factores más, encontré los precios aproximadamente un 10% más caros.