Traducción
fatto in casa de
este artículo.
Postmortem
Por Richard Fernandez
Lo repentino del colapso de Venezuela no debería haber sido una sorpresa porque los colapsos son inherentemente abruptos. El colapso es un cambio de fase. En un momento todo está marchando bien, tranquilo y feliz, y al siguiente momento se está hundiendo entre las olas. El cambio de dos a uno es una pérdida del 50%, pero el cambio de uno a cero es binario.
Así fue en Venezuela. Imaginen esperar dos años para comprar un automóvil y descubrir que justo cuando creían finalmente poder comprar uno que ya no quedan autos en venta:
"Leonardo Hernández había esperado poder comprar un auto nuevo este año, poniéndole fin a casi dos años de esperar en varias listas de diversas concesionarias a través del país.
Esas esperanzas fueron aplastadas la semana pasada cuando la Toyota Motor Co. declaró que cerraría sus operaciones de montaje en Venezuela debido a los controles de divisas impuestos por el gobierno que han demolido las importaciones y hecho imposible traer las autopartes necesarias para fabricar sus vehículos.
Los otros fabricantes de automóviles del país, incluyendo a General Motors y Ford, ni siquiera han comenzado a trabajar este año, mientras esperan que las partes necesarias lleguen."
Piensen en no poder comprar jabón, arroz o papel higiénico o pedir una taza de café, en donde hasta los ricos se sienten pobres. "En los serenos clubes privados de Caracas no hay leche, y el silbido de la máquina de capuccino ha caído en silencio. En las barriadas, la electricidad se corta de tanto en tanto, o el agua deja de correr. En los locales, tanto los almacenes de propiedad estatal como en los que sirven caros comestibles finos, los clientes hacen trueque de información: vi jabón allá, aquel comercio tiene arroz hoy. Los ingenieros petroleros han emigrado a Calgary, las estrellas de telenovelas han huido a México y Colombia. Y en los salones de belleza de esta nación obsesionada con el acicalamiento, tanto las mujeres ricas como las pobres han ajustado a tan sólo un secado de pelo o una manicura por semana.”
Imaginen que ya no hay dinero para mantener el pago de los bonos soberanos, la única fuente de ingresos para mantener funcionando las plantas de energía.
Bienvenidos a la Venezuela de Hugo Chávez, un país con la quinta mayor reserva mundial de petroleo y que está en quiebra absoluta. Es un logro notable para el chavismo. Un momento de "just-wow". El socialismo es inútil en todo excepto para destruir cosas en tiempo record. En eso sobresale. Cuesta imaginar que en épocas tan recientes como la década de 1980 Venezuela tenía el estándar de vida más alto de América Latina. Pero para eso, en 1960 Detroit era la ciudad más rica del mundo en términos de ingreso per cápita. Hoy es, bueno... Detroit.
James Eccleton reparó en cómo han caído los poderosos. "Brasil se está convirtiendo en la Argentina, la Argentina se está convirtiendo en Venezuela, y Venezuela se está convirtiendo en Zimbabwe." La pregunta que siempre deja perplejos a los historiadores acerca de la caída de las naciones grandes y ricas es: "¿por qué no lo vieron venir?" ¿Cómo fue que dejaron que el desastre los tome por sorpresa?
Adam Smith dijo una vez que "hay mucha ruina en una nación". Se suele interpretar eso como que lleva mucho tiempo destruir cosas. Y quizás es eso lo que Leonardo Hernández pensó: quizás el año que viene las cosas mejoran y pueda comprar ese auto. Pero es más correcto decir que "hay mucha ruina" significa "toma mucho tiempo darse cuenta de que las cosas se desmoronan".
La pista viene con la finalidad total del colapso cuando éste llega. Cuando se le hace una estudio postmortem, a la víctima se le drena la sangre; sus órganos están todos retorcidos y pervertidos. El hombre muerto no está "un poquito más débil que ayer", pero está mucho más frágil que lo que se suponía. Se escondía el daño como si el día del juicio final pudiera ser demorado comiendo el maíz de siembra, empeñando las joyas de la familia, y finalmente vendiendo a los miembros de la familia para comprar la última comida; en suma, como si todo hubiera sido consumido para falsificar la apariencia de la normalidad.
Es así que cuando llega el colapso es inesperadamente completo. Cuando el director de Inteligencia Nacional, James Clapper, dice que Siria se ha convertido en "un desastre apocalíptico", no está diciendo simplemente que Siria está un poco peor que en 2011, sino que está mucho, pero mucho peor que incluso en diciembre de 2013. La carcaza de Siria no sólo ha consumido sus últimos suministros de comida, sino también sus reservas de cortesía, buena voluntad, capital humano y suerte.
El verdadero daño era interno. Una sociedad puede sobrevivir la pérdida de las cosas, pero no puede sobrevivir sin las instituciones o con la destrucción de su cultura. Las naciones asediadas retroceden a alguna condición atávica. Así, la Polonia ocupada se torna más católica al igual que Irlanda, a la vez que Egipto probablemente se torne más musulmán. Se refugian en lo conocido y lo familiar. La Municipalidad puede colapsar y la fábrica cerrar temporariamente, pero si la cultura y la identidad sobreviven se las puede volver a abrir.
El apocalipsis de Siria significa que muchas personas ya ni siquiera quieren volver a abrir locales. Odian a sus vecinos, individual y colectivamente.
El genio de la Izquierda (por ejemplo la de Chávez) es que destruye las cosas desde adentro hacia afuera. Pervierte la religión, derrumba las costumbres, abole la familia, destrozan la constitución y gradualmente expropian la propiedad. Las diferencias de un día respecto del siguiente son aparentemente imperceptibles, pero es cada vez más y más difícil retroceder hasta que finalmente no existe una reversión posible de las "conquistas progresistas". El público finalmente se enfrenta con la brutal opción entre el caos y el autoritarismo. Y la mayoría de las personas escogerán al Patrón antes que a la Turba.
El problema con Venezuela es que el chavismo no le dejó a la gente ningún lugar a donde ir. Ha quemado los puentes. No hay reapertura de las automotrices o reactivación de las fábricas, o siquiera de reparar las centrales de energía. Todos los ingenieros han emigrado a Alberta, Canadá. Se puede decir lo mismo de Siria. ¿Quién quiere abrir un local en Homs? Dentro de diez años nadie que quede en Homs siquiera sabrá cómo hacerlo. Hay toda una generación de niños que está creciendo sin conocer más que la guerra.
Una razón por la cual Japón se recuperó relativamente rápido de la Segunda Guerra Mundial fue que aunque los masivos ataques aéreos arrasaron las ciudades japonesas, no destruyeron las instituciones culturales y sociales de Japón. Cuando se disipó el humo los japoneses seguían allí y se reconstruyeron. Por contraste, destruir la cultura es tanto más letal. A Detroit no la tocó la guerra. Ni una sola bomba cayó sobre ella. Pero años de educación pública obraron su magia. Desmanteló las instituciones culturales y sociales que alguna vez construyeron sus fábricas. La revista Time informa que Detroit consiguió las calificaciones de Matemática más bajas en la historia de la Evaluación Nacional de Progreso Educativo.
"Estos números son sólo ligeramente mejores que lo que podría esperarse de manera accidental si los niños jamás hubiesen ido a la escuela y simplemente hubiesen adivinado las respuestas", dijo Michael Casserly, director ejecutivo del Consejo de las Escuelas de las Grandes Ciudades, con sede en Washington, que representa a los grandes distritos escolares urbanos. "Estos números... son espantosos y aterradores y no se debe permitir que sigan así.”
No sólo se les permitirá que sigan así sino que avanzarán en cada forma negativa, demostrando así que la educación sindicalizada es posiblemente más destructiva que la Bomba Atómica, sólo que de una manera menos obvia. La razón por la cual el colapso, especialmente el provocado por el socialismo, es tan absolutamente total es que el daño permanece oculto por mucho tiempo. Se consume el margen de diseño; se agotan los ahorros; se vacían las instituciones; la moral pública se torna perversa y la educación se convierte en tan sólo una credencial - y todo ocurre lejos del ojo público. Sólo cuando todo se agota, como en Venezuela, cuando todo el edificio implota como por arte de magia, queda manifiesto el efecto acumulativo.
La mayoría de las personas son impulsadas a la resistencia por una crisis. Pero permanecen adormecidas en la complacencia mientras la crisis permanezca imperceptible. La tiranía progresista se beneficia con el manejo de la imagen, y realiza grandes esfuerzos para mantener ocultas las crisis. Lo más insidioso de una policía secreta es su mismo secreto, porque el caos que causa tiene efecto sobre los intangibles, sobre aquellas cosas que llamamos "legitimidad". Así sigue hasta que sólo queda una fachada. Hasta el día de la muerte la víctima permanece en gran medida asintomática, salvo por un debilitamiento gradual. Cuando llega el momento descubre que su sistema inmunológico ha desaparecido por completo y el fin es repentino.
Así es como el desastre se cuela en un mundo decidido a nunca verlo llegar.