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28 de septiembre de 2018

La no legitimidad del Partido Comunista al derecho a la rebelión







 
    La izquierda o siendo más específico el Partido Comunista siempre saca en cara que ellos emplearon la vía armada por el derecho a la rebelión. Y me ha dado cuenta que las personas de derecha no saben cómo responder. Quizás como dice el historiador y columnista de la Pontificia Universidad Católica de Santiago, Gonzalo Rojas Sánchez, la derecha desprecia la historia.
   Ahora encontré razones por las cuáles el Partido Comunista no puede esgrimir el derecho a la rebelión contra el Gobierno Militar. Hay que ser fiel a la historia, a los hechos, a los actos de los políticos y de los partidos.
   El Partido Comunista se unió a la Unión Soviética a través de la Tercera Internacional. Luego obedecieron al dictador José Stalin.
   En la década del 60, el Partido Comunista chileno afirmaba que “no rechazaba a priori la lucha armada y consideraba su posibilidad en ciertas circunstancias”.
   Antes de que asumiera Salvador Allende el poder, el Partido Comunista apoyo la entrada de los tanques soviéticos en Checoslovaquia, en lo que se conoce como La Primavera de Praga.
  Luego cuando asumió el gobierno marxista de la Unidad Popular apoyo a Allende, aun cuando, según ellos, no estaban las condiciones para hacer una revolución marxista, o sea, establecer una dictadura comunista. No obstante, formó parte de la Unidad Popular. Como sabemos dicho gobierno hizo puras políticas públicas para instalar un sistema totalitario. ¿Se opuso a la ENU? No. ¿Se opuso a la entrada al país tanto grupos armados como de las propias armas que Salvador Allende trajo desde Cuba? No.
     En 1979, apoyo la invasión soviética a Afganistán.
    El Partido Comunista no puede esgrimir el derecho a la rebelión, pues el Gobierno Militar fue llamado por la mayoría ciudadana tal como lo expresa el Acuerdo de la Cámara de Diputados.
      La Constitución de 1980 también fue apoyada por la mayoría.
      El Gobierno Militar tenía fijado un itinerario que cumplió.
     O sea, si el Partido Comunista hubiese instalado una dictadura comunista, siguiendo la lógica que emplean contra el Gobierno Militar, entonces, ellos por sí mismos tendrían colgarse de un árbol u ordenar que alguien los maté. En última instancia suicidarse.
   El periodista norteamericano, James R. Whelan, autor Desde las Cenizas: vida, muerte y transfiguración de la democracia en Chile 1833- 1988 comenta la ambigüedad que tenía el PC sobre la democracia y la violencia: “Aunque públicamente fruncía el ceño ante la violencia, los comunistas no estaban alejados de su práctica. El periodista comunista Eduardo Labarca se jactó que una pandilla de matones comunistas había enviado a más de sesenta derechistas al hospital durante la campaña electoral de 1970”.
  Más adelante el autor señala: “Pero los socialistas, como los comunistas, mantenía a raya, y generalmente ocultas, a sus fuerzas de choque, utilizándolas, en cambio, cuadros de entrenamiento militar de fuerzas paramilitares clandestinas, formadas durante los años de Allende”. Así se sigue repitiendo el mito de que el PC chileno quería llegar al comunismo en forma gradual. No me calza su apegó a la legalidad.
   El señor Fernando Thauby en el artículo “Chile: derechos humanos al estilo de Piñera” se refiere a la historia no contada por el relato oficial, en que moros y cristianos se unen contra los militares chilenos. Todo ello a raíz de la muerte del Sargento de Carabineros, Leonidas Montes, quien murió en Punta Peuco a los 87 años. Se pregunta: “¿A qué tanto odio?
   Personas de distintas generaciones de derecha saben cómo empezó la división entre los chilenos y por qué el odio sigue perdurando en las filas de la izquierda. Para ellos, la historia no comenzó justo el 11 de septiembre de 1973, sino antes. Allende dividió el país. Esto uno lo puede comprobar en los diversos canales de derecha chilena que hay Youtube. La historia reciente ha sido manipulada por ejemplo, a través de los textos del Ministerio de Educación más con la ayuda de los medios. Con todo, el ex ministro de las Culturas, el ex Mir, Mauricio Rojas todavía no se entera. Ni siquiera los presos políticos militares encerrados en diversos recintos penitenciarios odian.
   Me salto la parte que Thauby menciona de la Unidad Popular para llegar a los ochenta: “El 3 de septiembre de 1980, a través de un discurso transmitido por Radio Moscú, Luis Corvalán anunció a Chile y al mundo, que el PCCh iniciaba la guerra contra el Gobierno Militar”.
 Quiero señalar que al mismo momento de comenzar este blog, mandé varias cartas a El Mercurio de Valparaíso y a La Tercera. En este último medio escribí una carta en respuesta a una columna que había escrito el sociólogo comunista Tomás Moulian. El intercambio epistolar entre varios lectores duró el mes de febrero. Teniendo retractores como defensores, En ese momento les dije que la izquierda chilena era responsable de lo ocurrido en los países comunistas. Desde luego, que a los lectores progresistas no les gusto. Según ellos, era un asunto de cada país. Tampoco le gustó a una tía comunista que hace poco murió. Para usar las palabras de Sebastián Piñera fueron cómplices activos de las violaciones a los derechos humanos en los países bajo el comunismo. Según Johannes Kaiser, los gulags siguieron vigentes hasta que cayó la ex URRS. Por tanto, concluía Kaiser que los chilenos partidarios del comunista eran responsables de los atropellos en la Rusia comunista. Asimismo, les saque en cara de por qué no habían apoyado vía de las armas para sacarse la dictadura de Fidel Castro u otro régimen comunista. Obviamente, al Partido Comunista chileno no se le ocurrió la vía armada para derrocar a la ex Unión Soviética y a la dictadura castrista.
  Luego Thauby cita un texto del historiador Claudio Pérez Silva titulado La Política de Rebelión Popular de Masas y el Movimiento Democrático Popular (MDP): Una mirada a la política de Alianzas del Partido Comunista de Chile bajo Pinochet 1980-1988: “Así, el contexto social y político de las protestas, permitirá el desarrollo, masificación y legitimación de diversas formas de luchas, incluida la lucha armada y las expresiones de violencia política popular, incorporando de esta forma, nuevas prácticas y concepciones de lucha a los tradicionales repertorios del movimiento popular”.
  Esas y estas palabras son dignas de estar en el Museo de la Memoria:

 “En este escenario, las acciones armadas en contra de la dictadura como ataques a cuarteles militares y policiales, los sabotajes, voladuras de torres y líneas férreas, ajusticiamientos a miembros de los cuerpos de seguridad, secuestros, recuperaciones (robo) de dinero, armas y comida; los copamientos territoriales, las emboscadas y las propagandas armadas, así como las actividades milicianas relacionadas con la autodefensa de masas, se incrementaron e intensificaron notablemente, por lo menos hasta fines de la dictadura”.

    Supongo que el historiador es comunista, pues el señor Thauby señala que recurrió a las fuentes de ese partido. El FPMR secuestró al hijo de un empresario en los ochenta.
   Después de citar ese párrafo recuerda que según el señor Rettig no hubo guerra, cuando el mismo texto citado dice lo contrario. Y para reforzar el texto citado de Claudio Pérez Silva, hace poco vi por el canal Capitalismo Libertario, un mini reportaje realizado por el señor Felipe Izquierdo del asesinato del joven Teniente del Ejército, Julio Zegers Reed acribillado por el FPMR entre el plebiscito de 1988 y la toma del poder por el demócrata cristiano, Patricio Aylwin. El 20 de agosto de 1989. Pues bien, en ese reportaje señalan que el mencionado grupo terrorista lanzaron cohetes Low de fabricación soviética al Comando de Aviación del Ejército, en el aeródromo de Tobalaba. Puesto que no estallaron, los terroristas entraron. Uno de ellos le disparo en la espalda al joven oficial, el cual cayó. Después le disparó en la cabeza.  En fin el Teniente Zegers recibió seis disparos. Un soldado conscripto mató a otro terrorista. En el Informe Rettig se señala  la muerte del oficial, sin embargo, no se habla de terrorismo, ni de menos del autor, que es Roberto Nordenflycht, hijastro del dirigente comunista Volodia Teilteimboin.
   Cuando uno escucha ese reportaje se da cuenta que el Museo de la Memoria vale menos que paquete de cabritas. El Instituto Nacional de los Derechos Humanos  no se van a  querellar contra el FMPR por la muerte del oficial, ya que como sabemos el dicha institución tiene por objeto perseguir a los agentes del Estado del gobierno militar.
  El Partido Comunista formó parte de una coalición que destruyó el país, mientras que los militares entregaron a los civiles el país en buen estado.
   Hace poco el dirigente histórico del Partido Comunista, Juan Andrés Lagos reivindico la violencia para derrocar el Gobierno Militar: "Es evidente que al plebiscito se llega luego de una intensa lucha que se expresó de forma pacífica y violenta. Hubo muchas formas de lucha, y eso generó las condiciones para el plebiscito". El plebiscito estaba fijado en la Constitución. No sé cómo el PC puede hablar de deudas sociales que dejo el gobierno militar, luego del desastre de la Unidad Popular. Peor aún, luego del pésimo segundo gobierno de Michelle Bachelet, donde ellos formaron parte y dejo el país paralizado debido a la retroexcavadora. Lo que se tradujo en cierre de fuentes labolares, caída de la inversión y empleo precario. Eso ilustra que son unos fanáticos. Que yo sepa nadie le saco en cara el dirigente comunista que estaba justificando la violación de los derechos humanos.
    En una revista de historia encontré la siguiente afirmación que refuta al señor Juan Andrés Lagos: “En base a un poderoso aparato militar y una línea política de carácter insurreccional, el PC de Chile intentó derrocar al régimen. Fracasada esta opción, impuesta la vía de negociación pactada (rechazada por el PC), unido al colapso del socialismo real, los comunistas chilenos vieron sumirse en una profunda crisis su proyecto político e histórico”. Puesto que no admiten que fracasaron, prefieren posar de víctimas el FPMR.
   La izquierda en general de Chile no puede bajo ninguna circunstancia apelar el derecho a rebelión contra el Gobierno Militar, pues quiso instalar una dictadura totalitaria por medio de un gobierno que se salió de la Ley y la Constitución, la cual fracaso porque hubo una rebelión civil y militar.

6 de octubre de 2017

Los conversos nos niegan el derecho a la rebelión







   En el blog argentino Blogbis donde también publico, me preguntaron que cuál era mi opinión del otro converso, ex mirista y ex parlamentario sueco, Mauricio Rojas. Dije que él a le gustaba victimizarse, olvidándose de los crímenes del Mir, del Frente Lautaro y del FPMR. Los victimarios se convierten en víctimas. Su última columna me lo confirmo su última columna Chile: los revolucionarios y el 11 de septiembre : “Nuestra responsabilidad no fue pequeña por lo que ocurrió en Chile y de ella no nos exime el que después hayamos sido víctimas de las tropelías de la dictadura”. La Izquierda comete errores y no horrores, según ellos. Así repite que el Gobierno Militar cometió horrores y no el millón de muertos que costaría la revolución comunista de Allende: “En parte sepultada por el horror de los crímenes de la dictadura, pero también por la manipulación de quienes se benefician de ese silencio”. No habla nada los crímenes del Mir y del FPMR. Su generación introdujo el odio y el concepto de enemigo: “Es hora de entender cómo un día llegamos a odiarnos”. La gente de derecha no es que la odia, ni siquiera los presos políticos de Punta Peuco. Todavía no se entera que los únicos que siguen odiando están en la Izquierda con la expresión ‘Ni perdón ni olvido’. Ni siquiera los opositores a Allende los odiaban sólo que no quería vivir bajo una dictadura comunista o ni caer en una guerra civil. Mauricio Rojas quería ambas cosas. Por eso, estaba en el Mir.

   Ya comente en post pasado las palabras del escritor Roberto Ampuero que son infantiles e injustas: “Para Chile no quería ni la dictadura de Pinochet ni la de estilo Fidel Castro”. Él mismo se contradice en otra oportunidad cuando afirma: “entre 1970 y 1973 desfilé por las calles convencido de que la democracia de Chile había que arrojarla por la borda…y vociferando… ‘los momios al paredón, las momias al colchón’”.

   Para Mauricio Rojas, no hay derecho a la rebelión: “Sólo faltaban los tanques en la calle, hasta que un día allí los tuvimos”. Un punto del Acuerdo de la Cámara dice: “Que en la quiebra del Estado de Derecho tiene especial gravedad la formación y desarrollo, bajo el amparo del Gobierno, de grupos armados que, además de atentar contra la seguridad de las personas y sus derechos y contra la paz interna de la Nación, están destinados a enfrentarse contra las Fuerzas Armadas; como también tiene especial gravedad el que se impida al Cuerpo de Carabineros ejercer sus importantísimas funciones frente a las asonadas delictuosas perpetradas por grupos violentistas afectos al Gobierno”. ¿Querían enfrentarse a las Fuerzas Armadas? El ex presidente del Senado, el demócrata cristiano, Eduardo Frei Montalva dijo al punto sin retorno a que nos condujeron los marxistas, en el Acta de Rivera: “Se resuelve a punta de pistolas”.

   Los únicos que cometen brutalidades son los militares: “Nada justifica las brutalidades cometidas por los militares, pero tampoco nada justifica nuestro aporte a la creación de un clima de odios fratricidas entre los chilenos”. Si se justifica internar diez toneladas de armas en tiempos de Allende, si y si la tortura que sufrió el director de Las Últimas Noticias de Concepción en manos del Mir en la UP, si la flagelación y la tortura en nombre del comunismo, si la cinco toneladas de armas que internó el FPMR de Carrizal Bajo, si el asesinato del intendente de Santiago el general Carol Urzúa a mediados de los setenta, quien era querido en las poblaciones pobres de Santiago, si se justifica que el fundador del Mir, Miguel Enríquez días antes morir haya asaltado un banco y ordenado a sus subordinados matar al director de la sucursal bancaria, si el secuestro del hijo de un destacado empresario en la década de los ochenta por el Frente y las bombas que puso, donde murieron tanto civiles como militares, incluyendo por bombas mujeres y niños. Lo acabo de mencionar no son brutalidades. Según Hermógenes Pérez de Arce, en los primeros tres meses de la caída de Allende murieron 301 muertos. En total murieron 423 uniformados en el tiempo en que duro el gobierno militar. ¿Quién los mato? No son brutalidades ni tropelías para usar el lenguaje de Rojas.

   Lo terrible es que haya muerto en enfrentamiento el fundador del Mir y padre del eterno candidato a la presidencia, el megalómano, Marco Enriquez-Ominani, Miguel Enríquez, o que los militares luego de tomar preso al comandante ‘Pepe’, lo hayan fusilado luego de juzgarlo por la Justicia Militar por sus crímenes. Después de todo, él quería una revolución comunista con un millón de muertos.

       Sobre el ex parlamentario chileno sueco he escritos varios post al respecto: El liberal que guarda rencor y odio de su pasado del Mir (4-07-2013) y ¿Cómo pudo ocurrir? Respuesta a Mauricio Rojas (28-07-2013) . Los artículos anteriores del doctorado en Historia tienen en común en preguntarse cómo llegamos a un punto sin retorno. Más no hay derecho a la defensa, si alguien intenta oponerse a la Izquierda.

   Los matones no se los puede poner a raya: “Es hora de entender cómo un día llegamos a odiarnos con tal frenesí que nos dimos el terrible derecho a destruirnos los unos a los otros”. ¿Qué tiene de malo pegarle a un matón?

    ¡Apocalipsis now! No sé a cuál democracia se refiere Rojas, cuando afirma: “La muerte de nuestra democracia no fue un accidente inesperado, sino producto de una larga enfermedad que se había ramificado por todo el tejido social, destruyendo la convivencia cívica y convirtiendo a Chile en un país en guerra civil mental”. Allende, el Partido Socialista y el Mir despreciaban la democracia liberal. Ahí están las Declaraciones de los socialistas en Chillán en 1967 o 1968 y del grupo guerrillero Mir. La democracia es las que describió el general Pinochet en el libro Ergo Sum Pinochet, donde Allende hacia lo quería, no respetaba la Contraloría de la Republica, el Poder Judicial a cuyos miembros los trataba de viejos tales por cuales y al parlamento. A lo anterior, más quince mil guerrilleros que llegaron a Chile amparados por el gobierno de la Unidad Popular. Según un informe de la OEA elaborado después de 1973, en Chile entraron entre 12 mil y 15 mil extranjeros clandestinamente. Las diez toneladas de armas que encontraron los militares. La guerrilla contaba un armamento superior al Ejército. El Mir uso balas Bum-Bum o Dum-Dum prohibías en los tratados internacionales. Y las armas encontradas en una de las casas de Salvador Allende, en cuales entrenaba los miristas. Se le olvida a Rojas que el Mir se quiso infiltrar en la Armada como lo muestra el libro La Infiltración en la Armada 1973 de German Bravo Valdivieso. Según el Acuerdo de la Cámara de Diputados: “Ha violado leyes expresas y ha hecho ((tabla rasa)) del principio de separación de los Poderes”. Los Comités de Vigilancias y las JAP. En el punto 5 del Acuerdo se dice: “Que es un hecho que el actual Gobierno de la República, desde sus inicios, se ha ido empeñando en conquistar el poder total, con el evidente propósito de someter a todas las personas al más estricto control económico y político por parte del Estado y lograr de ese modo la instauración de un sistema totalitario, absolutamente opuesto al sistema democrática representativo que la Constitución establece;”. El Partido Socialista tenía 1500 hombres armados, según confeso el socialista Carlos Altamirano. Esa es la democracia que le gusta a Bachelet.

   Otra expresión típica de izquierda es sostener o afirmar que todos culpables. Por tanto, ninguno es culpable. Eso es poner en el mismo nivel a quienes pretendieron instalar una dictadura comunista o totalitario y quienes querían vivir bajo la democracia liberal. Es lo mismo una persona decente que un delincuente. De ahí que cite las palabras del general Prats, quien era ministro de Interior de Salvador Allende y partidario del programa de la Unidad Popular: “Sería injusto negar que la responsabilidad de algunos es mayor que la de otros, pero, unos más y otros menos, entre todos estamos empujando a la democracia chilena al matadero”.

  Cualquiera persona de nuestro de lado -sin tener un doctorado- sabe que si una persona o grupo optan ser matones van a recibir un golpe en la cara, o bien el grupo indefenso van a pedir ayuda o alguien por actuará por su cuenta y los podrá en su lugar. Eso es sentido común. Así lo vemos en la hermosa película del director japonés, Akira Kurosawa, Los siete samuráis. Mauricio Rojas aun cuando hace tiempo dejó la Izquierda sigue pensando como tal. Para toda persona que es de Izquierda, el otro lado no tiene derecho a replicar como tantas veces lo he expresado, ya sea en el pasado con la guerrilla, ya sea prohibiendo libros que refutan la “la historia oficial” o su relato en las universidades como ha señalado el historiador Gonzalo Rojas Sánchez, o documentales. En todos los ámbitos. Así es como pelea la Izquierda. Conforme al razonamiento se desprende, entonces que los únicos que podían matar es la guerrilla comunista. Los chilenos recurrieron a las Fuerzas Armadas para sacarse los matones de la UP. Los civiles no lo podían hacerlos.

   Ya que Mauricio Rojas fue un revolucionario, conviene recordar que Salvador Allende en su tesis Higiene Mental y delincuencia para optar a médico califica a la revolución como “un delito patológico” y al revolucionario es “un psicópata peligroso, tanto más cuanto los movimientos masivos y violentos que él genera provocan locuras colectivas peligrosamente contagiosas”. En vez de descargarse cada víspera del 11 de septiembre chileno con un artículo, al ex mirista le recomendaría tratarse con un psicólogo o un psiquiatra. Tiene rasgos psicópata puesto no ha manifestado empatía hacia víctimas inocentes de los crímenes de la Izquierda chilena.

    Tanto Rojas como Ampuero se definen como liberales. Con todo, a diferencia de otras personas jamás han defendido el derecho a la rebelión que los chilenos ejercieron contra el gobierno de la Unidad Popular. Además, ambos se hacen los lesos ante la injusticia que sufren los militares del campo extermino de Punta Peuco, a los cuales les niegan todos los derechos: igualdad ante Ley, Ley de Amnistía, indulto y derechos carcelarios que gozaron los terroristas bajo ex Concertación. ¿Ambos creen que los militares cometieron genocidio como sostiene la Izquierda? ¿Ambos creen que el Gobierno Miliar no tenía derecho a defenderse de los grupos terroristas? El asesinato del senador Jaime Guzmán después de los noventa no es brutal. Para ellos, el terrorismo no existió. Más bien, para Rojas solamente existió hasta el 11 de septiembre. El enfrentamiento que hubo después de esa fecha, fue debido a los fanáticos del Mir y la de la Unidad Popular que no querían rendirse. En ese periodo, según la Izquierda, se violaron más los derechos humanos. Según el Acuerdo, la UP violo una serie de derechos.

  Hay que recordar que el mirista Gregorio José Liendo Vera, alias Comandante ‘Pepe’ conocido como el comandante ‘Pepe’ dijo que tenían que “morir un millón de chilenos para que el pueblo se compenetre de la revolución y ésta se convierta en realidad”. Hace tiempo encontré un artículo sobre las palabras que dijeron diversos protagonistas de la Argentina de los setenta , y me encuentro con la sorpresa que los argentinos también tenía su versión del Comandante ‘Pepe’, a saber, Roberto “Roby” Santucho, Comandante en Jefe del ERP. Éste le dice a su hermano Asdrúbal, oficial del ERP: “Creo que para lograr la patria socialista vamos a tener que matar a no menos de un millón de personas”. En Ruanda murieron un millón de personas en 1994 a causa de una guerra civil.

   En la UP, la banda que Liendo Vera dirigía violó a la dueña del fundo Tregua en presencia de sus hijos. Rojas omite ese detalle: “cuando el MIR suspende tácticamente sus acciones militares, se habían llevado a cabo una decena de asaltos a bancos, cuatro secuestros de aviones, tres asaltos a armerías y decenas de atentados con bombas”. Omite, además, un documento secreto encontrado en La Moneda en que se mencionan unas armas dirigidas a Miguel Enríquez. El mito de la Izquierda es que MIR no dejaba gobernar al gobierno, cuando éste, en realidad los apoyaba.

   Rojas cita al final de su columna las palabras del ex presidente socialista, Ricardo Lagos. Sin embargo, mientras buscaba información sobre el Acta de Rivera, llegue al texto que publico Hermógenes Pérez de Arce, El Libro de las Verdades Olvidadas y que lo reprodujo en su blog. Allí nos enteramos que Lagos fue una unabomber. ¿Qué les parece? Con que cara el futuro embajador de Allende en la ex Unión Soviética dijo las palabras “Para nunca más vivirlo, nunca más negarlo”. En efecto, el ex parlamentario y escritor un anécdota del dirigente sindical Clotario Blest, basándose en el libro biográfico de Mónica Echeverría, Antihistoria de un Luchador: “El estallido de varias bombas durante la primavera de 1962, que costó la vida a uno de sus portadores, efectuado por el Movimiento Social Progresista, grupo adscrito al MFR, genera que el Gobierno responsabilice directamente a Blest en su calidad de Presidente del MFR”. Luego me menciona las palabras del dirigente sindical: “‘Si no fuera por la ANEF, en especial por Tucapel, mi suerte habría sido terrible. Estaba condenado irremisiblemente a diez años de prisión. A mí se me culpaba de ser autor intelectual del bombazo. ¡Qué paradoja! ¡Yo que siempre he abogado por la no violencia activa! En cambio, los verdaderos culpables, como Julio Stuardo, Ricardo Lagos y Jorge Arrate, dirigentes del grupo que había colocado la bomba, sólo eran llamados a declarar ante el juez instructor.” (p. 254). No aparece en el Informe Rettig. Por eso titula esa parte: “A todo esto, Lagos debería pedir perdón”.

   Rojas se cree la gran mentira del Informe Valech, pues es imposible que hayan entrevistado a cien testigos por día. De lo contrario, no citaría las palabras de Lagos .Y el sesgado Informe Rettig que fue pedido por los grupo armados de Izquierda como una extorsión al primer gobierno de la Concertación.

    Ya sé porque me cae mal Mauricio Rojas. Él opto por ser matón hace más de cuarenta años. Lo que menos que esperaría que alguien que se comportó así, es que luego se victimicé. Bachelet es igual. Cuando comenzó el segundo gobierno de Michelle Bachalet, en uno de ese encuentro político empresarial como Enade, en la que estuvo el Presidente de la República y Roberto Ampuero, éste avaló el cuento de que Bachelet fue una víctima de los militares una vez que el gobierno de Allende cayó. La comandante Claudia fue simpatizante del Mir y militante del grupo terrorista Frente Patriótico Manuel Rodríguez, brazo armado del Partido Comunista. De victimaria a víctima. Siempre en el papel de la víctima en su segundo gobierno.

   Hace cuatro años escribí : “A diferencia del liberal argentino Alberto Benegas Lynch , Mauricio Rojas no reconoce el derecho a la rebelión, lo que causo finalmente, la caída de la Unidad Popular, y así se evitó como dice el trasandino, la implantación de otro Gulag”. Aunque según Rojas: “cosechamos una dictadura muy distinta a aquella del proletariado con que soñábamos”. La mayoría de los chilenos estaba felices con el Gobierno Militar, salvo la Izquierda que estaba en minoría.

   Una fecha que siempre celebra la UP/DC es el 5 de octubre, donde el general Augusto Pinochet perdió el plebiscito de 1988. Con todo, hay que tener presente que la democracia que la Izquierda recuerda es la descrita más arriba, no la democracia liberal.

    José Piñera, el historiador conservador Gonzalo Rojas Sánchez, el ex demócrata cristiano, Julio Bazán Álvarez, el liberal argentino Alberto Benegas Lynch destacan el derecho a la rebelión frente al gobierno de Allende, ya sea basándose en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, ya sea el Acuerdo de la Cámara de Diputados de agosto de 1973, ya sea en el filósofo inglés John Locke. Sin embargo, los dos conversos Roberto Ampuero y Mauricio Rojas ante el intento totalitario del gobierno marxista de Salvador Allende, les niegan a los chilenos el derecho a la rebelión.

1 de abril de 2016

Contrapunto







  A las personas de derecha que han participado en la cosa pública, ya sea de la academia, ya sea en la política a través de cargos públicos, que se opusieron al proyecto totalitario del gobierno marxista leninista de Salvador Allende, luego apoyaron el gobierno cívico militar o el gobierno de las Fuerzas Armadas y de Orden. Y una vez, que los militares entregaron el poder de acuerdo a su itinerario, los mismos que los apoyaron empezaron lentamente a darle la espalda y creerle el relato de la Izquierda. Mientras ésta última jamás abandono a los terroristas del Mir y del FPMR encarcelados y condenados conforme a ley, los políticos de la ex derecha se sintieron avergonzados de los militares asignados a la DINA y la luego CNI, como si hubiesen hecho algo malo. Por eso, los dejaron a su suerte, mientras aprobaban los indultos a los terroristas bajo los gobiernos de la Concertación.

   Esas personas las califique de la Generación Perdida, mientras que a los partidarios de la fracasada UP los denomine la Generación Maldita. Bajo esa expresión no caen por cierto, los comunes, ya que a ellos no les corresponde hacer las tareas que tendrían que haber hecho los políticos y académicos del sector. No solo está perdida, sino interiormente dividida con respecto al pasado, los derechos humanos hasta abrazar las banderas del adversario. Esa es la guinda de la torta.

  En marzo, no sé a quién se le ocurrió la idea de traer de vuelta la Constitución de 1925 con el único propósito de hermanar la Izquierda y la Derecha. De paso sepultar la Constitución de 1980 y estar en sintonía con el programa de la Nueva Mayoría que desea cambiar la Constitución que nos rige. Además ha sido exitosa.

   La división que he mencionado la podemos ver poniendo cara a cara al profesor de Historia y abogado, Gonzalo Rojas Sánchez y al abogado y escritor Arturo Fontaine Talavera, quien desde 1983 se convirtió en director del Centro de Estudios Públicos (CEP). Durante su período antes que los militares devolvieran el poder “ Muchos opositores encontraron allí un lugar donde plantear sus posiciones a través de artículos en Estudios Públicos.. Junto a otros centros de estudio como Cieplan, CED, Flacso y Sur, el CEP desempeñó un papel clave en el término de la dictadura y la transición”. Los que ayudo son partidarios de la retroexcavadora de la Nueva Mayoría. El primero se califica con orgullo se conservador, mientras el segundo se califica de liberal. Ambos pertenecen a la misma generación. Ambos apoyaron la intervención militar. El primero siempre ha defendido la verdad histórica, el segundo se paso a la Izquierda al formar parte del directorio del Museo de la Memoria. Al primero se ha preocupado de la sistemática violación a los derechos humanos cometida a los militares preso en Punta Peuco, el segundo le ha hecho la vista gorda al no respetarle el Estado de Derecho, el debido proceso. Y eso que ufana de liberal. Que a los militares no se les aplique la igualdad ante ley, que es un principio liberal, no le produce un sentimiento de injusticia. Rojas es odiado por la Izquierda y la extrema Izquierda, mientras Fontaine es querido por ella, sobre todo, por los grupos terroristas Mir y FPMR. ¿Por qué creen el Presidente Bachelet en su primer mandato lo eligió para que formara parte de directorio de esa institución sesgada? De hecho, escribió una novela al gusto de la Izquierda Doble Vida, en que trata de una torturada y de un implacable agente de seguridad. Hasta visito el penal menciona igual que el novelista Truman Capote para su novela A Sangre Fría. Le gusta repetir los cliché de la ex UP: ”Las causas no exculpan los posteriores horrores y sevicias que… vulneraron de modo sistemático la vida, el cuerpo y la dignidad de tantas personas. El Estado fue entonces victimario".

       El escritor Arturo Fontaine tuvo un debate hace tiempo con el historiador Gonzalo Rojas sobre el papel de las Fuerzas Armadas , en tiempos del general del Ejército, Emilio Cheyre. Según el poeta y novelista, éstas últimas no eran un patrimonio de ningún sector político: “El Ejercito y, en general, las Fuerzas Armadas no deben asumir como parte de su doctrina permanente la legitimidad del golpe militar de 1973. Esto sin perjuicio de las opiniones de sus jefes y de su personal. Si lo hicieran podrían en peligro su naturaleza de fuerzas nacionales. El golpe fue una intervención de la política interna del país que atravesaba por una situación de excepción. Las circunstancias y motivos que dieron origen hace 30 años al derrocamiento del Presidente Salvador Allende pertenecen a la historia de la “guerra fría” y de la inserción de Chile en ella. Constituye ya materia de estudios para analistas e historiadores”.


   Cuando alguien arguye la expresión “guerra fría”, simplemente, no cree en la libertad entendida como responsabilidad. Y por tanto, asumir, las consecuencias de sus acciones. El contexto sirve para entender, lo que no implica dejar de lado la posibilidad para elegir entre el bien y el mal. Dicha expresión más bien la emplean como lo hace Fontaine y la Izquierda para quitarse una decisión por la cual optaron. Al final, el responsable es el “otro”: la Guerra Fría, el Padre o la Madre, el medio ambiente, la familia y el país.

   El historiador Gonzalo Rojas les responde con estas palabras: “En esta misma tribuna el Director del CEP ha sostenido que “El Ejercito y, en general, las Fuerzas Armadas no deben asumir como parte de su doctrina permanente la legitimidad del golpe militar de 1973”. 
   Esta posición empalma bien con lo que ya se había deslizado en uno de los párrafos de la Declaración de la Mesa de Diálogo, cuando se afirmó que en el futuro jamás debían usarse medios no democráticos para procurar un cambio de gobierno, lo que implica un tácito reproche a la legitimidad del 11 de septiembre. Y esa declaración no la había firmado un profesor universitario, sino un general del Ejército de Chile”.

   Luego argumenta Rojas que lo diferencia el conflicto de 1891 y el gobierno de Ibañez de la Unidad Popular, es que no fue una disputa entre el Parlamento y el Ejecutivo; aunque haya desembocado en miles de muertos en Concón y Placilla, pues no era una cuestión de vida o muerte para el país. Agrega: “Distinto es el caso de la Unidad Popular. Partidarios y detractores del proceso allendista –en las fuentes y en las divergentes miradas históricas- califican a los años 70-73 como el único período en que el país ha estado a punto de ser consumido por una guerra civil larvada y a las puertas de la guerra civil abierta. Mientras unos allendista gritaban “No a la guerra civil”, otros partidarios del mismo gobierno infiltraban a las FF.AA. y formaban aparatos paramilitares de miles de hombres (recordar las confesiones al respecto de Corvalán, Altamirano y Pascal Allende). Estábamos inserto en la Guerra Fría, nos dice el mismo Fontaine”.

   Más adelante cita al propio Fontaine, quien era vocal de la FEUC en abril de 1973: “Lo que la ENU persigue es dar al Estado la ideología socialista-marxista. Para ello no educa sino adoctrina. Porque ¿qué significa ‘educar’ para una sociedad socialista?...Aunque en Chile fueran –o de otra tendencia- no sería legítimo implantar un sola concepción, impidiendo de hecho su cuestionamiento. El educando que no es libre, pasa de persona a robot de un Estado totalitario”. Añade Rojas: “Que bien entendía el profesor Fontaine en abril de 1973 la naturaleza de la amenaza, de vida o muerte que se cernía sobre Chile”.

   Según el profesor Rojas, no se puede sostener que los argumentos de el derecho a rebelión es legítimo y luego rechazarlo cuando las cosas son distintas como lo hace Fontaine, ya que “ellas en realidad carecerían de la radicalidad que se les exige para ser aplicables”. Después dice:“¿Qué sentido tendría ponderar su posible aplicación en medio de unas determinadas circunstancias concretas y llegar efectivamente a la conclusión de que la rebelión es la última salida a una crisis si se temiera que en el futuro alguien quizás dirá que existían otras posibilidades de solución? Simplemente estaríamos así ante la imposibilidad de aplicar el derecho de rebelión y, por tanto, frustraríamos toda su eficacia ante el ilegítimo agresor. O la rebelión es, fue y será siempre legítima en ese caso concreto o nunca lo fue”.

   Si razona así el profesor Arturo Fontaine no esperen que se conmueva de la injusticia que sufren los militares, a los cuales se les aplica delitos inexistentes como el secuestro permanente, o bien, se les imputa delitos que no pueden ser retroactivos como el delito de lesa humanidad. Sobre todo, no se les aplica la igualdad ante ley.

  En vez de evolucionar, involuciona. La coalición gobernante obtuvo el 26% de los votos. Uso la elección presidencial como una suerte de plebiscito al tener la posibilidad los electores de poner la “marca AC” en la boleta. Y aun así, los partidarios de marca AC no obtuvieron nada. A lo que se suma, que la mayoría del país rechaza al Presidente Bachelet y a la Nueva Mayoría. La Nueva Mayoría es la Nueva Minoría. Teniendo esos antecedentes, uno esperaría que los políticos y académicos de la ex Derecha se sumaran a la mayoría contraria al gobierno. Sin embargo, no es así. Ahí tenemos al Partido de Renovación Nacional proponiendo una alternativa al itinerario del gobierno para la Nueva Constitución. Ahora el ex director del CEP está proponiendo volver a la Constitución de 1925.

    Él lo expone de esta forma : “Pero una Constitución política surgida bajo el régimen del general Pinochet es muy difícil, si no imposible, que a la larga se legitime como la Constitución de todos. La razón es que el régimen militar divide y seguirá dividiendo a la sociedad chilena. El dolor causado por la transgresión sistemática de los derechos de las personas y la condena moral que ello suscita impiden que el fundamento común de la convivencia democrática haya emergido de ese mismo régimen.” Fíjense en la frase “la transgresión sistemática de los derechos de las personas”. Repite el coro de los derechos humanos de la Izquierda, cuando los terroristas del Mir y del FPMR no atentaron contra el derecho de las personas. También se le olvido de las violaciones sistemáticas a los derechos de la Unidad Popular.

   Según él, la nueva constitución tiene que partir de la Constitución de 1925 vigente hasta el 10 de septiembre de 1973. Mas reformada. No sé cómo Fontaine se puede tomar en serio el último discurso de Salvador Allende, cuando éste dice que respeto la ley y la Constitución. Ya se olvido de cómo concebían el Estado de Derecho la Unidad Popular: “injusticia económica y social”. Para el presidente marxista que tuvimos: “Sólo se realiza plenamente en la medida en que se superen las desigualdades de una sociedad capitalista”. ¿Qué tiene que ver la igualdad ante ley con las desigualdades naturales?

  ¿Qué gran diferencia entre Gonzalo Rojas y Arturo Fontaine Talavera sobre la Constitución de 1925? Para el primero, la otrora Constitución fue responsable de que Allende instalase un gobierno totalitario , cosa que la actual Constitución de 1980 con sus cerrojos o contrapesos ha impedido que la Nueva Mayoría haga lo que quiera y tengamos un Hugo Chávez, Cristina K, Evo Morales y Nicolás Maduro. Otro Allende: “La Constitución de 1925 estuvo vigente completa hasta el 10 de septiembre de 1973 y fue justamente bajo su ordenamiento que Allende y su gente pudieron desarrollar el proyecto pre totalitario que conmovió a Chile”. Siguiendo con el razonamiento anterior, la Constitución de 1925 fue “co–causante de nuestra crisis”.

  Finalmente, enumera más los defectos que virtudes que tenía: “un texto que no incluye un reconocimiento explícito a la dignidad y libertad de la persona, que no consagra el derecho de los padres como primeros educadores, que no establece el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, que no regula la autonomía del Banco Central, que no establece el recurso de protección, que consagra un Tribunal Constitucional de poca monta y que minimiza el papel de las Fuerzas Armadas”.

  Está claro que para Arturo Fontaine Talavera la Nueva Mayoría no es la Unidad Popular recargada y que Bachelet no es Allende. Así de ciego está.

20 de noviembre de 2014

El suicidio de Renovación Nacional


 El pasado le incomoda a la derecha, porque han actuado a la defensiva. De ahí que ambos partidos que le dicen representar, estén punto de suicidarse o de dispararse a los pies. Les incomoda porque no han querido rebatirle a la Izquierda asumiendo el ‘relato’ de ésta, ya sea la Unidad Popular, ya sea el Gobierno Militar y los derechos humanos.


 Cuando asumió el Gobierno Militar buscó inspiración en el ministro Diego Portales, quien fue el responsable que Chile no cayera en el caudillismo y anarquía que sumió a las repúblicas hispánicas, luego que se independizaran de España. Su impronta se conoció como “el orden portaliano”. El general Pinochet admiraba el gobierno conservador de Manuel Montt, el cual trajo orden y prosperidad en el siglo XIX.


  Los actuales partidos de derecha la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN) nacieron bajo el Gobierno Militar, recogiendo la labor libertaria al evitar que Chile cayera en el comunismo y liberadora de la economía. La antigua derecha de hasta el 11 de septiembre de 1973 era mercantilista en lo económico y partidaria de la democracia liberal. Gracias a los militares y los ‘Chicago Boys’ se volvieron capitalistas y defensores de la economía de mercado.

  El actual Partido de Renovación Nacional se siente heredero del viejo Partido Nacional que duro hasta septiembre de 1973, que agrupo a los partidos conservador y liberal, que fueron diezmados por la Democracia Cristiana, luego de haber apoyado a Eduardo Frei Montalva. Muchos de sus militantes más viejos vienen de ahí.

  Los expertos electorales parlamentario y dirigentes regionales de RN por lo que pretenden hacer, es que no han sabido interpretar la derrota parlamentaria y presidencial que sufrieron justamente hace un poco más de un año. El partido de Renovación Nacional en el próximo consejo general va certificar su muerte en la política el 22 y 23 de noviembre al eliminar la referencia hacia el 11 de septiembre de 1973. Los políticos que están empeñados en esa locura son los senadores Andrés Allamand y Alberto Espina; el ex ministro de Justicia, Teodoro Ribera; Germán Becker y Paulina Núñez; los presidentes regionales como Carlos Gómez (V Región), Frank Sauerbaum (VIII) y Mario Alvear (Región Metropolitana). Y la actual directiva.


 Mientras escribo este post, en el sitio de Renovación Nacional sacaron la Declaración de principios que tenían y que decía así : “Renovación Nacional destaca el patriotismo y espíritu de servicio de las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Orden, cuyo origen y gloriosas tradiciones se identifican con el surgimiento y defensa de la chilenidad a través de toda su historia. Incluida su acción libertadora del 11 de septiembre de 1973, que salvó al país de la inminente amenaza de un totalitarismo irreversible y de la dominación extranjera, culminando así una valiente resistencia civil y recogiendo un clamor popular abrumadoramente mayoritario".

 Se nota, además, que el representante de la Generación Pérdida, Andrés Allamand, el demagogo de Alberto Espina y a la actual directiva de ese partido le fue indiferente el inserto de la Cámara de Diputados de Agosto de 1973, que pusieron de sus propios bolsillos los militares en retiro, durante el último septiembre. En la nueva declaración de Principios omiten el artículo en que reconoce la labor libertadora de las Fuerzas Armadas y de Orden contra el intento totalitario del gobierno de Salvador Allende. Según “el estadista” Allamand, “la referencia al 11 de septiembre ni a hechos históricos determinados se justifica en una declaración de principios que apunta a la inspiración ideológica permanente de una colectividad. Por lo demás, de hacerlo, también habría que incluir nuestra condena a las graves violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar en el régimen militar. Será un tema a debatir, pero ha llegado el momento de zanjar el asunto de una vez". Ni siquiera la Izquierda reconoce las sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas por la Unidad Popular y por los grupos terroristas del Mir y el FPMR. Cuando habla de los ‘derechos humanos’ es desde la óptica de la Izquierda.


En democracia, desde 1990 se les está violando los derechos humanos a los militares, ya sea negándoles la Ley de Amnistía y los principios de Estado de Derecho como el pro reo, entre otros. Hay que recordar que la administración anterior, les negó hasta el indulto humanitario a los reos de Punta Peuco. ¡De qué derechos humanos está hablando el oportunista y abogado Allamand! ¡Y qué decir de la promesa en el Club Español sobre el Estado de Derecho y el debido proceso que hizo el ex militante de ese partido, Sebastián Piñera! Y así y todo, Renovación repite los clichés de la Izquierda sobre los derechos humanos. Tanto es así que antes que estuviese la actual directiva la anterior había manifestado “su rechazo frontal y total” a las violaciones a los derechos humanos. No se le pueden pedir al olmo, ya que RN cuenta en Instituto Nacional de los Derechos Humanos con el consejero y “experto” en esos mencionados derechos a Miguel Luis Amunátegui. De acuerdo con estatuto de INDH solamente los agentes del Estado cometen genocidio y exterminio, no los terroristas o revolucionarios leninistas maoístas marxistas. Se puede desprender, asimismo, que el libro del abogado Adolfo Paul Latorre Procesos sobre violación de Derechos Humanos les ha sido totalmente indiferente, sobre todo, a los abogados metidos en política de ese partido. Pues, como dice en una carta al lector : “…que evidencian de modo irrefragable cómo la mayoría de nuestros jueces, al juzgar a los miembros de las FF.AA. y Carabineros, han abusado de sus facultades jurisdiccionales y, sobre el texto explícito de la ley, han impuesto arbitrariamente su voluntad. En dicho libro aparece cómo nuestros soldados están siendo víctimas de ilegalidades e injusticias a través de sentencias pronunciadas por magistrados que aplican torcidamente la ley. El odio sembrado con fecundidad en nuestro Chile desde fines de los años 60 y comienzos de los 70 ha relegado al olvido el hecho histórico indesmentible de que nuestras FF.AA. y de Orden, por esencia garantes del orden institucional, el 11 de septiembre de 1973 se vieron en el deber ineludible de asumir el gobierno (que a la sazón era un desgobierno), con el solo propósito de evitar una guerra civil, restaurar la democracia y el orden político y social quebrantados, lo que cumplieron”.


 Hay que recordar que el actual senador Allamand durante la Unidad Popular se cambió del elitista colegio de Saint George al Liceo José Victorino Lastarria de la comuna de Providencia, con el loable propósito de hacer su aporte en derrocar el gobierno de Salvador Allende, como lo cuenta en el libro novelado No virar a la Izquierda.

 Entre paréntesis. En la semana en que Europa celebraba la caída del Muro de Berlín el canal 13, específicamente el día martes hace un pequeño reportaje sobre los militares de Punta Peuco, en que el periodista repite el guion de la Izquierda: “Miguel Krassnoff heredó el anticomunismo de su madre”. ¡Qué manera de burlarse de los millones de víctimas del comunismo!

 Ambos partidos le dan importancia a los consumidores y emprendedores. El partido de Allamand y Espina aprobaron la Reforma Tributaria. En la nueva declaración de Renovación Nacional salen en defensa de los consumidores, de la familia (no obstante, haber apoyado el Acuerdo de Vida en Familia), contra los monopolios y oligopolios. Sin embargo, cuando fueron gobierno no hicieron nada para cambiarlos ni los oligopolios privados como los monopolios estatales como Enap. Les interesan esas cosas, mas no la defensa de una sociedad libre. Y esto último significa denunciar su contraparte tanto ayer como hoy, esto es, el totalitarismo de la Unidad Popular como de la Nueva Mayoría.

  Lo que brilla por su ausencia en los partidos de derecha, incluyendo a los llamados liberales desde 1990 hasta ahora es la defensa del Estado de Derecho. Si no defienden esto último con referentes a los militares, simplemente, se convierten cómplices activos y pasivos de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas en democracia contra una minoría que no puede defenderse. Después de todo, colaboraron con la creación de ‘jueces de derechos humanos’, aunque esa figura no existe, se han callado con la figura del ‘secuestro permanente’, y, por último, cuando un juez ha condenado a los militares por crímenes de lesa humanidad o un político de Izquierda ha hablado de ello, han preferido el silencio antes de rebatirlo, a sabiendas, que ese delito no es retroactivo.

 Tanto el liberal argentino Alberto Benegas Lynch como el conservador chileno, el historiador chileno, Gonzalo Rojas declaran basándose en el Acuerdo de la Cámara de Diputados de 1973, el derecho a rebelión, cuando un gobierno se sale de la ley y la Constitución. Igualmente, tanto José Piñera en su libro Una Casa Divida como Julio Bazán Álvarez en Lo Derrotó el Pueblo citan la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos. Se nota a que los militantes de Renovación Nacional no les intereso el libro que publicó el hermano del ex presidente Piñera.

 Por una parte, el ex ministro del Trabajo de Pinochet cita la siguiente parte de la Declaración: “Cuando una larga sucesión de abusos y usurpaciones, todos ellos encaminados de manera invariable hacia el mismo objetivo, revelan la intención de someter al pueblo al absoluto despotismo, es su derecho, es su deber, derrocar a tal gobierno y nombrar nuevos guardianes de su futura seguridad”. Por otra parte, Bazán Álvarez cita esta parte: “…el objetivo de todo gobierno es la garantía de los derechos del hombre; que todo gobierno debe obtener sus derechos con el consentimiento de los gobernados; que si un gobierno deja de garantizar estos derechos, el deber del pueblo estriba en modificarlo o abolirlo”. (Por cierto, cuando habla de ‘derechos’ se refieren a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, no a los “derechos sociales”).

 Desde 1990 el partido de Renovación Nacional se ha dedicado a desmantelar la institucionalidad que dejaron los militares para evitar el totalitarismo, entre otras cosas. Y así acabar la larga ‘transición a la democracia’, desde la óptica de la izquierda. Para hacer el suicidio más rápido, piensan ponerle fin al sistema binominal electoral. En realidad, ¿Alguien recuerda algo que haya hecho bien? Si hubiesen defendido el Estado de Derecho, no hubieran desaforado a su diputado y ex militar Rosauro Martínez.

  Lo mejor para la Derecha, no Centro Derecha, puesto que el llamado ‘centro’ siempre se inclina a la Izquierda, es que el partido de Renovación Nacional desparezca. Tanta cobardía moral y intelectual no tiene nombre. Es mejor enfrentarse al mal que optar por el mal menor. Así los políticos apaciguadores darán paso a nuevos actores de Derecha que sepan hacer lo que no hicieron en estos 24 años.